Historias

No somos lunáticos, sólo vamos a suicidarnos

Un relato sobre la vida de los internos del manicomio de West Riding, Inglaterra

23 de marzo de 1869. Yorkshire, Inglaterra.

A Robert

Le escribe la señorita Elizabeth, del asilo para lunáticos de West Riding. Por favor, excúseme por el atrevimiento de ignorar su apellido. Permítame hacerlo así por una única vez, pues no sé lo que me depara el final de esta carta. 

No me creerá si le digo que me siento dichosa. ¿Adivina el motivo? No hay guardias diminutos en esta cuartilla de papel, no pueden electrificarme los dedos ni azotarme con sus pequeños bastones. ¿Lo ve? ya estoy pronunciando sinsentidos. 

Desde que se convirtió en el nuevo fotógrafo de West Riding, he intentado contarle la verdad que este lugar oculta.

Dígame, Robert, ¿acaso no es mágica esa máquina oscura con la que nos dibuja? Muchas noches he rezado. ¿De verdad no veía usted mi mente, agazapado tras esa lente extraña? He implorado a Dios que pudiera ver mis pensamientos, pero el tiempo se agota.

Mi deber es transmitirle el mensaje que nosotros, un grupo de lunáticos, queremos lanzar a toda Inglaterra. Todos aquí intuimos su bondad, Robert. Le imploramos que haga llegar estas letras a nuestras familias o parroquias.

William B. Dwight. Diagnóstico: maníaco de sospecha. Cada noche corría como un poseído por las calles de Yorkshire hasta desplomarse en cualquier escalón. Los psiquiatras creen que ve visiones surreales.

En realidad, el señor Dwight estaba siendo perseguido por el esposo de su amante y corría para escapar de la muerte. Las siguientes palabras se las dirige a la señora Amanda Smith (siendo éste su apellido de soltera):

"Amanda flor de nieve, estoy vivo pero no oigo tu voz. Marcho de este mundo para verte más cerca. Tu súbdito, William".

Margaret Stevenson. Diagnóstico: maníaca simple. Margaret siempre se sintió la más desdichada de las hermanas Stevenson, pues no posee la gracia ni el bello resplandor de su hermana Claire. Hace unos meses su familia heredó una fina gargantilla de una tía lejana.

Margaret no pudo soportar que su ancho cuello no permitiera cerrarla. Presa de una gran tristeza y de la ira, degolló el perro de su hermana.

"Amada hermana Claire, Dios quiso bendecirte y negarme a mí todo lo que posees. Jamás podré asistir a tu enlace. Espero que puedas perdonarme y deposites una flor de tu ramo sobre mi tumba. Maggie".

James Mc. Arthur. Diagnóstico: Monomanía de orgullo. El señor Mc. Arthur perdió su pequeña fortuna por mala suerte. Un buque procedente de Egipto se hundió en el Canal de Suez y destruyó toda la carga, también la que él había adquirido gracias a un préstamo bancario.

Tras el accidente, Mc. Arthur tuvo que entregar su casa al banco. Su hija Anne, enferma de tifus, falleció en casa de una vecina.

"Hija de mis entrañas, soy culpable por tu muerte pues fallé al no darte tratamiento. Mis últimos peniques los he invertido en dar muerte al banquero que me negó tu vida. Sé que tú no lo querrías. Si Dios me perdona, nos veremos pronto".

Sophie Heatwood. Diagnóstico: melancolía aguda. Estimado Robert, el caso de Sophie, debe saberlo, me hiela el alma. Nació en el seno de una familia miserable y quedó preñada fuera del matrimonio. Una vez me dijo que había sido un hombre de su familia, y que ese mismo hombre la llamaba furcia todos los días.

Sophie acudió a una abortista.

"Si hubieras sido niña, lo entenderías. Como niño, me hubieras odiado como han hecho todos los hombres de mi vida. Apiádate de mi, Dios, por estas palabras: ojalá seas una mujer".

Jonathan Freyland. Diagnóstico: demencia consecutiva. A estas alturas, Robert, quizá haya adivinado el pecado que vamos a cometer. Fue una ocurrencia de Jonathan. Con tan sólo 15 años, este joven fue a combatir a la guerra de Crimea. Al contrario que muchos de los internos, él sí cree ser un lunático.

"Si la muerte por la patria es señal de cordura, entonces yo soy un loco".

Elizabeth Jones. Diagnóstico: imbecilidad. Como ve, los psiquiatras de West Riding consideran que sufro una discapacidad. Llegué aquí por disfrazarme e intentar entrar en un baile de la aristocracia. Cuando lo recuerdo, siento vergüenza.

Desde que llegó usted, no he vuelto a hablar. Aunque mi comportamiento fuera ejemplar, Robert, nunca me van a dejar salir de aquí. Nos necesitan a todos para hacer experimentos, pues es deseo de su majestad la Reina Victoria que Inglaterra sea pionera en la ciencia médica.

Perdóneme por escribir esto: le amo. Dejé de hablar para no pronunciar nunca estas palabras, para que nunca fueran consideradas parte de mi locura.

Mañana es el día en que moriremos juntos. Todos en Yorkshire hablarán de los seis lunáticos. Usted, Robert, tendrá la verdad en un bolsillo de su chaqueta.

¿Qué significa estar loco? Esta pregunta continúa sin respuesta

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