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Historias

Working class heroes: 50 hábitos que los pobres mantienen incluso cuando ganan pasta

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Manual de campaña para no gastar más de la cuenta

Marcos Baró

20 Marzo 2014 16:10

De acuerdo, no corren tiempos para presumir de grandes mejoras en las economías domésticas, pero en algún momento todos hemos experimentado la sensación de poseer más cosas que antes —a fin de cuentas, uno suele tener más libertad económica con veinticinco años que con dieciséis…—. En este sentido, todo aquel que pasa por situaciones prolongadas de escasez desarrolla un instinto y una serie de hábitos que a veces cuesta olvidar, incluso cuando la situación económica personal y familiar mejora. Y esa es precisamente la cuestión que nos ocupa: ¿cuáles son esos hábitos que conservas de los días en que solías ser pobre?

Como tantas otras veces, la pregunta surgió en Reddit. Y los usuarios del portal recogieron el guante con ganas, brindándonos cientos de respuestas. Nosotros hemos buceado entre las casi diez mil aportaciones que acumula el hilo para hacer un recuento de algunas cosas que la gente hace cuando no tiene dinero y sigue haciendo aún cuando lo tiene. Si tú también vienes de abajo, lo entenderás.

1. Evitar gastar dinero en cosas que no necesitas.

“El sentimiento de culpa terrible que sientes por comprar algo que no necesariamente necesitas”.

2. Evitar gastar dinero en cosas que SÍ necesitas.

“Exactamente, aún tengo el miedo de gastar dinero en cosas que probablemente incluso necesite. Por ejemplo, me he convencido a mí mismo para no comprar una nueva chaqueta de invierno estos dos últimos años porque, incluso a pesar de que se está cayendo a pedazos, la que tengo aún consigue mantenerme caliente. Puedo permitirme una nueva chaqueta, podría permitirme más de diez nuevas chaquetas si quisiera. Y aún así... aún me asusta deshacerme de cosas que me siguen resultando útiles”.

3. Jugar a no gastar en absoluto.

“En los días en los que era realmente pobre solía jugar al juego de 'a ver cuántos días consigues aguantar sin gastar un sólo céntimo'. Ahora, incluso cuando tengo un trabajo que paga decentemente, aún cuento los días que puedo pasarme sin comprar nada, e incluso presumo frente a mi novia cuando consigo una buena racha de días sin gastar en absoluto”.

4. Jugar a no usar la tarjeta de débito.

“Yo hago lo mismo, pero uso un billete de 100 dólares, y el juego es 'a ver cuántos días puedes aguantar con esto sin tirar de la tarjeta de débito'. Dejando a un lado las facturas de casa, el alquiler y el seguro médico, lo más que he aguantado son dos semanas”.

5. Esperar hasta que algo está muy viejo para reponerlo.

"Siempre bromeo con que mi coche es tan viejo que tiene edad suficiente como para sacarse él mismo el carné de conducir".

6. No gastar en ropa si no es estrictamente necesario.

“Aún uso mucha de la misma ropa que usaba hace quince años. No fue hasta que abrí una cuenta de crédito en una tienda y junté varios cupones hasta acumular un 75% de descuento que me animé a comprar dos nuevos pares de vaqueros”.

7. No gastar en objetos de decoración para la casa.

“Estoy en los treinta y acabo de comprar mi primer marco para colgar. Un marco barato de Walmart. Aún siento que he tirado el dinero. ¿Qué hay de malo en las paredes blancas vacías?".

8. Comprar sólo en las rebajas.

“Siempre espero para comprar el 90% de mis cosas en temporada de rebajas. Adoro las gangas”.

9. Comprar sólo marcas blancas.

“Aún amo mucha de la comida de la 'gente pobre' y la prefiero a los artículos de marca. Como esa mortadela de bolonia a 99 centavos el paquete, o esos macarrones con queso de marca desconocida”.

10. Rebajar las bebidas con agua.

“Rebajo las bebidas con agua, cada vaso de refresco, de zumo, lo que sea, siempre es una mitad de agua. Es lo que mis padres hacían cuando podíamos comprarnos refrescos, para hacer que durasen más, y ahora a mí como adulto la mayoría de las bebidas azucaradas o los zumos me saben demasiado fuertes, así que los rebajo con agua. Lo mismo con los cereales, mitad leche y mitad agua”.

11. Comer mal.

“A veces acabo dejando que comida perfetamente fresca se eche a perder porque pienso que si no la como un día significa que así la tendré para el día siguiente. Como sandwiches de mayonesa sin carne para así tener la carne para comer la vez siguiente”.

12. Aprovechar cualquier oportunidad que se te presenta de comer gratis.

“Cuando hay comida gratis en el trabajo, siempre voy a por ella, no importa lo que sea. Comida gratis, fuck yeah”.

13. Comer “comida de pobre”.

“Comer lo que mi marido llama 'comidas raras'. A veces para cenar tenemos weenie wraps (un hot dog con queso rayado envuelto en una tortilla). Para desayunar puedo preparar arroz blanco con mantequilla y azúcar. También rebajamos la leche con agua. Aún pienso que la 'comida de pobre' es deliciosa. Y puedo pasar días enteros comiendo a base de sobras. La familia de mi marido nunca ha tenido que vivir de esta manera, así que todos piensan que soy un poco rara”.

14. Acabarse todo lo que hay en el plato.

“No puedo no comerme todo lo que hay en mi plato. Y si sobra mucha comida, puedo acabar comiendo la misma cosa durante cuatro días hasta que se pone mala o me la acabo. Nunca tuvimos demasiada comida en casa cuando era joven, así que ahora encuentro imposible el desperdiciar comida”.

15. Llevarse a casa las sobras del restaurante.

“Odio sentir que tengo que hacerlo, pero lo hago. Cuando como fuera, si siento que no me voy a terminar lo que hay en el plato, entonces dejo de comer para que quede una cantidad suficiente para poder llevármela a casa”.

16. Pedir un sólo menú para compartir entre dos.

“Mi mujer y yo es lo que hacemos. Por turnos, compartimos una comida, porque las porciones en los restaurantes norteamericanos son una locura”.

17. Ahorrar en comida para gastar en caprichos.

“Aún me salto comidas porque odio gastar dinero en comida. Sobre todo sufro por comprar cosas que no 'necesito', incluso aunque no sean caras. De hecho, a menudo me salto comidas para compensar lo que he gastado en lo que sea que he comprado ese día (nuevo lapiz de ojos, ok, eso cuesta como un sándwich, ¿no? Mañana no como sandwich ¡y listo!)”.

18. Arreglar las cosas en vez de comprarlas nuevas.

“Arreglar cosas en vez de tirarlas y sustituirlas por otras, y guardar las cosas hasta que están absolutamente rotas. Seguro, no puedo desplazarme hacia la izquierda en mi teléfono porque la tecla del 7 está rota y a veces el móvil se apaga sin ninguna razón, pero aún puedo usarlo para hacer llamadas, ¿no?".

19. Evitar conectar varios electrodomésticos a la vez por miedo a que salten los plomos.

“Crecí en un bloque de apartamentos de mierda donde si usabas demasiados electrodomésticos a la vez la luz se iba y no volvía hasta después de un buen rato. Ahora vivo en una casa agradable, recientemente renovada, y aún me descubro a mí misma comprobando que el microondas haya terminado de funcionar antes de atreverme a conectar el secador”.

20. Cortarse el pelo en casa.

“Ahora mismo trabajo como gerente en una multinacional. No soy 'muy rico', pero gano bastante más que la media local, y creo que tengo una buena calidad de vida. Pero durante mis años de Universidad era súper pobre, y tuve que reducir mis gastos al máximo. Antes de aquello solía ir a la barbería una vez al mes. Pero me di cuenta de que cortándome el pelo a mí mismo podía ahorrarme un dinero. Aún ahora siempre me corto el pelo yo mismo con una maquinilla eléctrica”.

21. Lavar a mano para ahorrar agua.

“Lavar la ropa en la bañera. Esas monedas que gastas en la lavandería realmente suman”.

22. Cerrar el agua mientras te lavas los dientes.

“Cierro siempre el agua mientras me cepillo los dientes, además me siento mal si tengo más de una luz encendida”.

23. Aprovechar hasta la última gota de todo.

“Aún pongo cada botella cabeza abajo para sacar hasta la última gota, ya sea ketchup, champú... lo que sea. Corto los tubos de pasta de dientes cuando se acaban ¡porque sé que aún hay un poco de pasta ahí dentro!”.

24. Guardar servilletas para cuando se acaba el papel del váter.

“Guardo servilletas para cuando se me acaba el papel higiénico. Lo he hecho durante años, y aún hoy me cuesta tirarlas, siempre guardo un taco de ellas en el armario del cuarto de baño”.

25. Usar bolsas de la compra como bolsas de la basura.

“¿Hay alguien más que usa las bolsas de plástico del súper para los despercicios en vez de usar un cubo de la basura? Sé que es raro, y que resulta antiestético, pero creciendo era la manera en que lo hacíamos. Ata una bolsa de plástico al tirador de la puerta y listo. Cuando esté llena, tírala”.

26. Conservar los embalajes de lo que compras por si te ves en la necesidad de verderlo.

“Conservo todas las cosas más o menos caras que compro (iPad, ordenadores, coches, etc.) en perfecto estado, incluidos los embalajes. Todo para poder conseguir una cantidad aceptable en caso de que tenga que vender esos objetos 'para sobrevivir'”.

27. Frecuentar tiendas y restaurantes baratos.

“Pasé de ganar 24.000 al año en el área de San Francisco a ganar 75.000 al año... en apenas un año. Aún cocino para mí. Aún compro el almuerzo en Safeway o en una tienda de dim sum realmente barata en Chinatown en vez de ir a todos esos pijos restaurantes SoMa a los que van mis compañeros de trabajo”.

28. Usar transporte público para no gastar en gasolina.

“Voy en transporte público a todas partes y apenas uso mi coche. Simplemente no puedo ir por ahí tirando el dinero en gasolina como hace todo el mundo”.

29. Caminar para no gastar en transporte público.

“Suelo caminar para evitar las tarifas del transporte público. Por ejemplo, el viaje hasta la tienda de comestibles a la que suelo ir a comprar me lleva 45 minutos cada trayecto y me sale por unos 8 dólares. Puedo reducir el coste a 5,20 dólares si camino tres kilómetros y medio por cada trayecto, lo que hace que el viaje me lleve cerca de cuatro horas (incluyendo el tiempo que empleo en hacer la comprar). Todo para ahorrar menos de 12 dólares de mi presupuesto para comida... Pero por otro lado, estoy desarrollando unas pantorrillas dignas de un dios”.

30. Alargar las decisiones de compra hasta el infinito.

“Puedo tirarme días o incluso semanas buscando el precio más bajo de un artículo y eso saca de quicio a mi mujer. Tenía que cambiar el brazo del rotor de su coche y me pasé un fin de semana entero buscando los rotores más baratos. Cambiarlos sólo me llevó una hora”.

31. Ahorrar para comprar algo que al final no compras.

“Cuando aparto algo de dinero para algo que quiero comprar, al final acabo no gastándolo. Voy y miro mi cuenta, veo el dinero allí y me digo a mí mismo, 'bueno, esto se supone que es para esa cosa que quieres, pero me gustan los números que veo... Si he podido pasar sin ese objeto hasta ahora, ¿por qué no olvidarme de él y guardar el dinero?”.

32. Imponerse reglas para evitar la compra impulsiva.

“La regla de los 5 días. Cada vez que quiero gastar más de 100 dólares en algo me obligo a esperar 5 días para comprarlo. Si aún lo quiero después de ese tiempo, lo compro. A lo largo de los años, esta regla me ha permitido ahorrar literalmente miles de dólares en compras impulsivas de cosas que no necesitaba, como videojuegos, consolas, muebles o aparatos electrónicos”.

33. Llevar la cuenta de quién te debe dinero.

“Llevo una lista de todo. Gente a la que le he prestado, el día en que invité yo, la última vez que me encontré con tal amigo, etc. No espero que me vayan a devolver el dinero o la invitación, ni siquiera que se acuerden... Pero en el fondo de mi mente, yo sé que tú aún me debes”.

34. Contar a todas horas el dinero que tienes cuando sales de compras.

“Contar el dinero de manera repetida cuando estoy en la cola de cualquier tienda esperando para pagar, por miedo a no tener suficiente dinero (...) Siempre compruebo y vuelvo a comprobar cuánto dinero tengo antes de salir de compras, y siempre voy sumando mentalmente en la tienda el precio de las cosas que tengo en la cesta incluso cuando sé que van a costar mucho menos que el dinero que llevo conmigo”.

35. Hacer cuentas por la noche de lo que has gastado durante el día.

“Cuando llego a casa siempre me entra ansiedad cuando me pongo a hacer recuento de lo que he gastado ese día mientras intento quedarme dormido. Es completamente irracional. Ahora me lo puedo permitir. Simplemente estoy tan habituado a no poder permitirme cosas que mi cerebro medio dormido entra en pánico cuando piensa en que puedo haber gastado 50 dólares en un almuerzo para dos”.

36. Sentir pánico de mirar tu saldo bancario.

“Ese miedo demoledor que empieza a ahogarte en cuanto metes tu contraseña para chequear tu cuenta corriente en internet. No he estado en números rojos desde hace años, pero aún siento la necesidad de tomar un trago de algo fuerte cada vez que me dispongo a chequear mi balance”.

37. Sentir miedo de que tu tarjeta no funcione en las tiendas por falta de crédito.

“El miedo de 'van rechazar mi tarjeta y todo el mundo va a saber que soy un farsante arruinado' nunca se termina de ir del todo”.

38. Sufrir remordimientos por lo que has comprado.

“¡Me pasó eso mismo cuando me compré un descapotable! Fue una compra caprichosa. La versión corta es: cuando estoy conduciéndolo todo lo que pienso es 'me lo puedo permitir y es divertido'. Tan pronto como me bajo del coche todo lo que puedo pensar es 'te has gastado 24.000 dólares en un bien devaluable; no puede ser, lo vas a vender el próximo mes... Ha sido divertido, pero lo vas a vender el próximo mes”.

39. Pensar en gastar dinero en otros antes que en ti mismo.

“El otro día me sorprendí a mí mismo fantaseando con la idea de comprarle a mi mujer un coche Tesla. Yo conduzco una vieja camioneta abollada. Me volví y le comenté a mi compañero de trabajo mi idea, y él me cortó en seco, '¿y por qué no lo compras para ti?'”.

40. Recoger las monedas que te encuentras en el suelo.

“Mi padre se pasó toda la vida recogiendo las monedas que encontraba en el suelo. Las contaba y las llevaba al banco el primer día de cada año. Con los años, su media anual de monedas encontradas ascendía a varios cientos de dólares. En un viaje a Las Vegas encontró un billete de 100 dólares. Aquello fue una señal. Hace como 10 años, se compró un Cadillac con aquel dinero acumulado que se había ido encontrando. Siempre había querido un Cadillac, y al final lo consiguió”.

41. Aceptar todo lo que es gratis.

“Tengo problemas rechazando cualquier ofrecimiento de algo gratis porque, bueno, es GRATIS. Aún estoy intentando aceptar a nivel psicológico que tengo que deshacerme de parte de esa basura que me han ido dando, porque ahora puedo permitirme comprar cosas de una calidad decente”.

42. Sentirse mal por recibir regalos.

“Odio recibir regalos. No puedo expresar cuán culpable me he sentido en el pasado, cuando crecía, por tener la sensación de que no usaba o no jugaba lo suficiente con los regalos que recibía como para mostrar la debida gratitud. A menudo terminaba almacenando esos regalos después de un tiempo en un intento de esconder mi culpa en plan 'fuera de mi vista, fuera de mi mente'. Si la gente simplemente entendiera que, francamente, no quiero nada por mi cumpleaños o por vacaciones excepto cosas que pueda comer o que pueda poner en las paredes...”.

43. Preferir las cosas pequeñas a las caras.

“Me gusta cuando la gente me consulta sobre qué quiero que me regalen, pero realmente desprecio a aquellos que terminan comprándome algo caro porque piensan que eso es lo que realmente necesito. Me costó dos años conseguir que mis padres me regalaran un rayador de queso. ¡Yo solo quería un rayador de queso!”.

44. Preferir las experiencias a los objetos físicos.

“Prefiero tener una experiencia con mis amigos a que me regalen cualquier tontería de Homegoods. A la gente que me pregunta qué quiero que me regalen le he acabado diciendo 'Enseñame algún tipo de experiencia'. Gracias a eso he conocido la comida india, he ido a conciertos de Gypsy Punk, incluso he probado el Malort”.

45. Tender por inercia hacia el pluriempleo.

“Trabajo en tres o cuatro sitios a la vez para conseguir un dinero extra para ahorrar, incluso cuando con mi trabajo principal gano más que suficiente. Es simplemente un hábito adquirido, porque es lo que siempre he estado haciendo”.

46. Evitar a la gente obsesionada con el dinero.

“Me niego a relacionarme con nadie que considere que su valor como persona es proporcional al tamaño de su chequera. Soy el mismo tipo ahora que estoy cerca del top de la escala que el que era cuando estaba en su peldaño más bajo. Ahora ocupo una posición de privilegio, pero siempre dejo tan claro como me es posible que ese privilegio no es algo inherente a mí”.

47. No sentirse como el resto.

“Yo aún odio a todos los jodidos ricos que se sientan a mi lado cuando vuelo en primera clase”.

48. Desconfiar de la gente que quiere alternar contigo.

“Desconfío de casi todo el mundo. Al haber crecido pobre, en un vecindario pobre, desarrollas la sensación (acertada, la mayor parte del tiempo) de que todo el mundo está intentando aprovecharse de ti. Cuando alguien conseguía algo de dinero, como un cheque por ayudas a la maternidad, o una devolución de impuestos, todos los amigos y familiares salían de su escondite en busca de una juerga o para 'ayudarte' a decidir en qué debías gastar el dinero. Ahora, incluso cuando mi situación financiera es buena, si consigo algo de dinero extra aún me muestro sospechoso cuando un amigo me envía un mensaje y quiere salir por ahí conmigo. Sé que ellos no saben que a mí me ha llegado la devolución de mis impuestos, simplemente quieren quedar conmigo, pero por un momento me siento de vuelta en mi viejo vecindario escondiendo mi correo en las bolsas de la compra para que nadie pudiera ver aquel sobre federal de color amarillo que había recibido”.

49. Dibujar tu propio material pornográfico.

“Solía dibujar mis propias escenas porno cuando era un chico que vivía en el tercer mundo rural y no tenía acceso a las revistas. Aún lo hago ahora a veces, más que nada por afilar mi deteriorada habilidad para el dibujo”.

50. Ofrecer sexo a cambio de drogas.

“De vez en cuando meto la pata y me olvido de que ya no es necesario que le chupe la polla a nadie a cambio de coca; ahora puedo pagarla”.

Bonus track: Conservar la generosidad.

“Mis padres crecieron en una zona rural del sur de Asia, en una situación de pobreza real, y luego vivieron una vida pobre mientras estudiaban en USA. Ahora los dos son médicos. Hay un montón de hábitos de ahorro que conservan de aquellos días en los que tenían que vivir de forma frugal, pero la cosa principal que permanece es el sentido de la generosidad. Cuando eran pobres, y vivían rodeados de gente igualmente pobre, era algo común para todo el mundo lo de ayudarse los unos a otros en la medida de lo posible. Te sorprenderías... Aquellos que han experimentado lo que es tener 'nada' son algunas de las personas más altruistas, solidarias, humildes y virtuosas que existen”.

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