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Historias

10 canciones que van sobre drogas (pero posiblemente ni te lo imaginabas)

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Parece que te están hablando de un día perfecto, o de la mujer de sus sueños, pero en realidad quieren decir pastillas y cocaína. El pop está lleno de mensajes ocultos, ahí van unos cuantos

Tito Pullo

14 Marzo 2014 12:28

¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir caballo? ¿Por qué nos cuelan un día maravilloso y soleado en vez de decirnos que están flotando en el espacio gracias a una pastilla mágica o una gota de lisergia? El pop está lleno de mensajes ocultos. Muchas canciones hablan de drogas cuando parece que quieren decirnos otra cosa. Podríamos detectar hasta 10.000, pero por ahora nos quedamos con 10: una clásica, una pillada por los pelos (vamos, que no, pero mola), y ocho más que rotundamente sí.

The Beatles: “Lucy in the Sky with Diamonds”

Bueno, de acuerdo. La referencia al LSD en el título de este himno psicodélico de McCartney y Lennon está ampliamente documentado, teorizado y compartido, pero es de justicia iniciar una lista de este cariz con la canción que probablemente mejor ejemplifique la criptodrogofilia en la música popular. En la época en la que The Beatles iban y venían de la India como quien bajaba a por tabaco y se tomaban unas gotas epopéyicas, esta canción se coló en el “Sgt. Pepper’s” con código cifrado. Apología del trip.

Carly Rae Jepsen: “Calle Me Maybe”

De acuerdo también, un poco pillada por los pelos. Pero sería muy atrevido hacer una lectura de “Call Me Maybe” como si fuera el “Waiting for the Man” de la Velvet en clave ultrapop, y que lo que en la superficie parece un encuentro cachondo en la noche entre una muchacha mona y un guaperas de playa, sea en realidad una transacción encubierta de maría y perico en un rincón de los suburbios. “I trade my soul for a wish / Pennies and dimes for a kiss / I wasn't looking for this / But now you're in my way” (...) “Hey I just met you / And this is crazy / But here's my number / So call me maybe”. Muy arriesgado, pero donde hay un maromo, igual también hay un camello.

MGMT: “Time To Pretend”

En apariencia, y gracias a ese estribillo saltarín, “Time to Pretend” parece un himno a la vida, a viajar a ciudades lejanas, tirarse a las nativas en un colchón sucio de pensión de barrio bohemio, beber en terrazas y dormir poco. Codifica el estilo de vida de la ‘Easyjet Set’, ahora en declive porque los billetes de avión ya no son tan baratos y los sueldos ya no son tan altos (o directamente no son). Pero en la letra de MGMT hay dos referencias que no se tienen muy en cuenta y son muy importantes. La primera es directa y a la encía: “I'll move to Paris, shoot some heroin, and fuck with the stars. / You man the island and the cocaine and the elegant cars”. Pero como luego habla de otras cosas, parece como si drogarse fuera parte de la atracción, un entrante en el menú. Pero ojo al final: “We'll choke on our vomit and that will be the end / We were fated to pretend”. O sea, que sí, que va de ponerse como Las Grecas y acabar como Bon Scott.

The La’s: “There She Goes”

Uno de los grandes himnos indies, una de las maravillas -desconocida por la mayoría, pero disfrutada por la minoría selecta que compra discos e investiga más allá de los cuatro grupos canónicos- que nos ha dado el pop inglés. Y aparentemente es una canción de admiración a una mujer que codifica en su pelo, sus ojos y sus senos la totalidad del universo como un aleph. Lo que ocurre es que la letra tiene un verso particularmente conflictivo que la banda siempre ha negado que vaya sobre drogas, pero que tiene toda la pinta de que está ahí para romper la baraja: “Racing through my brain, pulsing through my vein”. O sea, la heroína es en polvo, no en capa y antifaz.

Blur: “Beetlebum”

En la época en que Blur escribieron “Beetlebum” empezaban a suceder cosas raras. El grupo parecía a punto de descomponerse a causa del éxito, y recordarán los fans que Damon Albarn fue a refugiarse a Islandia, cuando el país todavía no era tan cool como ahora. Incluso montó un bar (que ya no existe). La explicación oficial fue una crisis de estrés tras su ruptura con Justin Frischmann (Elastica) y al exceso de trabajo, pero hubo drogas de por medio, muchas drogas, y “Beetlebum” fue el primer testamento secreto que resumía aquella etapa de adicciones. La expresión “chasing the beetle” es una deformación de “chasing the dragon” (perseguir al dragón), que es como se denominaba en los primeros antros de opio al acto de inhalar el vapor de la heroína cuando se fumaba.

Fleetwood Mac: “Gold Dust Woman”

Una gran parte de la carrera de Fleetwood Mac está marcada por la cocaína. Siempre se ha dicho que el sonido pulcro y perfeccionista de las grabaciones de rock adulto de la época estaba determinado por el abuso, tanto entre los músicos como los demás estamentos de la industria musical, de una cocaína excelente que, con su pureza, aguzaba ciertos sentidos y afectaba a la manía obsesiva. De ahí la nitidez en las grabaciones, la atención al detalle mínimo, de ahí lo mejor de Fleetwood Mac, Y en el álbum “Rumours” aparece “Gold Dust Woman”, que es toda una oda a la coca en versión metafórica e inyectada, como sólo los más yonquis saben hacer, con su estuchito para guardar la aguja y todo. “Take your silver spoon and dig your grave”. Esto no es caballo, amigas. Esto es boliviana en vena.

Elton John: “Tiny Dancer”

Cuando Elton John decidió desvelar sus dos mayores secretos -uno era su calvicie, que ya sospechábamos debajo de esos peluquines dignos de El Dioni, y el otro era su adicción feroz a la cocaína-, supimos de cosas que vosotros, humanos, no creeríais: fiestas en suites de hotel que acababan en bajonas solitarias dignas del mejor Julio Alberto, bandejas de plata cubiertas de nieve del Nepal, billetes de 1000 dólares enrollados de manera tan perfecta como el cilindro marrón del papel higiénico. Elton tenía unas fosas más profundas que las Marianas, un doble platino en la nariz que no lo superaba ni Frank Sinatra, una sangre más espesa que la de Sven Väth. Y de entre sus canciones simuladas sobre el alpiste, “Tiny Dancer”: “And now she's in me, always with me, tiny dancer in my hand”. Como gay del ala dura que es, Elton no podía hablar de una chica pequeña, blanca y delicada, sino de una papela que iba a meterse en generosas lonchas acto seguido.

D’Angelo: “Brown Sugar”

Hace 14 años ya que no sabemos nada de D’Angelo. Sabemos que sigue vivo, que quiere volver a grabar, que supuestamente tiene nuevo álbum en camino, pero su última referencia sigue siendo el inconmensurable “Voodoo” (2000). Y antes de eso, tuvo su primer hit con “Brown Sugar”, una canción enmascarada con referencias sexuales propias de un negrazo con planta de follador que nos quiso convencer de que el azúcar moreno era una jaca jerezana de piel zaína y sabor dulce que le ponía la entrepierna como el troncho de una lechuga. Pero no, era todo más textual de lo que parecía: “Brown Sugar” va de lo que va, que es de la heroína. Estaba todo claro al principio y nos quiso liar.

Nirvana: “Come as You Are”

No iremos a descubrir aquí la dependencia de la heroína que tenía Kurt Cobain ni tampoco la manera críptica que tenía de escribir sus letras. Nunca se sabe exactamente qué está diciendo, aunque sí intuímos que es un despliegue metafórico (y a veces alegórico) de sus demonios interiores. El sufrimiento es la clave, pero sobre todo el sufrimiento derivado de las adicciones. “Come As You Are” puede ser una canción de amistad, incluso de amor, o de aceptación de las circunstancias, pero en realidad es una canción sobre el chute y el subidón, sobre los efectos del viaje: “Come / As you are / As you were / As I want you to be / As a friend / As a friend / As an old enemy / Take your time / Hurry up”. Si no lo es, lo parece.

New Order: “True Faith”

Parece una canción sobre una felicidad inabarcable, pero ojo con este verso: “My morning sun is the drug that brings me near”. La luz solar del domingo es necesaria en esta vida sólo si se practica la fotosíntesis y tienes unas raíces bien arraigadas en tierra, pero estamos hablando de unos New Order en pleno subidón de éxito y éxtasis, y aquí hay algo más. La letra es fácilmente interpretable en clave de pastis y buenri, como denota el comienzo: “I feel so extraordinary / Something's got a hold on me / I get this feeling I'm in motion / A sudden sense of liberty / I don't care 'cause I'm not there / And I don't care if I'm here tomorrow”. Aquí huele a clubbing, máxime cuando se sabe que New Order descubrieron el MDMA en Nueva York alrededor del año 1983, cuando fueron a grabar con Arthur Baker, que era otro legendario drogota del downtown.

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