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Historias

Él era community manager y ella su fan; ahora están casados

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Llevar con gracia la cuenta de Twitter de una famosa librería hacía que las propuestas de matrimonio le llovieran, pero solo aceptó una

María Yuste

26 Julio 2016 17:26

Miranda Kerr anuncia que pasa definitivamente de los actores de Hollywood y que se casa con Evan Spiegel, creador de Snapchat. ¿Hacen falta más pruebas de que las nuevas estrellas del rock han de buscarse en el sector de las apps y las redes sociales?

Aunque ni siquiera falta crear un portal multimillonario para empezar a petarlo. Basta con ser un community manager con personalidad.

La historia de amor de Victoria y Jonathan O'Brien es una de esas en las que, en otro tiempo, habrían protagonizado un futbolista y una modelo pero que, en esta ocasión encarnan un community manager y una integrante de una compañía circense.


 

Todo se remonta a 2012. Jonathan trabajaba en una sucursal de la librería inglesa Waterstones, en pleno centro de Londres. Más concretamente, en la de la famosa calle Oxford. Allí, además de ordenar las estanterías y vender ejemplares de Crepúsculo, hacía de community manager en la cuenta de Twitter de la tienda.

Victoria era su lectora y admiradora, aunque no tenía ni la más remota idea de quién estaba detrás. Solo sabía que esperaba con ansia cada nuevo tweet.

A pesar de tratarse del Twitter de una empresa, el tono no era corporativo sino muy particular y divertido. A Jonathan le gustaba hacer bromas como, por ejemplo:

“DATO. Los guepardos pueden escribir a máquina más rápido que cualquier otro animal terrestre pero, desgraciadamente, sus historias suelen tener una historia floja y sentimientos infantiles”.

Tanto se reía Victoria con aquellos chistes de nerd que llegó a declararsele a ciegas:

“Estoy enamorada de quien quiera que sea que lleve la cuenta del Waterstones de la calle Oxford”.



Y él contestó:

“Los frikis de los libros no somos tan maravillosos”.

Victoria intentó seguir la conversación pero nunca volvió a obtener respuesta. Nunca lo hubiera imaginado pero su declaración de amor no era nada original. Las propuestas de matrimonio le llovían a Jonathan. Tanto que se vio obligado a preparar su propia batería de respuestas para esas ocasiones. A veces, simplemente, afirmaba tener novia para zanjar el asunto.

Jonathan ni siquiera se metía a mirar los perfiles de sus admiradoras porque le parecía poco profesional. Sin embargo, Victoria no se rindió y le provocó insinuando que se habían tomado una ginebra juntos en la editorial Bloomsbury.

Fue entonces cuando Jonathan le escribió desde su cuenta personal preguntándole de qué narices estaba hablando. Hablaron un poco, se siguieron y, cuando Victoria leyó en un tweet que a Jonathan le apetecían unos donuts, se presentó en la tienda con una caja.

Era la primera vez que se veían. Victoria hizo la cola como una clienta más y, cuando le llegó el turno, Jonathan le pregunto sin reconocerla: “¿En qué puedo ayudarte?”. Ella le dio los donuts y salió corriendo.

Tres días después, Jonathan le mandó un mensaje privado preguntándole si le apetecía salir con él a almorzar. Aunque la química fue tal que no comieron y se pasaron todo el tiempo hablando.

Tres años y medio después se han casado, ella ha dejado el circo y él se ha convertido en community manager a tiempo completo para una empresa de refrescos.

Vía The Guardian


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