Historias

Un infierno de plástico y colores en el centro comercial más grande del mundo

Richard John Seymour retrata el gigantesco mercado chino de Yiwu en fotografías que deslumbran y asfixian

En la costa oriental de China, no demasiado lejos de la bulliciosa capital, se encuentra la región montañosa de Yiwu, una zona que siglos atrás fue hogar de granjeros y nido de pobreza. El hambre y la escasez obligaron a la población local a comerciar para sobrevivir. De aquellas primeras precarias transacciones surgió con el paso de los años una economía de mercado que, pese a las prohibicones del Partido Comunista, acabó transformando a Yiwu en uno de los principales nodos de intercambio comercial del país. Tanto es así que hoy Yiwu acoge China Commodity City, el mercado al por mayor más grande del mundo.

Allí cada día se mueven billones en divisas. Los comerciantes viven en sus pequeñas cabinas junto a los mismos productos que casi les asfixian, productos que se repiten por millares con pequeñas variaciones. Las luces fluorescentes y el plástico marcan las pautas de un paisaje inacabable moldeado a base de flujos de capital. El paisaje que ha retratado en sus fotografías Richard John Seymour, un joven fotógrafo británico que ha dedicado varias de sus series al llamado "milagro chino".

Viendo sus fotografías de Yiwu, que nos muestran sólo alrededor del 1% de todas las cabinas del mercado, el único milagro que viene a la mente es cómo los comerciantes son capaces de llevar vidas normales dentro de un entorno tan aparentemente deshumanizado. Un ecosistema tan frío y extremo como fascinante en el que las formas de vida deben tomar caminos que ni llegamos a imaginar.

Documentarlas era la misión de Seymour y sus compañeros de la Unknown Fields Division, un fascinante proyecto de investigación nómada que se dedica a explorar aquellas regiones del planeta en la que se desarrollan los nuevos paisajes olvidados de la hipermodernidad. Un viaje alucinante a las nuevas y esquivas complejidades del sistema en el que pasamos nuestros días, que nos recuerda nuestra cercanía con mundos tan aparentemente alejados como éste. Pequeñas cabinas psicodélicas en el otro extremo de un planeta cada vez más pequeño y al mismo tiempo cada vez más misterioso.

Los nuevos ecosistemas son chillones y repetitivos, y están más cerca de ti de lo que imaginas

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