PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left

Historias

Me dejaron sobre el escenario y el público estalló en aplausos

H

 

Su ficción les ha engañado a todos

Guiem Alba

22 Marzo 2015 06:00

El público se ha puesto en pie para aplaudir mi gran actuación, pero nadie en el teatro sabe que mi dolor no es parte de la obra. Y yo aquí, en los brazos de quien creía el amor de mi vida, sin poder mover un solo músculo.

Ayer me sorprendió que Lucía no quisiera ensayar la noche antes de la última función de nuestra carrera, tan perfeccionista como es ella.

Ahora que todo se termina, entiendo por qué prefirió que hiciéramos el amor, y también por qué me lo hizo con la mayor pasión que le he notado jamás. Se estaba despidiendo de mí.

Pero, mientras suenan los aplausos y los vítores, aún hay algo que no entiendo: ¿Por qué lo ha hecho?

Recapitulemos.


La perfección nunca llega, pero Lucía siempre estuvo obsesionada con alcanzarla



Mi historia con Lucía es la historia de dos adictos al trabajo que hacen el amor a escondidas en horas de oficina. Solo que nosotros nos buscábamos por los camerinos en el entreacto y nos encerrábamos en la sala de atrezzo.

Nos conocimos hace diez años en una pequeña compañía de teatro, cuando aún éramos actores amateur. Entonces teníamos tiempo para hacer las cosas que hacen los otros novios, pero con el tiempo eso fue cambiando.



La locura empezó cuando dejamos la compañía donde nos conocimos para crear nuestro propio espectáculo, sin tener ni idea de que al cabo de un año estaríamos ganando dinero con ello.

Nosotros dos éramos los únicos personajes de la obra, una performance muda donde nuestros cuerpos se acompasaban en una narración corporal. Era un número musical de una hora y media, especialmente complicado y en constante innovación.

El nivel de exigencia que nos autoimpusimos significaba ensayar día tras día para alcanzar un dominio total de nuestros cuerpos. La perfección nunca llega, pero Lucía siempre estuvo obsesionada con alcanzarla.


Se me pasó por la cabeza la absurda idea de si Lucía alguna vez me había sido infiel




Con el tiempo me cansé. Me cansé de que los fracasos sobre el escenario fueran discusiones de pareja, y también de que la presión ya no dejara tiempo ni para algo de sexo fugaz en el entreacto. Le dije a Lucía que quería seguir con ella toda la vida, pero quería cortar con el teatro.

Aquel día tuvimos la mayor discusión de nuestra relación y fue la única vez en que pensé que lo nuestro se podía terminar.

Le hice ver que una sola pasión no es suficiente para llenar toda una vida. Le recordé que siempre quisimos viajar por todo el mundo y nunca pudimos hacerlo por culpa del trabajo; ni siquiera cuando viajábamos para estrenar una obra teníamos tiempo de visitar la ciudad.

Lucía terminó por darme la razón. Yo prometí que, cuando dejáramos el teatro, no pararíamos nunca de viajar.

Así pues, marcamos la fecha de la última función. Queríamos empezar a viajar por Latinoamérica, así que elegimos el estreno en Ciudad de México para poner fin a nuestra carrera como actores.

Y México es el lugar que inscribirán en mi lápida.



Cuando llegamos a México, hace cosa de una semana, Lucía me animó a que saliera a ver la ciudad mientras ella ensayaba en el hotel. Me extrañó que quisiera ensayar sola, y se me pasó por la cabeza la pregunta absurda de si alguna vez me habría sido infiel.

Abandoné la idea y me concentré en la parte feliz: en unos días ya no tendría que preocuparme por la presión y podría dedicarme a explorar los rincones del mundo que nunca llegué a conocer.


Ahora entiendo por qué aquel día quiso ensayar sola. Ahora entiendo por quién me ha dejado.




Pero a medida que se acercaba la última función, Lucía estaba cada vez más nerviosa. Su perfeccionismo se había multiplicado para la ocasión, así que decidí quedarme a ensayar con ella para calmarla. Ya habría tiempo para viajes, pensé.

Los ensayos fueron bien, y tuvimos tiempo incluso de añadir un detalle al final de la obra, a modo de homenaje a una historia de amor y teatro: con el último golpe musical, escucharíamos los aplausos del público fundidos en un beso largo.

Está claro que yo no sospechaba nada.



Hace exactamente una hora y treintaitrés minutos que ha empezado la última función; hace exactamente tres minutos y cuarenta segundos que ha terminado, y el público sigue aplaudiendo. No aplauden el beso, porque no ha habido ningún beso.

Lucía ha conseguido por fin su actuación perfecta. Tanto, que me ha engañado incluso a mí. Cuando me he acercado a darle el beso, Lucía ha sacado una pequeña daga del liguero y me la ha clavado en el corazón.


Esta es la primera gran actuación de su nueva vida



Ahora entiendo por qué aquel día decidió ensayar sola.

Quise dejar el teatro, y le hice elegir entre el teatro o nuestra relación. No me importó saber que nuestro amor y el teatro eran inseparables; que nuestra obra siempre fue cosa de dos y que le llevaría años perfeccionar la técnica con otra persona.

Ahora entiendo por quién me ha dejado.

Lucía no se ha despedido de su pasión, solo se ha despedido de mí. Mi asesinato la convierte en una criminal, y una criminal que viaja es una fugitiva, y eso es lo que va a hacer Lucía a partir de ahora: va a seguir actuando, solo que su nuevo escenario es el mundo entero.

Esta es la primera gran actuación de su nueva vida. Ha sido perfecta, porque yo ya estoy muerto y el público aún no ha parado de aplaudir.

share