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Historias

'No os importe matar': crónica de un homicidio en los sanfermines

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Un disparo en la frente. Cuando la extrema derecha reventó la fiesta popular por excelencia

Ignacio Pato

07 Julio 2016 06:00

Dicen las cifras oficiales que 15 corredores han muerto en sanfermines desde 1922. Sin embargo, ahí falta Germán Rodríguez, de 23 años. Un tiro en la frente le mató en la edición más politizada de la fiesta pamplonica, la de 1978.




Los hechos: 'lo nuestro serán errores, lo otro son crímenes'

Recién finalizada la corrida del sábado 8 de julio, un grupo de peñistas entró a la arena de la plaza de toros. Es la tradición. Algunos de ellos desplegaron una pancarta: Amnistía total, presoak kalera. San Fermín sin presos. Parte del público les increpó levemente desde sus asientos. Llovió alguna almohadilla pero la calma parecía haber vuelto definitivamente cuando en el albero irrumpieron unos 40 antidisturbios de la policía armada, los grises.

En la plaza hubo balas de goma, gases lacrimógenos y 7 heridos por disparos de fuego real. Todo el mundo que pudo huir lo hizo. Las calles de Pamplona iban a ser el escenario final de la tragedia.

Hubo barricadas ante la sede del Gobierno Civil, carreras y tiros. Germán, militante de la Liga Comunista Revolucionaria, le preguntó a su amigo Patxi: '¿esto serán tiros de verdad?'. Poco después caía de espaldas abatido por uno.

En TVE, el ministro de Interior Rodolfo Martín Villa dejaba una frase para la posteridad:

—Lo nuestro serán errores, lo otro son crímenes.



El contexto: una negociación sangrienta


La frase resume en parte el clima político de aquellos años de plomo ibérico. Entre 1975 y 1983 murieron 591 personas por violencia política. ETA, GRAPO, la represión policial en la calle o comisaría y los grupos organizados de extrema derecha fueron sus principales responsables.

En julio del 78, Pamplona era una olla a presión. Herri Batasuna había nacido solo tres meses antes y ETA acabará ese año quintuplicando su número de víctimas. La organización trataba de forzar al gobierno a aceptar la Alternativa KAS, una "base democrática mínima (...) para cesar en la actividad armada". Uno de sus puntos era la negativa rotunda a un Estatuto de Autonomía que dividiera Euskadi de Navarra.

Justo aquel año se debatía el modelo autonómico que incluiría la Constitución. En esas, el status que tendría Navarra era crucial. La izquierda abertzale tenía enfrente a los partidarios de un modelo autonómico que triunfaría mediante la inclusión de una disposición que abría la puerta a la unión de Navarra a Euskadi, en caso de que así lo votara la primera en referéndum.

También la ultraderecha, convencida de que no habían ganado la guerra en el 36 para esto, estaba cada vez más activa. Dos años antes el sector más reaccionario de los carlistas había matado a tiros a dos simpatizantes socialistas seguidores de Carlos Hugo de Borbón en la subida anual a Montejurra, cerca de Pamplona.



8 de julio: 'no os importe matar'

La chispa política de aquellos sanfermines comienza con el asesinato del comandante de la policía armada Joaquín Imaz, junto a la plaza de toros de Pamplona en noviembre de 1977. Imaz cayó a manos de ETA. En su funeral se oyeron gritos de Navarra sí, Euskadi no.

Su sucesor, Fernando Ávila, entonces en la Legión, pidió el puesto voluntariamente. Años después, el cronista pamplonica de El País, Fermín Goñi, reveló en el documental Sanfermines 78 una jugosa información que le dio un confidente: Ávila había llegado a Pamplona 'para dar un escarmiento a esta ciudad tan rebelde'

En enero morían en un tiroteo dos miembros de ETA y un policía. El siguiente atentado sería en mayo. 5 kilos de goma 2 acababan con un guardia civil.

Al día siguiente, hubo una de las habituales rondas de ultraderechistas armados con bates y cadenas en el casco viejo. Uno de sus miembros recibió varios navajazos. Poco después murió. A pocos les sorprendió que fuera un subteniente de la guardia civil, Juan Eseverri, que en ese momento no estaba de servicio.

Decenas de sospechosos fueron detenidos. Cuatro de estas personas, algunas de ellas peñistas, continuaban en la cárcel cuando se dio el txupinazo en un ayuntamiento ocupado por sus familiares y amigos. Comenzaban, como tituló después el diario Egin, unos sanfermines rotos.

Cayó Germán Rodríguez. Hubo más de 150 heridos. Las fiestas se suspendieron, los hosteleros perdieron 116 millones de pesetas y miles de turistas se marcharon apresuradamente de una ciudad en shock. La misma Pamplona en la que el comandante Ávila había dado aquella orden la noche del sábado 8:

Repeled lo que nos están haciendo estos 200 o 300 hijos de la gran puta. Defended el área, cojones, defenderlo ahí como sea. Dad la vuelta a la plaza, preparad todas las bocachas y tirad con todas las energías, lo más fuerte que podáis. No os importe matar

El caso se cerró 5 años después por falta de pruebas.


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