Historias

10 argumentos implacables que explican el éxito de las fiestas de pueblo

Puede que tu ideal de ocio hoy sean los festivales de música, pero probablemente tú también te fogueaste en la infancia en verbenas locales

Llega la invasión de bermudas y pieles demasiado blancas para el sol mediterráneo, los ventiladores y la masificación playera y los precios hinchados en cada horchatería del país. Y sí, para compensar también llegan para muchos las vacaciones y los mejores festivales de música, que tienen a bien funcionar en temporada alta. Pero sobre todo, en esta época del año huele a algo mucho mejor que todo esto: FIESTAS PATRONALES, esa semana en la que los feriantes toman el lugar, se bailan danzas regionales, hay conciertos de bandas humildes y currantes y artistas venidos a menos, y las abuelas todavía se visten de domingo. Las fiestas populares son lo que son, y nosotros tenemos unas cuantas explicaciones que demuestran su éxito irrebatible. Porque tú, festivalero orgulloso, te fogueaste ahí, y lo sabes.

1. Se come mucho y se come bien

Se come mucho y se come bien

Muchas fiestas patronales están relacionadas con las épocas del año en las que se recogía la siembra o se hacían las matanzas. Hoy el esquema se repite en muchos pueblos, con grandes comidas populares en la calle, lo que significa ponerse las botas bueno y barato ¿Quién demonios quiere sushi vegano a precio de uranio enriquecido cuando puede hincarse unos duelos y quebrantos?

2. La cerveza cuesta lo que tiene que costar

Además de comer, hay que beber. Y ya sabemos que ir a conciertos es más o menos caro, pero la puntilla viene por el hecho de que tanto salas como festivales cobran las bebida como si fuera sangre de Leprechaun y no garrafa infame. Las fiestas populares tienen precios ídem, y para los sedientos, los cubatas tienen medida de bañera.

3. El mendigo es rey

El espíritu carnavalesco hace que durante los días de las fiestas toda lógica corriente quede abolida. Hay gente con disfraces raros por la calle, ir cubierto hasta las cejas de líquidos innombrables es el dress code, y el amor fraternal lo inunda todo. Si la festividad es religiosa, es el momento perfecto para disfrutar de unas cuantas dosis de folklore e histeria colectiva, y enfadar a unos cuantos vistiendo tus mejores galas anarquistas.

4. Vomitar tiene sentido

La sensación de ridículo cuando estás echando las entrañas después de unas cuantas vueltas en una atracción de feria potencialmente mortal es mucho menor que la de hacerlo en un reservado VIP después de pasarte con la bebida. Y nadie va a mirarte como a un apestado por ello.

5. Apostar tiene sentido

En las mismas ferias en la que acabas de echar la papilla en la montaña rusa hay tómbolas y juegos de tiro al pato. Es el escenario ideal para enmascarar tu pequeño problema con la ludopatía en el intento febril y ruinoso de conseguirle un oso panda a tu sobrina.

6. La música es para todos los públicos (y te gusta)

10 argumentos implacables que explican el éxito de las fiestas de pueblo

¿Ecléctico el Primavera Sound? ¡Eclécticas son las fiestas de pueblo! ¿Qué significa tener a 200 grupos tocando en 10 escenarios distintos cuando la Orquesta Merlín te toca éxitos de ayer y hoy durante SEIS HORAS SEGUIDAS de nostalgia non-stop? ¿Quién quiere a los Pixies cuando te puedes marcar un buen pasodoble con tu tía y acto seguido desgañitarte cantando el Corazón Latino?

7. No necesitan campañas de publicidad

Las grandes citas culturales se gastan dinerales en ser omnipresentes. Se inventan las mil y una artimañas para "innovar" y ampliar su alcance y de paso que te olvides que detrás de tanta mandanga en pro de la cultura hay operaciones de millones de euros. Las fiestas populares simplemente están ahí. Desde el inicio de los tiempos. Y no te machacan la psique hablando de lo molonas que son. Como ese amigo al que no ves mucho, pero que de pronto aparece a tu lado, y con el que da gustazo irte a tomar unas cañas.

8. Hay animalicos

Cierto, las ferias de pueblo son un mal lugar para muchos pobres bichos. A algunos se los lanza de campanarios y a otros se los degüella sin compasión. Y luego están los ponys a los que se hace andar en círculos. Pero ¿qué hay del gusto de ir de mañaneo a las vaquillas a ver cómo cornean a los memos borrachos que se atreven a ponerse en el camino? Es la venganza de las especies: planeta torete.

9. Hay guiris asombrados

Hay guiris asombrados

A cualquier turista que quiera conocer la verdadera esencia del país, hay que decirle que no la va a encontrar delante de la Sagrada Familia. Ni siquiera en los masificados San Fermines. La va a encontrar en las verbenas, en las plazas de pueblos perdidos, en los sitios donde la gente bebe hasta perder el conocimiento y luego se lanzan por barrancos mientras las abuelas juegan al cinquillo. Si te vas a un lugar lo suficientemente apartado y de repente encuentras a una familia rubia y ojiplática, ten por seguro que alguien está a punto de hacerles una buena broma.

10. Se liga DE VERDAD

10 argumentos implacables que explican el éxito de las fiestas de pueblo

Las fiestas de verano en el pueblo han sido desde tiempos inmemoriales la excusa perfecta para los primeros acercamientos al sexo opuesto. Ir por ahí con los amigos con el calor de agosto, la verbena al fondo y las hormonas dando botes como perros con sarna. Empiezas con el botellón, le das unas caladas a un cigarro, la orquesta toca la lenta, le pides bailar a esa chica que te gusta y antes de que te des cuenta ¡BAM! Te has metido en un berenjenal del que no vas a volver a salir en la vida... Oh, wait.

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