Historias

Thought Catalog: luces y sombras del imperio de la autoayuda millennial

Porque ser joven es atiborrarse de contradicciones

Fotografía de Alice Baxley

A los millennials nos encanta leer sobre nosotros. Pero todavía hay algo que nos gusta más: escribir sobre nosotros mismos. Sobre estas dos premisas se ha levantado Thought Catalog, una web que amasa millones de visitas con historias hiper-personales escritas por y para millenials.

Bajo el lema “All Thinking Is Relevant” (“Todo pensamiento es relevante”), la web publica contenido generado por contribuyentes externos, en su mayoría jóvenes de entre 24 y 35 años con inclinaciones literarias.

¿Y de qué hablan? De cosas como “Qué pasa cuando un chico misterioso deja de responderte los mensajes”, “20 señales de que estás enamorada de tu mejor amiga” o “Lo que dicen de ti tus deseos sexuales secretos”. Todo con un estilo altamente emocional, a medio camino entre el periodismo en primera persona y la literatura de autoayuda.

Nuevo periodismo y voyeurismo emocional

Thought Catalog fue fundada por Chris Lavergne en 2010. Por entonces, Lavergne había dejado sus estudios en Hampshire College e intentaba abrirse camino como escritor. Había trabajado diseñando webs para bandas y como consultor de comunicación de una compañía de Wall Street. Entonces decidió fundir todos sus conocimientos e intereses en una sola página.

El crecimiento de Thought Catalog ha sido meteórico. Actualmente tiene más 38 millones de usuarios únicos y es una de las 50 webs más visitadas de Estados Unidos. Publica docenas de artículos al día. Algunos de escritores reconocidos con libros publicados, otros de adolescentes que escriben por primera vez. Algunos son reflexiones reveladoras, otros trivialidades cuya única razón de ser es el gancho viral.

Para Lavergne, esta dicotomía no solo es el distintivo de su página, sino de todo el nuevo periodismo. “Ambas cosas no son necesariamente excluyentes, pero definitivamente existe una tensión. Lo que ocurre con BuzzFeed es un ejemplo perfecto de esta área gris. Es una página plagada de contenido viral generado por usuarios complementado con reporterismo real. Puede que lograr que este equilibrio funcione sea el nuevo paradigma”, decía a Forbes en 2012.

Como BuzzFeed, Thought Catalog participa activamente en el debate sobre qué es el periodismo en la actualidad. Pero en vez de hacerlo combinando listas con GIFs de gatos con reportajes de altos vuelos, lo hace exaltando la intimidad. “¿Leer sobre las dificultades de alguien para superar el alcoholismo o un relato particular sobre un desamor es una noticia? Puede que no. Pero: ¿por qué no? No es la simple regurgitación de una nota de prensa. Es un documento descarnado de algo que ocurre en el mundo”, reflexionaba en la misma entrevista.

Gran parte del éxito de Thought Catalog recae en la afinidad que generan sus historias. Muchas de ellas apelan a la pertenencia generacional ( “22 cosas extremadamente satisfactorias que solo pueden ocurrir después de los 22”), a las experiencias compartidas ( “35 cosas importantes que solo entenderá la gente de Chicago”) y a la complicidad de género ( “11 cosas de las que hablan las mujeres cuando están con otras mujeres”). Los textos funcionan como un espejo. Y no hay nada que guste más a una generación narcisista que los espejos.

Pero si algo define a Thought Catalog son sus lifehacks, algo así como la actualización de las viejas columnas de consejos para la era digital. A menudo son listas que basculan entre lo más trascendente ( “8 lecciones que aprendí después de perder a mi madre”) a lo más trivial ( “7 razones obvias por las que deberías salir con un chico con barba”). También abundan los recuentos de primeras veces ( “El primer beso”, “La primera que llevé una chica al cine”, “Me he depilado los genitales por primera vez”) y las guías para afrontar incontables situaciones vitales. Todo ello escrito en primerísima primera persona, con un tono altamente confesional, que invita al voyeurismo emocional.

¿De verdad que “todo pensamiento es relevante”?

Es indiscutible que la fórmula de Thought Catalog funciona, pero también le ha granjeado numerosas críticas. Sus detractores suelen criticar el ombliguismo, la ingenuidad y la ligereza que exudan sus textos. Pero la verdadera fuente de controversia es su permisividad a la hora de escoger los contenidos.

En vez de tener una redacción burocratizada y un sistema de toma de decisiones definido, Thought Catalog es lo que se denomina como “platisher”, un juego de palabras entre “platform” (plataforma) y “publisher” (editor). No es un simple altavoz para voces anónimas. Es un producto editorial con unos trabajadores fijos que, a la vez, permite que cualquiera pueda auto-publicarse.

El único requisito para publicar en Thought Catalog es tener ganas de hacerlo. Puedes mandar un texto por mail, y pocas horas después verlo online. El único intermediario es un productor que se encarga de darle el formato adecuado y postearlo, pero no de juzgar o editar el contenido. El tipo de filtro que representan puede variar. Tal y como admiten tres empleados de la web al Washington Post, algunos “solo escogen las piezas que se adhieran a una determinada estética” y otros “solo buscan contenidos muy específicos para sus nichos de interés”. Pero muchos de ellos simplemente escogen un tema a ciegas y aprietan el botón de publicar.

Este laissez faire ha sido la mayor fuente de problemas para la página. En primer lugar están los trolls. Uno de los casos más célebres es el de Anne Gus, una contribuidora especialmente prolífica que había firmado docenas de ensayos feministas en la página. Este verano admitió en una pieza para Gawker que no era una chica ni era feminista, sino un cachas de gimnasio sueco de 19 años que pretendía “parodiar la típica insulsa pieza feminista que me había hecho hervir la sangre desde que había descubierto la página unas semanas antes”.

El tipo creó el pseudónimo y mandó un articulo llamado “5 cosas que las mujeres tienen que hacer durante la veintena (o si no las sufragistas murieron por nada)”. Para ello “escogió todos los ingredientes de la típica pieza en Thought Catalog: una pizca de autoconfianza por aquí, unas cucharaditas de egocentrismo por ahí, un toque de feminismo Tumblrino para darle una pizca de sabor y, finalmente, una cobertura de 'soy tan cool porque tomo drogas de forma casual como si nada'”. La página no solo publicó el artículo sino que ha hecho lo propio con las otras 50 que ha mandado. Evidentemente, los responsables de la página saben que se trata de un sátira. Pero han sabido transformar una crítica en una muestra más de su apuesta por la libertad de expresión.

Las contradicciones de la libertad

El problema es que la bandera de la libertad de expresión también suele utilizarse para cruzar las líneas de lo aceptable. Y Thought Catalog no ha sido ajeno a ello.

Este verano, dos piezas publicadas en dos días consecutivos generaron sendos terremotos en la red. En una de ellas, Gavin McInnes, cofundador de Vice y contumaz provocador mediático (algo así como un Salvador Sostres americano y hipster), afirmaba que “La Transfobia es perfectamente natural”. En la otra, un colaborador ocasional comparaba los disturbios de Fergusson con un vídeo de rap. En ambos casos, Thought Catalog intentó sacudirse de encima la responsabilidad con la argumento de que no siguen una línea editorial y que, tal y como explican en las FAQs de la página, son “una plataforma abierta que intenta no poner filtros en los posts”.

Pero es evidente que existe una tensión entre lo que la página dice que quiere ser y lo que es. No puedes convertirte en la voz de una generación sin apostar por una estética determinada. Así lo corrobora Gaby Dunn, un exeditor de la página, al Washington Post. “Cuando yo trabajaba ahí, había historias que 'no eran adecuadas para su audiencia', y eso es juicio editorial”. Y de la misma manera que este sirve para decidir si una historia tiene un tono acorde con la página, también debería servir para identificar cuándo se cruzan determinadas fronteras. Porque por mucho que algunos lo encuentren irritante, la sobredosis de angst post-adolescente es inofensiva. Pero la exaltación del odio nunca lo es.

Para solucionar estos problemas, Lavergne está preparando la introducción de cambios en el funcionamiento de la web. Entre ellos, una herramienta de “avisos” que permita a los lectores notificar cuándo un post resulta ofensivo. Cuando se llegue a un determinado número de notificaciones, Lavergne será informado y decidirá si retirar el artículo. También se introducirá un sistema de “insignias” que permita diferenciar los autores “avalados” por la web y los demás.

Pero la medida más llamativa quizá sea la que pretende eliminar definitivamente a los productores del proceso. Es decir, que cualquiera pueda publicar directamente en la página sin tener que pasar por ningún trabajador de la web. Puede que esta media se contradiga con las anteriores, y puede que acabe por diluir la identidad de la página. Pero esta dualidad entre cantidad y calidad es una más del tipo de tensiones con las que debe enfrentarse cualquier medio de comunicación actual. En el caso de Thought Catalog estas contradicciones forman parte de su esencia. Al fin y al cabo, es un medio que habla de nosotros. ¿Y qué somos sino un mar de contradicciones?

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar