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Historias

Sexo, política y viceversa: ¿nos gustan porque les votamos o les votamos porque nos gustan?

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Si un político nos parece atractivo es porque pensamos como él. Lo dice un estudio.

Alba Muñoz

22 Octubre 2014 09:49

“¡Guapo, guapa!”, grita la gente a sus políticos favoritos. Este piropo no se debe estrictamente al físico envidiable de los representantes públicos, sino a que los políticos con los que coincidimos ideológicamente nos parecen más atractivos.

Eso es lo que dice el estudio que acaban de publicar tres universidades estadounidenses. En general, los ciudadanos opinan que los políticos del partido al que votan o con el que simpatizan son más guapos. Aunque en el bando enemigo haya un Adonis o una Venus y el propio sea una figura corroída por los gintonics a deshora.

Durante el experimento se mostraron imágenes de líderes muy o bastante conocidos a un grupo de estadounidenses y se partieron las aguas: los demócratas vieron a Obama como un tío bueno y los republicanos se decantaron por el pivón de Sarah Palin. Dios los cría y ellos se juntan. Endogamia, vaya novedad.

Desde la superpopularidad de Kennedy, mucho se ha hablado de cómo la belleza física puede llegar a seducir a los votantes. Sin embargo esta investigación advierte de que las inclinaciones políticas tienen el poder de transformar nuestra percepción. Es decir, el amor es ciego también cuando se refiere a la gobernanza de nuestros territorios: antes van los ideales que la apariencia física; antes va el libro que la cubierta.

Si ligas no politiquees

No deja de ser curioso que, a pesar de la importancia que le damos a la ideología a la hora de encontrar pareja, los ideales políticos se destierren a la hora de ligar online. En webs como eDarling se recomienda pasar por alto estas especificidades para no ahuyentar a posibles contactos. De hecho, la mayoría de estos portales no incluye esta opción en los perfiles: “Nosotros sugerimos una batería de preguntas en las que tampoco están las inclinaciones políticas. Puede ser interesante incluir este tipo de información, pero también podría dar pie a puntos de vista enfrentados, que pueden no ser vistos como positivos”, explicó Andrés Ortín, brand manager de eDarling, a SModa.

No obstante, servicios más precisos para la búsqueda de pareja, como las agencias matrimoniales, inciden a fondo en este tema. De modo que nuestra opinión sobre la privatización de los servicios públicos es un vestido que nunca nos ponemos para salir una noche, pero es de suma importancia a la hora de buscar un compañero para convivir (o incluso poder respirar varios minutos seguidos en una misma habitación).

Fantasías políticas

Llegados a este punto, nos preguntamos sobre el orden de los factores “atracción” e “ideología” en las artes amatorias. El estudio anteriormente citado reveló otro dato interesante entre las filias de los estadounidenses: en una segunda fase del estudio, se mostró a los participantes fotografías de políticos menos conocidos. También se les pidió expresamente que los valoraran sólo por su físico. El resultado fue que mucha gente prefirió a candidatos de su signo contrario, y que en Estados Unidos no hay un look republicano o demócrata que guíe la líbido de sus ciudadanos.

En España, por el contrario, existe la percepción de que podemos identificar a un político socialista, pepero, a uno de Bildu y o de Podemos. Todo se basa en estereotipos, sí, pero eso no impide que nos hagamos la siguiente pregunta: ¿Qué fue antes, la atracción sexual o la política? Es decir, ¿es posible que nuestra debilidad por ciertos rasgos, gestos o portes nos conduzca irremediablemente a fantasear con alguien de nuestro mismo signo político?

La ideología es un magma de valores morales, culturales y concepciones generales sobre la vida que acaba trasladándose a un código estético: nuestras vestimentas y complementos hablan por nosotros, propician que nos identifiquemos y que nos sintamos atraídos por esa persona con la que, en primer término, compartimos muchas cosas. A este respecto resulta muy útil el estudio que Filósofa Frívola llevó a cabo sobre los outfits patrios: aquí los manifas y aquí los de ranciedad española.

El asunto se pone más interesante cuando los factores no coinciden o no son “coherentes”, a saber; un hipotético votante de Vox se siente atraído por una hipotética votante de Podemos, o alguien de las CUP tiene sueños calenturientos con María Dolores de Cospedal. Es más, ¿existe algún tipo de práctica sadomasoquista en este sentido? Sin duda este es un terreno que pertenece a la intimidad y que es material susceptible de novelas eróticas: “No me votes, bésame” sería un título posible.

La vida nos ha enseñado que las excepciones son muy comunes: a veces, aquél o aquella que no entra por el ojo acaba resultando embriagador y alguien con quien estamos de acuerdo en casi todo nos da repelús. También los defensores acérrimos de una causa política lo son para esconder sus propias perdiciones. Sólo hay que recordar a Frazier Glenn Miller, el líder del Ku Klux Clan que fue pillado in fraganti teniendo sexo con una transexual negra en su coche.



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