Historias

La ciencia lo dice: dentro de ti no vives tú solo

Dentro de cada uno de nosotros hay otros individuos luchando por salir

Mamá y papá juntan sus genes. Entonces apareces tú, una combinación única, un individuo con una esencia propia al 100%. Con una sola voz.

Este es el relato que aparece en los libros de ciencias naturales y reproducción humana. Sin embargo, en los últimos meses la comunidad científica está mandando un mensaje más complejo y perturbador.

Nuestra composición interna se parece más a la novela de Robert Louis Stevenson, El Extraño Caso del Doctor Jeckyll y Mr. Hyde: dentro de nosotros viven otros individuos. Y aparecen de vez en cuando.

Las células de familiares directos, tanto de nacidos como no nacidos, podrían vivir en los cuerpos de muchas personas. Son células que luchan por controlarnos

Pero, ¿cómo se ha llegado a esta conclusión?

Paola Bressan y Peter Kramer, científicos de la Universidad de Padua, acaban de publicar el último estudio al respecto de esta teoría en la revista Perspectives in Psychological Science. Bressan y Kramer exponen que en nuestro cuerpo-mente no estamos completamente solos. Las células de familiares directos, tanto de los nacidos como los no nacidos, podrían vivir en los cuerpos de muchas personas.

Según estos científicos, estas células de otros humanos tienen poder para influir en el comportamiento. Luchan por controlarnos. 

Hasta la fecha, la comunidad científica ha encontrado rastro genético ajeno en los siguientes casos: gemelos idénticos, mellizos, trillizos, y entre madres e hijos.

Alrededor de un 8% de los gemelos no idénticos y un 21% de los trillizos poseen dos tipos de grupos sanguíneos: uno producido por las propias células y otro que se genera a partir de la absorción de células de su hermano o hermana. Como si sus cuerpos se fusionaran en uno.

Hasta la fecha, la comunidad científica ha encontrado rastro genético ajeno en gemelos idénticos, mellizos, trillizos y madres e hijos

Recientemente, un equipo de patólogos holandeses descubrió que en los cuerpos de 26 madres fallecidas en el parto —todas ellas habían gestado bebés varones— había cromosomas Y. Es decir, sus cuerpos contenían células masculinas de sus hijos.

Y no estaban en el útero, sino en el cerebro, en el corazón, en el riñón.

Un equipo de patólogos holandeses descubrió que en los cuerpos de 26 mujeres fallecidos en el parto había cromosomas Y. Sus cuerpos contenían células masculinas de sus hijos

Además, las células fetales que quedan en el cuerpo de la madre, y que aparecen desde las primeras semanas de gestación, no son pasivas, sino que pasan a formar parte de tejidos de órganos como el cerebro.

Es decir, tendrían capacidad para modificar su conducta.

Para Paola Bressan y Peter Kramer, el hecho de que existan tejidos genéticos de otras personas en nuestro cerebro puede tener graves consecuencias. ¿La razón? Un tejido extraño puede alterar la función o localización de los hemisferios izquierdo y derecho, y así producir un pequeño caos en el comportamiento y la identidad.

Según los científicos, tanto psicólogos como psiquiatras deberían tener en cuenta que los humanos podemos contener a otros humanos a la hora de diagnosticar enfermedades como esquizofrenia, trastornos como la bipolaridad o el síndrome de personalidad múltiple.

Quizá, tener voces internas distintas a la propia es algo más natural de lo que hasta ahora se pensaba.

Bressan y Kramer indican que, aunque estamos en un punto temprano de la investigación en este campo, no es necesario tener un gemelo o un mellizo para albergar células de otro humano:

Es el caso de muchos fetos. Tras iniciar su andadura en forma de dos embriones, se convirtien en uno durante su desarrollo en el útero. Es decir, la carga genética de dos embriones acaba depositándose en un solo cuerpo.

Parece una persona, pero en realidad es dos personas.

Con este estudio se confirma que el comportamiento y la personalidad humanas se expanden con ramificaciones cada vez más misteriosas.

Un tejido extraño puede alterar la función de los hemisferios cerebrales y producir un pequeño caos en el comportamiento y la identidad

El rastro y la presencia de otros pueden explicarnos. Puede que no seamos uno, sino muchos.

Si alguna vez lo sospechaste, no debes preocuparte, no has enloquecido.

Puede que dentro de ti vivan otros humanos, y que tu identidad sea, en realidad, un coro.

Yo soy inmenso, contengo multitudes (Walt Whitman)

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