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Historias

El coraje de ser una bebé abandonada en una universidad y graduarte en ella

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Jillian fue abandonada nada más nacer en la Universidad Estatal de San Francisco. 31 años después se venga de las adversidades gradúandose en el mismo centro.

PlayGround

31 Mayo 2016 19:47

Patrick Coughlan estaba cargando la colada en la secadora cuando se dio cuenta de que no estaba solo. Dentro de una caja, un recién nacido lloraba.

Coughlan corrió en busca de ayuda. La suerte quiso que en las inmediaciones se encontrara Esther Raiger, una estudiante de enfermería de 21 años. Ella salvó la vida del bebé, que aún estaba cubierto del vérnix caseoso del que nacen recubiertos.

Esther comprobó su circulación, se aseguró de que las vías respiratorias no estuvieran obstruidas y se alertó ante el aspecto amoratado que presentaba su piel. Estaba en riesgo de sufrir hipotermia y desarrollar una infección debido a la forma en la que el cordón umbilical había sido cortado.

– ¡Busca ayuda! ¡Llama al 911!

Y mientras los parmédicos llegaban, fue ella quien abrazó el cuerpo del recién nacido contra su pecho para que entrara en calor.

Todo sucedió un día de noviembre de 1984, la mañana en la que Jillian nació en el campus de la Universidad Estatal de San Francisco.

Después de su accidentada venida al mundo, se recuperó en el hospital y fue adoptada por Helene y Sam Sobol, un matrimonio que ya había adoptado a otro niño y que se convirtió en su nueva familia. Aunque ese no es el final feliz de la historia.

Aquel bebé tiene ahora 31 años y acaba de graduarse en la misma universidad en la que fue abandonada al nacer. Algo que, ni siquiera fue buscado sino que se trata de una de esas casualidades de la vida que te hacen plantearte si no existirá realmente el destino.


"La casualidad hizo que una estudiante de enfermería andara cerca"



Jillian tenía muy claro que quería estudiar turismo y fue aquella carrera la que la llevó hasta el lugar en el que, en los años ochenta, otra estudiante se había quedado embarazada de ella y la había abandonado entre las lavadoras.

Con su graduación, para Jillian se cerraba el circulo. Se perpetuaba su victoria ante la situación adversa en la que empezó la vida para ella.

El edificio de la residencia de estudiantes en el que fue encontrada envuelta en toallas ha sido demolido desde entonces y Patrick, su primer auxiliador, murió hace un par de años pero, en la ceremonia, estuvo sentada, como otra madre más, Esther Raiger.

"Aquella enfermera ha acudido a su graduación 31 años después como una madre más"

En la adolescencia, en cuanto a Jillian se enteró de las condiciones en las que se había producido su nacimiento, le escribió una carta de agradecimiento a Esther. Todos los días, esperaba ilusionada al cartero por si traía respuesta, como acabó sucediendo. El vínculo entre ellas era más fuerte que el de la sangre  porque, al fin y al cabo, ella había sido la que había acabado regalándole la vida.

Jillian también ha conocido a su padre biológico y ha llegado a intercambiar mensajes de Facebook con la mujer que la llevó en su útero durante 9 meses, sin embargo, su presencia en esta historia es prácticamente irrelevante. Porque esta es una historia sobre cómo la familia no tiene nada que ver con las personas a las que te ata el ADN, sino que es un vínculo que se crea solo con el amor que uno demuestra.

Vía The Washington Post

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