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Historias

No tengas miedo, las brujas modernas viven entre nosotros

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Druidas, herboristas, vecinas, maestras de yoga, psicólogas, sanadoras alternativas

Alba Muñoz

10 Julio 2015 06:00

Las brujas no son cosa del pasado, tampoco viven en lugares remotos o escondidos. En realidad, estamos más rodeados de ellas que nunca.

Las mujeres con poderes místicos, con remedios sanadores procedentes directamente de la naturaleza o que simplemente nos ayudan a afrontar amenazas y problemas ya no son repudiadas por nuestra sociedad.



Nadie las persigue ni las castiga en la hoguera, aunque unas se escondan más que otras. Lo que es seguro es que las brujas siguen existiendo: forman un grupo amplio y formado por mujeres muy distintas.

Por un lado están las curanderas que rinden culto secreto al dinero en efectivo. Suelen atender en antros privados, lejos de las miradas curiosas.

También existen las pitonisas televisivas que cazan espectadores cuyos problemas no les dejan dormir. Las pitonisas son capaces de arreglar tu vida con un resumen de los horóscopos del día, o echándote las cartas desde la pantalla mientas tú pagas un dineral por cada segundo de llamada.



Sin embargo, hay otras brujas. Las verdaderas herederas de aquellas mujeres herejes, libres, que generaban su propio conocimiento y remedios para afrontar los embistes de la vida.

Katarzyna Majak es fotógrafa y originaria del país más católico del mundo: Polonia. Majak quiso explorar las vidas de aquellas mujeres que se definen también como brujas, druidas o sanadoras alternativas.

Su trabajo, una serie de 29 retratos y entrevistas, dio lugar al libro Women of Power.



“Intuí que el mundo oficial no satisface la búsqueda profunda de muchas mujeres”, explicó la autora a los medios. En Polonia, algunas rompen el estereotipo de la típica madre polaca, quien sacrifica su independencia y vuelca toda su energía en el cuidado familiar.


Se trata de mujeres que saben quiénes son: son sus propias reinas



En Polonia, más del 90% de la población se declara católica. La existencia de mujeres polacas que conservan ritos paganos, y que inventan otros, da una idea de la fortaleza de la "brujería" en la actualidad.

Mientras que en el pasado se asociaba a los rituales satánicos, a la muerte agazapada en la feminidad, hoy la brujería podría ser entendida como una necesidad profunda de conversar con el propio interior. De escuchar y creer en las pulsiones del propio cuerpo conectado a los ciclos de la naturaleza.



Una llamada mucho más extendida entre las mujeres que en los hombres, y que no tiene por qué implicar la creencia en lo sobrenatural. 

Como la propia Katarzyna explica en su libro, las brujas han decidido creer en sus intuiciones y forjar ellas mismas su propio futuro: “Son lo suficientemente valientes para dar la cara, con la esperanza de que esto ayudará a otros. Se trata de mujeres que saben quiénes son: son sus propias reinas".



De modo que las brujas modernas no son seres extraños, y no deberíamos temerlas, al menos no a todas.

Muchas vuelven a ser simples sanadoras que se alejan de la doctrina general: son vecinas que te oyen llorar y te invitan a una infusión caliente, psicólogas, herboristas, budistas, gurús de los masajes, el yoga y el tai-chi.

Con el Cristianismo, las mujeres perdieron sus redes femeninas y cultos matriarcales, el acceso a las sabiduría pagana y a las fuentes de poder, a su sexualidad, al arte y al contacto con la naturaleza.

Parece que muchas lucharon por mantenerlo, y hoy sus descendientes ocupan el pequeño lugar que siempre merecieron.



Muchas brujas sólo son mujeres que creen en su voz interior



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