Historias

Manual de instrucciones para quemar a una mujer

Cómo el asesinato de Wanda Taddei se convirtió en el "efecto Wanda"

1. Los "hechos"

Eduardo Vázquez fue el único superviviente aquella madrugada del 10 Febrero de 2010. Lo que sucedió en su casa de Buenos Aires fue reconstruido a partir de las pruebas halladas por la policía y de su propia versión.

Dice así:

Eduardo Vázquez, de 36 años, volvía de un ensayo con Callejeros, su banda de rock. Su esposa Wanda Taddei, de 29, le había llamado repetidas veces al teléfono pero estaba apagado. Decidió esperarle despierta y cuando él llegó, le recriminó la tardanza.

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Discutieron, se gritaron, hubo forcejeo. En un momento dado, Eduardo roció a Wanda con alcohol y le prendió fuego con su cigarrillo. La versión de él fue que él se incendió a sí mismo por accidente, Wanda fue a ayudarle y prendió.

Wanda murió 11 días después, con quemaduras en el 60% de su cuerpo.

2. El "efecto Wanda"

Al principio, Eduardo Vázquez fue sentenciado a 18 años de prisión. El tribunal consideró como atenuante la "emoción violenta" de Vázquez a la hora de cometer el homicidio.

La decisión generó mucha polémica, puesto que de sus declaraciones no se desprendió que estuviera "fuera de sí" en el momento de incendiar a su mujer.

Las protestas arreciaban y el caso se volvía cada vez más mediático: nadie entendía que una "emoción violenta" pudiera convertir el asesinato de Wanda en un hecho menos grave. Finalmente la Cámara modificó el fallo y sentenció a Eduardo Vázquez a reclusión perpetua.

Surfeando la ola de indignación y debate social, todos los periódicos y la televisión informaban sobre el caso y trataban de encontrar nuevos y escabrosos detalles. Se hicieron reconstrucciones tan detalladas que los medios de comunicación se convirtieron en manuales de instrucciones.

Se hicieron reconstrucciones tan detalladas que los medios de comunicación se convirtieron en manuales de instruccciones

Nació así el "efecto Wanda".

"La quemó así, se desangró allá, su último aliento lo dio en el hospital...muchos asesinos empezaron a quemar a sus parejas. Se creó un efecto de imitación", explica Patsilí Toledo, doctora en Derecho y profesora de Criminología.

Según datos de la Corte Suprema de Argentina, las denuncias vinculadas con violencia de género aumentaron un 75% en los dos años posteriores al asesinato de Taddei.

El servicio telefónico de asistencia a mujeres víctimas de violencia de Buenos Aires registró un aumento de una amenaza concreta: “Te voy a quemar como a Wanda”.

En los 12 meses posteriores al crimen, 15 mujeres murieron quemadas por sus compañeros.

3. La lluvia

"Cuanto más activismo feminista hay, los medios siguen llenando sus páginas y espacios con crónicas de muertes sangrientas de muertes", explica Patsilí Toledo. "Si te fijas, son contenidos que no contribuyen a cambiar las cosas. Cada caso de feminicidio es excepcional, pero todos juntos son algo normal, un fenómeno naturalizado, como la lluvia".

Según Toledo hay dos grandes formas de informar mal del asesinato machista de una mujer. La primera es "poner el contador": "Los medios informan haciendo un resumen de las muertas, se comparan temporadas...".

'Las crónicas sangrientas y descriptivas tienden a generar más imitación que repulsión'

Otra manera es poner el foco en la víctima, en el acto violento, en los hechos en sí mismos: "Hay estudios que señalan que las crónicas sangrientas y descriptivas tienden a generar más imitación que repulsión". 

Entonces, ¿cómo se debe informar?

"Hay que quitar el foco de la mujer, que el asesinato es lo de menos. ¿Quién sabe los años que pueden caer por agredir a una mujer?, ¿cómo se averigua si en una relación de pareja hay maltratos?, ¿quién conoce los recursos de ayuda que hay disponibles? Nadie lo sabe. La mayoría de medios informan de la forma más lucrativa: información de alto impacto y barata de producir".

¿Puede el periodismo, los clics, la sed de lectores, producir información que ahuyente a quienes quieren matar a una mujer?

Según Toledo, sí.

4. El (breve) ejemplo de Costa Rica

En 2007, Costa Rica se convirtió en el primer país en aprobar una ley que tipificaba el feminicidio, la Ley de Penalización de Violencia contra las Mujeres. "No solo penalizaban los asesinatos, sino que se generaron delitos específicos, como la violencia emocional. Era algo muy novedoso".

Dicha ley se aprobó en un contexto muy agitado: el país acababa de firmar un tratado de libre comercio con Estados Unidos y eso había generado mucho rechazo popular. Los parlamentarios costarricenses necesitaban aprobar medidas que agradaran a la población.

'Cada caso de feminicidio es excepcional, pero todos juntos son algo normal, un fenómeno naturalizado, como la lluvia'

"La ley fue muy criticada en los medios de comunicación, pero sobre todo, la gente ponía el grito en el cielo por el crimen de violencia emocional. Decían que ya no se podría tocar un pelo a las mujeres, que todo el mundo sería culpable".

En el violento mapa de América Central, Costa Rica es un país muy pacífico: "Hay alrededor de 35 feminicidios al año". Pues bien, en 2007, la cifra se redujo a la mitad. La prensa, alarmada por las nuevas leyes, había generado un efecto disuasorio: "Es la única vez que eso ha pasado". 

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Al año siguiente, se decidió que el crimen de violencia emocional no era constitucional. "Con razón. Era una ley demasiado imprecisa y vaga para el derecho penal. Lamentablemente eso sirvió para que muchos opinadores empezaran a decir que el resto de la ley era inútil".

Pocos meses después, los asesinatos de mujeres volvieron a las cifras "normales".

 

Cada caso de feminicidio es excepcional, pero todos juntos son algo normal, un fenómeno naturalizado, como la lluvia

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