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Historias

El chico que (re)encontró a su padre en la Xbox

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No había jugado a aquel juego en 10 años... Pero aquel día decidió volver a hacerlo

Natxo Medina

25 Julio 2014 17:30

“El espíritu en la máquina” fue la expresión que utilizó el filósofo Gilbert Ryle para discutir la separación cartesiana entre alma y cuerpo: Ryle afirmaba que esa separación no existía, que lo mental y lo físico son en realidad la misma cosa. Pero más allá de sus tesis, quedémonos sólo con las palabras, pues aún hoy tienen un halo poético muy poderoso y nos remiten a esa noción de máquina con alma. Desde Ghost in The Shell a Matrix, pasando por películas de terror como Pulse o The Ring, nuestras ficciones contemporáneas fantasean una y otra vez con la relación entre el mundo espiritual, el mundo real y los entornos digitales. La historia que contaremos a continuación tiene bastante de esto, pero es real y no da tanto miedo.

En un reciente video de Youtube del canal PBS Game/Show se preguntaban: “¿Puede un videojuego ser una experiencia espiritual?”. Venía a colación de un estudio sobre usuarios del juego “World of Warcraft”, muchos de los cuales se declaraban no religiosos, pero admitían haber tenido múltiples experiencias espirituales jugando. En aquel hilo de comentarios, un usuario contaba la historia de su padre. Allí decía que cuando tenía sólo...

“cuatro años, mi padre compró una Xbox, ya sabéis, la primera, ese ladrillo de 2001. Nos lo pasamos muy muy muy bien jugando juntos a todo tipo de juegos... Hasta que murió, cuando tenía seis años”.

Durante años, el chico no pudo tocar la consola. Había demasiados recuerdos felices asociados a ese viejo cacharro de color negro. Pero entonces, cuando cumplió los 16 decidió ponerse a jugar de nuevo. Y al poner en marcha de nuevo su copia del Rally Sports Challenge, un juego de coches, encontró un fantasma. No un niño pálido o una aparición a lo Cuarto Milenio, sino el recuerdo digital del coche que solía conducir su padre. Un coche que siempre corría más rápido que él. Imposible de ganar.

¿Y qué es un coche fantasma? En los juegos de conducción a contrarreloj suele ser la grabación de la carrera más rápida en un circuito. Si quieres conquistar la primera posición, tienes que batir a ese coche y entonces será tu carrera la que quede registrada. El chico quería ganar, necesitaba ganar. “Así que jugué y jugué y jugué, hasta que casi pude ganar al fantasma. Hasta que un día le adelanté, le dejé atrás y... frené antes de llegar a la meta. Sólo para asegurarme de que no se borraba”.

Sólo para estar seguro de que cuando quisiera podría volver a echar unas carreras con su padre. Sólo para saber que su recuerdo nunca iba a morir mientras esa sensación permaneciese. Y que al fin sabía que era capaz de ganarle.

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