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Historias

Esta científica ha calculado el dinero que pierdes por ser “distinto”

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Es decir, por no ser un varón blanco heterosexual

PlayGround

08 Marzo 2016 20:00

Ser distinto sale caro. Y por “distinto”, en este caso, debemos entender cualquier cosa que no sea un varón heterosexual.

Así lo ha descubierto Vivienne Ming, una neurocientífica especialista en Big Data que, durante tres años, ha calculado el coste de ser diferente. Es decir, cuánto más duro es necesario trabajar siendo mujer o un hombre gay para conseguir los mismos puestos de trabajo, las mismas condiciones y los mismos ascensos que un hombre blanco heterosexual.

La idea la tuvo siendo la jefa de científicos de Gild, una plataforma de reclutamiento de talento que busca promover la meritocracia en Silicon Valley.

Ming y su equipo empezaron por intentar descifrar las claves que convertían a alguien en un programador de éxito. Para ello recopilaron datos de páginas como Facebook, LinkedIn y Bitbucket, teniendo en cuenta hasta 55.000 variables, ya fueran las cosas que parecían motivar a la gente, que clase de trabajos conseguían y cuanto dinero ganaban.

Entonces, Ming utilizó estos datos para observar si las mejores compañías contrataban a los mejores candidatos en un sentido global, o solamente aquellos con las mejores calificaciones. También se fijó en las oportunidades para avanzar después de que alguien consiguiera un trabajo.

El siguiente paso fue utilizar toda esta información para intentar calcular lo que ella denomina como la “tasa por ser diferente”.


“Somos malos valorando a los demás, y cuanto más distintos sean a nosotros, peores somos en ese cálculo”


Para ello construyó modelos para medir cuán buenas podían ser las personas en trabajos que nunca habían conseguido. Esto le proporcionó el valor de la tasa en términos de coste de oportunidad, el correspondiente a las oportunidades de trabajo perdidas, los gastos en estudios complementarios o el extra de experiencia requerido para tener las mismas oportunidades que los hombres del grupo demográfico dominante.

Los resultados son demoledores.

Según los cálculos de Ming, ser, por ejemplo, un hombre homosexual en Inglaterra tiene un coste de 49.000 euros a lo largo de una vida. En la industria tecnológica de los Estados Unidos, ser mujer tiene un coste de entre 90.000 y 272.000 euros, mientras que para sus homólogas en zonas como Hong Kong o Singapur la “tasa” puede ascender hasta los 730.000 euros.

“Si eres diferente, tienes que ir a mejores universidades durante más tiempo y tienes que trabajar para mejores compañías para obtener las mismas promociones y la misma calidad de trabajo”, dice Ming a Quartz.

Ming sabe perfectamente lo que significa que te traten distinto. Es transgénero y no transicionó hasta los 30 años. Una de las diferencias que ha notado es, por ejemplo, en el número de preguntas que le hacen sus alumnos. Antes de su transición, solían hacerle muchas más que después de convertirse en mujer.

“Somos malos valorando a los demás, y cuanto más distintos sean a nosotros peores somos”, concluye.

[Vía Quartz]

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