Historias

Esta chica es la razón por la que millones de personas aman la ciencia

Elise Andrew es la responsable del fenómeno en Facebook 'I Fucking Love Science'

Elise Andrew estaba estudiando el último curso de Biología en la Universidad de Sheffield (Inglaterra) cuando un amigo le pidió que dejara de postear enlaces sobre ciencia en su perfil de Facebook. “Me aburres”, dijo. Ella le hizo caso a medias: en vez de compartirlos en su página personal, decidió crear una página especial para ello. “Era un capullo pero le estoy agradecida”, decía Andrew a The Guardian sobre su amigo hace unos meses. No es para menos: dos años después de su creación, la página tiene más de 17 millones de seguidores.

Andrew es la responsable de I Fucking Love Science, probablemente la página sobre ciencia más popular de Facebook. Tiene 25 años y creó la página sin más propósito que compartir sus historias sobre ciencia favoritas. “Simplemente comparto cosas que me parecen increíbles. Y parece que la gente está de acuerdo conmigo”, decía en una entrevista a Science World preguntada por el secreto de su éxito.

Ciencia para todos

La cita de Isaac Asimov que encabeza su página de Facebook resume su espíritu a la perfección: La frase más excitante que puede oírse en la ciencia, aquella que anuncia nuevos descubrimientos, no es '¡Eureka!', sino 'Esto es divertido'.

Una de las motivaciones de Andrew al empezar la página era conseguir lo que la escuela no había logrado con ella: que la ciencia resultara atractiva. “A mí la ciencia no se me enseñó de la forma adecuada. Me interesó de verdad en la Universidad. Recuerdo una conferencia en mi primer día de Biología sobre cómo cambiaron las poblaciones y las especies. Me quedé sentada pensando: ¿por qué no sabe esto todo el mundo?, decía a The Guardian.

Ella describe la página como “el interior de mi cerebro”. Esto se traduce en un compendio en el que caben desde las curiosidades sobre criaturas exóticas a los últimos avances científicos pasando por los mensajes de concienciación medioambiental. La presentación es igualmente diversa: desde ilustraciones o fotografías con un mensaje superpuesto al estilo meme a recopilaciones de artículos extensos pasando por enlaces a vídeos didácticos. Es ciencia pop pensada para apelar a la curiosidad científica que todos llevamos dentro. Su manera de comunicar —en píldoras, con un lenguaje plano y un tono desenfadado—,hace que la ciencia sea digestible y divertida para cualquiera. Este espíritu inclusivo es, probablemente, una de las grandes claves de su éxito.

“Solo soy una comisaria. Le digo a la gente lo que creo que mola”, decía Andrew a Mashable. Pero un simple vistazo a su muro basta para comprobar que su manera de comunicar conecta con la audiencia. La mayoría de sus posts acumulan decenas de miles de likes e incontables compartidos. También le reportan una media de entre 10.000 y 15.000 nuevos seguidores a diario.

Una chica y un nombre

El nombre de la página es otro de los secretos de su poder de atracción. Lo sacó de un meme que corría por Internet y se ha convertido en su principal marca. Es su manera de decir al mundo que deje de tomarse la ciencia tan jodidamente en serio. La idea del científico como un geek que trastea con probetas o como un profesor huraño que escribe ecuaciones en una pizarra todavía prevalece en gran parte de la sociedad, por lo que que llegue alguien y diga que “ama jodidamente” la ciencia es refrescante. Tiene un componente rebelde y un halo cool. Dos conceptos que no suelen asociarse con la pedagogía científica.

Otra de las cosas que no suele asociarse a la ciencia son las mujeres. Al menos, así lo descubrió Andrews cuando sus seguidores se enteraron de que era una chica. Todo empezó cuando creó su perfil de Twitter y usó su fotografía como foto de perfil. Un hecho cotidiano que, sin embargo, provocó una tempestad. Al poco de revelar su identidad había cerca de 10.000 comentarios en sus posts acerca de su apariencia. Cosas como: “¿O sea que eres una chica y eres preciosa? Wow, hoy la ciencia me gusta un poco más todavía”. “Al principio era sexismo benévolo, pero luego fue a peor. Hubo gente que me dijo que solo buscaba llamar la atención, que había ocultado mi género para que fuera una cuestión importante; se hizo una página horrible en la que mi cara se pegaba encima de imágenes de porno blando. Yo pensaba: me gusta hablar sobre ciencia, ¿esto implica que la gente pueda sexualizarme?”, decía Andrew a The Guardian.

La sorpresa que causó el hecho de que Andrew fuera una mujer demuestra que las mujeres todavía son percibidas como ajenas a la ciencia. Algo especialmente ridículo si se tiene en cuenta que las mujeres conforman la mitad de los doctorados en Biología y que en Física y Química la proporción se está equiparando. Una paridad que también se da entre los seguidores de la página: la mitad de son hombres y la otra mitad mujeres.

¿Un buen negocio?

Hay quien podría pensar que 17 millones de seguidores en Facebook pueden hacerte rico. Pero no es el caso de Andrew. Mientras que YouTube tiene un sistema para monetizar los visionados, esto no ocurre en Facebook. El éxito de la página la ha convertido en una persona influyente; la invitan a conferencias y a la televisión. Pero la única forma de ingreso real relacionada con la página es la venta de camisetas. Un dinero que simplemente utiliza para cubrir los gastos del mantenimiento de la web; el resto, según dice, lo dona a caridad.

“Podría ganar mucho dinero; hay webs que me ofrecen pagarme para enlazarlos a ellos exclusivamente, pero quiero preservar nuestra independencia y no perder la confianza de nuestros lectores”, dice. Esto implica que, para pagar las facturas, deba mantener su trabajo a jornada completa como community manager en un grupo de comunicación de Toronto.

Hace unos meses, Andrew llevó IFLS a YouTube asociándose a la red Test Tube de Discovery Channel. También ha hecho giras por el mundo dando conferencias en universidades, museos y festivales científicos . Se ha convertido en una celebridad online y en una voz respetada en la comunidad científica. Pero, sobre todo, nos ha demostrado que nos gusta mucho más la ciencia de lo que creíamos.

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