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Historias

La abeja que murió en mi rodaje con Rocco Siffredi

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Ese momento en que estás rodando porno y dices: ¿cómo he llegado hasta aquí?

Amarna Miller

09 Septiembre 2014 12:30

Ahí estoy yo, abriéndole el culo a una tal Lula Boobs para que Mr. Siffredi pueda follarla bien hasta el fondo. Sus embestidas son salvajes y aprovecho para meterle algún que otro tortazo mientras Lula me come el coño. Atenta de no recibir una bofetada por sorpresa, me muevo encima de ella y empiezo a besarle.

Rocco me agarra por el pelo, me tira sobre uno de los sofás (blanco, de diseño, una pasada) y se lanza sobre mi para empezar a follarme. Ha llegado mi turno.

Estoy en Hungría, rodando en la gigantesca casa que la leyenda del porno tiene a las afueras de Budapest. Rocco me ha llamado para participar dentro de la siguiente entrega de “Rocco’s perfect slaves”, una de las series más premiadas que el actor dirige dentro de la productora americana Evil Angel. Con más de 1.300 películas pornográficas a sus espaldas, grabar con él significa un auténtico reto.

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Tengo la cámara enfocándome directamente a la cara, con la boca abierta, esperando a sentir la presión sobre mi coño. Rocco es famoso por ser extremadamente agresivo en sus escenas de sexo, está fuerte y se conserva muy bien para sus 50 años. Confirmando su fama, me coge por la garganta y empieza a ahogarme poco a poco mientras me mira fijamente a los ojos.

Y entonces, todos lo oímos. Rocco se gira, perdiendo la atención en la escena y buscando el origen de ese molesto sonido. Gabriel, el cámara, se pone a gritar en italiano “Fanculo! Che cazzo è!?” Rocco se levanta del sofá, con la polla gigantesca apuntando hacia la nada, y dura como una piedra. Parece un misil. Sus casi dos metros de estatura imponen bastante.

Una abejorro gigantesco ha entrado en el set de rodaje y está chocándose contra los reflectores de los focos. La mezcla del zumbido estridente y el “toc, toc” molesta al técnico de sonido, así que paramos la grabación. No podemos empezar hasta que saquemos al bicho del escenario.

Rocco se pone a maldecir en italiano, echando la culpa a todo el mundo que está allí presente por dejar la puerta del jardín abierta. Su polla sigue dura, pero nadie le presta demasiada atención. Tras la bronca, el chico de iluminación, el técnico de sonido y el cámara se ponen a pegar saltos de un lado para otro, intentando matar a la abeja, que ahora está posada en lo alto de una cortina. Los techos de la casa son tremendamente altos, así que es imposible que lleguen de ninguna manera.

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El de iluminación acerca una escalera y mientras uno se sube, los otros lanzan cosas de forma aleatoria hacia el techo. Un cojín está a punto de golpear a Rocco, y alguien aparta la cámara de vídeo y el equipo de sonido para que no sufran daños colaterales.

Lula y yo nos sentamos en el sofá, todavía desnudas y llenas de fluidos.

Se agradece que haya habido una pausa inesperada en un rodaje tan intenso. Llevamos 3 horas de escena de sexo y tengo los músculos doloridos de hacer posturas imposibles, y la mandíbula desencajada de forzar gargantas profundas.

Es mi octavo día rodando en Budapest y ya ando curada de espanto, pero para Lula este es su primer rodaje en el país y… ¡su primer anal en el porno! Se nota que tiene miedo, y no para de mirarse un moretón que le ha salido en el pecho. Para mí, que me van las escenas cañeras, está siendo un rodaje increíble, pero tengo mis dudas de que ella esté pasándolo demasiado bien. Está seria y con los ojos muy abiertos, contemplando la escena que tenemos delante.

Lula se levanta y revuelve una caja de plástico que hay en el suelo, llena de dildos y plugs de todos los tamaños. Oigo el sonido de los consoladores de cristal golpeando unos con otros y aprovecho para limpiarme el sudor y las babas del pecho con una toallita de bebé.

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Lula vuelve al sofá mientras se mete un plug de cristal por el culo, no vaya a ser que se le cierre el esfínter y tenga que dilatar de nuevo cuando empecemos otra vez con la escena. La situación es bizarra de cojones.

Aquí estoy, desnuda, recostada en un sofá de cuero blanco mientras me limpio mis propias babas de las tetas, con Lula Boobs a mi lado metiéndose un consolador por el ojete. Delante tengo a la estrella del porno Rocco Siffredi saltando desnudo encima de una silla, con la polla enhiesta bamboleándose de arriba para abajo, lanzando almohadas y cojines al techo para cazar una abeja. ¿Cómo leches ha llegado mi vida hasta este punto?

Gabriel llega de la cocina con un trapo en la mano, lo enrolla hasta crear un arma de destrucción masiva y lo sacude a diestro y siniestro hasta que consigue golpear la abeja. El cadáver cae muerto sobre una mesa de madera maciza que parece muy, muy cara.

Rocco se gira hacia nosotras todavía empalmado, para seguir con la escena. Se pone encima de mí y comienza a follarme mientras yo no paro de pensar en que, de verdad, tengo que escribir sobre esto.

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