Historias

La vida secreta del mejor falsificador de arte de América

Porque, en realidad, Mark Landis nunca quiso ser pintor

Durante más de 30 años, nadie se dio cuenta del timo. Alrededor de 50 museos de EEUU exhibían un centenar de pinturas originales de Picasso, Magritte o el mismo Walt Disney, entre otros. Pero, en realidad, todos esos cuadros los pintó la misma persona: Mark Landis.

El documental Art and Craft, de estreno esta semana, recupera la historia de Landis, probablemente el mejor falsificador de arte de la historia.

Landis ha conseguido engañar durante años a los esnobs del mundillo artístico gracias a una habilidad única para reproducir todo tipo de estilos, desde el realismo hasta el cubismo.

Pero, si de verdad es tan buen pintor, ¿por qué en lugar de ganarse el respeto como artista decidió ser un farsante?

Landis, el pintor

Una gran memoria visual y una rapidez asombrosa para pintar son las virtudes que han permitido a Landis falsificar cualquier estilo pictórico que se ha cruzado en su camino.

De hecho, tiene una carpeta titulada 'Originales', porque sus plagios son tan perfectos que ni siquiera él sabe distinguirlos, a simple vista, de las obras que copió.

Y no, algunas de sus técnicas no son muy sofisticadas. "La parte trasera del cuadro es fácil, solo tienes que echarle café encima", explica mientras enseña el efecto gastado de la tela, "y los marcos que venden en la sección de arte del supermercado quedan de maravilla y hacen que parezca que vale una fortuna".

La estafa artística también es la única terapia para la enfermedad de Mark Landis

Picasso, antes de que Landis le copiara los cuadros, dijo aquello de que "los grandes artistas copian, pero los genios roban". Se refería a que los genios de la historia del arte han 'robado' la obra de sus referentes para crear su propia obra y convertirse en referentes.

¿Por qué Landis no siguió el ejemplo? La cuestión es que sus referentes no eran pintores, sino actores de cine.

Landis, el actor

Si Picasso hubiera sido actor, podría haber dicho algo así: "Los grandes actores te hacen olvidar que estás viendo una película, pero los genios te engañan fuera de la pantalla". Mark Landis es uno de esos genios.

Cuando se descubrieron sus timos, nadie acababa de entender por qué Landis no utilizaba sus habilidades como pintor para abrirse un camino artístico. No supieron ver que la pintura era su don innato, pero su vocación real y el motor de todas sus fechorías siempre fue la performance.

A nivel legal, la culpa de los timos de Landis la tienen las víctimas: los museos

"La necesidad es la madre de la invención pero, a veces, puede ser la madrastra del engaño", dice Landis, citando una de sus películas favoritas.

El falsificador va a los museos y adopta el papel de un pobre diablo que quiere donar la herencia artística de su familia. Los familiares fallecidos siempre son un buen pretexto: "Me acostumbré a decir que tenía una hermana muerta para evitar preguntas incómodas", dice.

Con los años, pulió la técnica del engaño con diferentes roles, alias y disfraces. Como el de Padre Arthur Scott, un sacerdote jesuíta entrañable. Landis es un timador, sí, pero también es un artista más completo de lo que nadie sospechaba.

Landis, al natural

"En el psiquiátrico le dijeron a mi madre que yo era brillante... pero también un poco travieso, de vez en cuando", confiesa.

Desde pequeño, Landis tiene diagnosticados trastornos esquizofrénicos y paranoides; también comportamiento caótico e impulsivo, sin olvidar los desórdenes de personalidad. Y, en parte, la estafa artística también es su única terapia.

"Me convertí en un adicto a ser filántropo, porque no era frecuente que la gente fuera tan amable conmigo", dice.

Su vocación real y el motor de todas sus fechorías siempre fue la performance

Landis es un timador pero, de momento, no es un delincuente. Nunca vendió ninguno de sus cuadros, y por eso no está encerrado por un fraude artístico. Nunca ha cometido delito alguno y, a nivel legal, la culpa de los timos la tienen los timados: los museos.

Los museos aceptaron todas sus donaciones de arte sin comprobar su autenticidad. ¿Por qué? ¡Porque eran gratis! Los museos que antepusieron el dinero al valor de las obras son los verdaderos culpables, por mucho que odien a Mark Landis. 

El mundo del arte ve a Landis como un simple timador. Pero, como ha pasado tantas veces en la historia, el mundo del arte no sabe reconocer a tiempo el verdadero talento de un artista.

El genio de la pintura que quiso ser actor

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