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Historias

Tengo 22 años y me estoy quedando sin un maldito pelo en la cabeza

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Mi caso es muy distinto al de cualquier hombre calvo

Guiem Alba

25 Marzo 2015 11:00

Joder, se me acumulan los problemas.

Tengo 22 años y vivo sin tiempo y sin dinero; ahora, el espejo del baño dice que también voy a vivir sin un mísero pelo en la cabeza.

La cosa es que mi padre aún conserva esa melena roñosa de cuando era hippie, y en mi familia materna tampoco hay un solo calvo. No, la culpa no la tienen los genes, la culpa la tengo yo por llevar esta vida de mierda: está claro que el estrés me está dejando sin pelo.


Me pregunto cómo puedo organizarme tan poco y vivir una rutina tan desquiciada




Esta mañana me he levantado a la hora en que tenía que estar fuera de casa; así que he salido corriendo y sin ducha de por medio. Total, para conseguir llegar un poco menos tarde de lo normal. 10 pelos menos.

Me ha llegado la hora de comer y yo ???sin tiempo de ir al súper ni de cocinar,??? así que póngamelo para llevar, por favor, que ya me lo como en el autobús. 20 pelos menos.

Y ahora llego a casa y resulta que en vez de tener más dinero tengo un montón de ropa sin lavar y me pregunto cómo puedo organizarme tan poco y a la vez vivir una rutina tan desquiciada. 1.000 pelos menos.

¿Cómo es posible que la misma rutina que me roba el tiempo me deje también como una bola de billar? Lo peor de todo es que no tengo un puto segundo para preocuparme, y yo quiero preocuparme, joder, que es mi pelo.


Me aplatano en el sofá y cojo el teléfono. Voy a llamar a Jose Pedro, un amigo de mi hermana que anda con la cabeza descalza desde que tenía solo 17 años. Si él no tiene una terapia psicológica, nadie la tendrá.

Le digo hola, cómo estás, y luego le cuento el percal y él se sorprende, porque claro, no es algo que esperara de mí y tal y cual; pero oye, le digo, yo no he llamado para hablar de mí, quiero saber cómo superaste tú lo de enfilar los 30 con cuatro pelos mal puestos.


Jose Pedro me dice que lo importante es mentalizarse, pero también entiende que mi caso es diferente




Jose Pedro me dice que lo primero es mentalizarse de que el pelo no va a volver. No lo puedes regar ni le puedes cantar, el pelo simplemente se cae y ningún producto de farmacia es capaz de devolvértelo.

Luego me dice que entiende que mi caso es diferente y que no me quiere desanimar; y yo le digo que no se preocupe por mí, que para eso le he llamado.

Jose Pedro me confiesa que anduvo un tiempo jodido con el tema hasta que se mentalizó, dice que esa es la clave, estar en paz con uno mismo hasta ser capaz de bromear con el tema.


Claro que mi caso es diferente, idiota




Y luego Jose Pedro me dice que pensaba que a él no le importaba su imagen porque era un hombre, y que la calvicie le sirvió para darse cuenta de que sí; que la calva te daña la autoestima y la masculinidad, pero bueno, que con el tiempo aprendes a relativizar porque, si te fijas, hay un montón de hombres calvos.

Y por último me vuelve a pedir perdón, porque entiende que mi caso es diferente... En fin, me despido ya, ánimos y hasta luego, Jose Pedro.

... Claro que mi caso es diferente, idiota. La primera diferencia es que yo no soy un hombre.


Las mujeres calvas son especímenes raros de los que nadie nunca habla



Me llamo Adela y, como venía diciendo, tengo 22 años y estoy perdiendo un montón de pelo.

Algunos pensarán que mi caso no es tan dramático como el de José Pedro, porque a mi edad él ya era un cabeza huevo, y yo aún lo disimulo. Pero, aunque me queden años para enseñar el cartón, creo que tengo más motivos que cualquier hombre para preocuparme por ello.

En primer lugar, lo raro si eres hombre es que no te quedes calvo en algún momento de tu vida. En cambio, las mujeres calvas son especímenes raros de los que nadie nunca habla. Son un tema tabú, pero existen.



Me llamo Adela, tengo 22 años y estoy perdiendo un montón de pelo





¿Por qué la sociedad acepta a los hombres calvos y se retuerce ante la idea de una mujer sin pelo? Creo que la respuesta está en esa mierda de obsesión por la estética femenina.

A las mujeres se nos juzga por el físico. Constantemente. Si no podemos ir a una entrevista de trabajo sin maquillar o con el pelo encrespado, ¿cómo va a contratar alguien a una mujer calva?

No todas las mujeres tenemos una melena frondosa y larga: algunas viven con una lechuga en la cabeza, otras con una coliflor; algunas, como yo, perdemos un montón de pelo y se nos transparentan las ideas.

No, mi caso no es como el de un hombre. Lo que esperan de mí es que me compre una peluca y disimule pero, en lugar de eso, voy a hacer como hacen los hombres: me raparé la cabeza y seré muy sexy.


¿Me juzgarán por no tener pelo o por ser una mujer?





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