PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left

Historias

Esta es la verdadera razón por la que cotilleas

H

 

Una información muy jugosa

Alba Muñoz

29 Octubre 2014 06:00

Los cotilleos son como un pastel enorme de chocolate, y los chismosos como alegres niños que se zampan jugosos pedazos de tarta rodeados de gente a dieta. Solemos pensar que quienes aprovechan la pausa del trabajo o un rincón para comentar la jugada son como hienas humanas, aunque por dentro deseamos saber de qué hablan, probar un poco de esa tarta…

Primer dato: todos cotilleamos, pero solemos despreciar esta actividad social.

Segundo dato: hay dos tipos de cotilleos o chismes, los positivos y los negativos. Los primeros son del tipo: “¿Te has enterado? Han visto a Carla y a Javier juntos”. “¿Quién te lo ha dicho?”, “Julia, ¿pero qué mas da? ¡Es muy fuerte!”.

Los segundos, aquellos que se hacen para malmeter, para perjudicar a aquella persona a quien tenemos ojeriza, se desarrollarían de una forma similar a esta: “No se lo digas a nadie, pero ayer hubo bronca después de la reunión”, “¿qué pasó?”, “el jefe pilló por banda a los de finanzas, se ensañó con Adela”, “se lo merece, ya era hora de que le cantaran las cuarenta”.

En contra de lo que muchos piensan, los chismes y las insinuaciones no son rumores sin valor, tóxicos, malintencionados o una simple excusa para perder el tiempo. Resulta que son el mejor sistema para obtener valiosa información social que después utilizamos para mejorar nuestra autoestima y posición en la vida y en el trabajo. Vamos, que son una estrategia de ocho quilates. Cuando cotilleamos, de quien en realidad hablamos es de nosotros mismos.

Esto es lo que han descubierto los autores de un estudio llevado a cabo por investigadores de la universidad holandesa de Groningen. Elena Martinescu, directora del mismo, explica que los cotilleos nos sirven para ubicarnos dentro de las jerarquías sociales no oficiales. Es decir, para saber si caemos bien. Lo novedoso es que este tipo de chismes nos ayudan a mejorar nuestra posición: “Las personas necesitan información evaluativa sobre los demás para evaluarse a sí mismos”, explicó a Pacific Standard.

Marinescu llevó a cabo un estudio con 178 estudiantes universitarios. Les pidió que escribieran algún incidente que se hubiera producido en el grupo, ya fuese bueno o malo, y después se intercambiaron. Los resultados se pueden comprender fácilmente con las frases que escribieron los propios alumnos: “La información recibida me hizo pensar que puedo aprender mucho de X”, “Me hizo sentir que lo estoy haciendo bien en comparación con X” o “Me hizo sentir que debo proteger mi imagen en el grupo”.

De modo que los destinatarios del chisme aprovechan la información positiva para mejorar ellos mismos y tener mejor posición social. Por otro lado, la información negativa se utiliza para promoverse y perfeccionar la competitividad con los demás y se traduce en sentimientos de orgullo.

Pero aún hay más: "Contrariamente a lo que se percibe, los chismes más negativos no tienen la intención dañar a la persona protagonista, sino que se utilizan para complacer al chismoso y al receptor". O sea, para hacer amigos.

Otras veces el comentario negativo suscita reacciones de miedo y actitudes de autoprotección: las personas interesadas en mantener una reputación se cuidan de acercarse mucho a quienes dan esa información. Es decir, funcionan como una útil advertencia para supervivencia social. Aunque el temor sea una sensación poco agradable, según estos investigadores puede actuar como motivador. Llegamos así a la conclusión de que la información es un recurso siempre valioso, en todas sus formas y medios.

Corre la voz. 

share