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Historias

Pensé que me iba de erasmus y resultó que iba a la guerra

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Un recorrido por la vida del erasmus con las viñetas de Cosas que nunca olvidaremos del erasmus, de Amaia Arrazola y Raquel Piñeiro.

Félix Bahía

20 Febrero 2015 10:36

Yo no me trago toda esa coña de que el erasmus es un puto vago que solo piensa en follar y salir de fiesta sin frenos. Salir a estudiar fuera puede ser tan duro como irse a la guerra, tanto a nivel físico como mental. En mi caso, el erasmus fue el rito de paso a la edad adulta, y me cambió la vida.

La primera batalla tuve que lucharla meses antes de coger el avión. Mi enemigo: la burocracia. La puta burocracia.

Rellena esta instancia, redacta la carta de motivación, tramita el visado, ojo con el seguro médico... Dicen que todo es oficial y necesario, pero yo creo que lo que quieren es sondear lo vago que puedes llegar a ser.

Nunca olvidaré a los compañeros que cayeron en esta primera batalla.

Sobreviví a la burocracia y me dieron la beca. Había pedido Milán y me tocó Roma, pero bueno, el caso era aprender italiano. Al llegar a la residencia de estudiantes, pasó lo que temía: no paraba de oír español por todas partes.

Oí que había unos cuantos organizando una salida nocturna. Me apetecía salir, y lo más cómodo habría sido unirme a su plan. Pero no lo hice: seguía empeñado en hablar italiano, y para eso tenía que pedir un limoncello, perder la vergüenza y soltar la lengua.

A riesgo de que me etiquetaran como el tío raro, salí solo. Creo que mi intento de hablar italiano aquella noche fue un desastre... tampoco recordaba mucho en la mañana siguiente, pero la mitad de gente en la residencia ya me saludaba por los pasillos.

Al parecer, acabé emborrachándome con los españoles que quería evitar, y me lo había pasado bastante bien.



No volví a huir de mis compañeros de viaje, aunque hablaran español. Si habíamos congeniado tan bien con una sola fiesta, la cosa prometía.

Además, si quieres aprobar sin renunciar a pasártelo bien, lo mejor siempre es colaborar con los que tienen el mismo objetivo que tú. Y, si puedes leer apuntes en tu idioma, mejor.

Franceses, polacos, checos o españoles: todos estamos en el mismo saco, sobreviviendo en un país extranjero a base de comidas nunca antes conocidas. Al principio, quieres aprender italiano. Luego, aceptas que el inglés es la opción más efectiva para sobrevivir.





La guerra del erasmus se terminó demasiado pronto. Con el tiempo, me había acostumbrado a esa dinámica suicida de viajar sin parar, salir de fiesta y ser capaz de ir a clase.

Pero el erasmus es algo más que ponerse hasta el culo de todo: sobre todo, aprendes a ser independiente mientras desarrollas un sentimiento de hermandad brutal. Y eso es lo que recordarás siempre.

Viajé a Roma lleno de inseguridades y miedos. Pensaba que estaría perdidísimo pero, en realidad, acabé encontrándome. Cuando llegó la hora de coger el avión de vuelta, mi cabeza estaba totalmente revolucionada y las dudas eran muy distintas:

¿De verdad soy la misma persona que antes?

¿Por qué siento que podría ir a cualquier parte del mundo?

Si he perdido el miedo, ¿por qué estoy llorando?





Cuando sobreviví la resaca, descubrí que había aprendido más que en toda mi vida







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