Historias

Un cuarto propio: el cálido erotismo de la soledad

La fotógrafa Bettina Rheims encierra a sus víctimas en habitaciones vacías, allí esas mujeres pueden ser libres, soñar o incluso tocarse cuando les plazca

El papel pintado huele a humedad.

La humedad es el resultado de los alientos femeninos que descansan en este cuarto.

El aliento de una boca, el aliento de unos ojos, el aliento de una feminidad, y también de un sexo abierto.

Este es el cuarto propio de las soñadoras: cuatro paredes en las que lamerse, en las que pensarse, en las que olvidar la soledad.

Hablaba Virginia Woolf de que las mujeres necesitan su cuarto propio.

Y con su objetivo Bettina Rheims lo dibujó y lo inmortalizó.

Las mujeres necesitan estar solas.

Las mujeres necesitan estar desnudas.

Las mujeres necesitan un mar de flores, un papel pintado, una humedad íntima, una boca.

Así se abren.

Así se cierran.

Con las paredes mirando de reojo, con los colchones calientes y latiendo.

Una cuarto propio: une chambre close

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