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Historias

La decepción del lunes: 6 situaciones que pueden arruinarte el fin de semana

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¿Tu fin de semana no moló tanto como preveías? Tranquilo, no eres el único

Tomás Fullola

09 Junio 2014 13:21

Con el fin de semana pasa como con tantas cosas de la vida: lo más dulce es la anticipación. Ese momento del viernes en el que hueles el final de las clases, o miras el ingrato reloj de la oficina esperando a que pasen los minutos para poder salir a la calle y dejarlo todo atrás. La perspectiva de tener dos días para ti que te permitan hacer todo lo que nos has podido durante la semana. Da igual si lo tuyo es dormir como un ceporro, hacer planchado extremo, irte de excursión a la montaña o salir a reventar los bares. La idea es que durante dos días el mundo es tuyo. Esa es la sensación que tienes cuando pisas la acera después del curro y miras al mundo con ojos de estrella de musical. La vida te sonríe durante unos minutos. Pero después de saborear esos breves momentos previos de iluminación, llega la cruda realidad, y te das cuenta de que viene con ganas de fastidiarte los dos días que están por venir con alguna de estas jugarretas.

1. Vida doméstica

Si durante la semana puedes darte el lujo de que tu hogar sea una leonera vietnamita, y de tener la nevera llena de telarañas ancestrales, porque tienes la excusa de que estás trabajando, la cosa cambia cuando de pronto te conceden dos días de tregua. Entonces te das cuenta de que es indecente convivir con el musgo que habita en la cerámica del lavabo y de que comer mostaza es lo contrario a una dieta equilibrada. Por añadidura, tal vez tengas que enfrentarte al odio acumulado de la gente con la que convivas, que te dirán de todo menos guapo por ser así de vago.

2. Discusiones de pareja

La pachorra con la que te has tomado el trabajo doméstico tiene un equivalente directo en el poco caso que le has hecho a tu media langosta. Así que, si tu relación te importa un poco vas a tener que pasar con ella lo que los terapeutas llaman “tiempo de calidad”. O sea, hacer algún plan romántico, una cena con velas, un paseo por la playa, o unas partidas a la Wii. Lo que puede empezar como un buen plan puede acabar como el rosario de la Aurora cuando te des cuenta de pronto que el hecho de no hacer ni caso a tu pareja de lunes a viernes no tiene nada que ver con estar ocupada, sino con que en realidad no la soportas.

3. El calor del amor en un bar

Pongamos que eres soltero y tu única preocupación del fin de semana es salir a ligar con amigotes. El sábado por la noche te vistes, te perfumas, y llenas el grupo de whatsapp de bromas guarras. Las perspectivas siempre están por las nubes, y te visualizas a ti mismo más o menos así:

Aunque en el fondo sabes que como mucho la cosa irá por aquí:

Eso si no pasa lo de todos los sábados. Es decir, la noche se alarga, vas dando tumbos de un lado a otro y vuelves a casa más sólo que la una, con la cartera desplumada y sin apenas dignidad.

4. La resaca asesina

Consecuencia directa de una noche de fiesta improductiva es el resacón que te desborda en cuanto abres los ojos a la mañana siguiente. Esa sensación de haber dejado que un ejército de vikingos locos te pisoteen el hígado. De que tu cerebro ha sido sustituido en mitad de la noche por una tostadora y tu sangre por ácido de baterías.

Pero eso no es lo peor: lo peor es la sensación de culpa extrema por haberte gastado un pastizal que no tienes y la perspectiva de no haber disfrutado demasiado. Y sobre todo ir recordando a lo largo del día todas las aventuras idiotas y vergonzantes en las que te embarcaste después del cuarto chupito.

5. Comida familiar

Por si todo esto fuera poco, a la tradicional depresión dominguera se le suele unir la paella que tan amorosamente tus padres han preparado para ti, y que te espera en su casa en el momento en que consigas quitarte las legañas de mamut. A tu llegada arrecia un torrente de preguntas incómodas, todas esas preguntas que tú no te atreves a hacerte a ti mismo, y que caerán en tromba sobre tu ánimo maltratado. Cuando tu reacción no sea la esperada, porque apenas puedes hablar con coherencia, verás crecer la decepción en los ojos de tus padres en tiempo real. Menudo espectáculo.

6. Procrastinando a tope

La naturaleza de los fines de semana es tan perversa que incluso en el caso de que ninguno de los supuestos anteriores te resulte familiar, seguramente acabes con la sensación de que te han vendido una moto que no corre tanto como esperabas. Y es que el fin de semana es terreno abonado para la procrastinación más desvergonzada. El viernes estás convencido de que este finde sí, que te pondrás a escribir esa novela, o a construir esa casita para pájaros, o a terminar tu colección de sellos. Pero antes vas a mirar el capítulo de esa serie que tanto te gusta, y unos cuantos links de videos que te han pasado los colegas. Lo siguiente que sabes es que no te has quitado el pijama en dos días. Y que otra vez es lunes.

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