Historias

Cuando el fútbol no era para pijos, este salvaje era el rey

La bio del considerado como futbolista más salvaje de Gran Bretaña, Robin Friday, será llevada próximamente al cine

Quiero que juegues el domingo y que lo hagas muy bien.

–Tranquilo, míster. Me iré a casa. No beberé. No me pelearé.

Eh, eh, eh. Miénteme si quieres, pero no tres veces seguidas.

Su entrenador conocía bien a Robin Friday, el futbolista más salvaje al que menos gente ha visto jugar nunca... Aunque los que sí le vieron no lo olvidarán fácilmente.

Ahora este jugador inglés, que ni siquiera llegó a jugar en primera, tendrá su propia película. Será el actor Sam Claflin (Piratas del Caribe, Los Juegos del Hambre) quien se ponga en su piel a partir de septiembre.

Pero, ¿quién era Robin Friday?

A esa pregunta se puede contestar de muchas maneras. Un futbolista, un macarra, un degenerado, un lunático o simplemente alguien que quiso vivir a su manera.

Los rivales le tenían miedo. Los dueños de los pubs temblaban cuando le veían entrar por la puerta. Los que tenían algo en el monedero trataban de mantenerse lejos. La policía le conocía también bastante bien y los hinchas le adoraban.

Alguien tendrá que hacer un buen trabajo de caracterización con el actor Sam Claflin

Básicamente y como se suele decir, Friday las hizo de todos los colores.

Solo jugó profesionalmente durante 5 temporadas (de 1973 a 1977) repartidos en 2 equipos: el Reading y el Cardiff City. Hablamos de un tío que nunca jugó en Primera División. Nunca llegó a la élite porque no le dio la gana. Tan simple como eso.

Estamos hablando también de un tipo al que le gustaba entrar a las discotecas a bailar con una gabardina... y nada debajo.

A su jodida manera

Así que lo mejor es que repasemos una lista de hazañas, disparates y leyendas que Friday, y ningún futbolista más, tiene en su currículum:

- Anfetaminas a los 15, reformatorio por detenciones por robo a los 16.

- Salir por ahí a emborracharse con un cisne bajo el brazo.

- Viajar en tren sin billete para ir a firmar por tu nuevo equipo.

- Jugar ebrio y ser el mejor de tu equipo.

- Enseñarles el culo a los rivales durante el partido.

- Tener las paredes de tu casa pintadas de negro porque cualquier estampado podría darte un mal viaje cuando estás colocado de LSD.

- Hacerse el gesto de jódete (en Inglaterra, dos dedos hacia arriba: como el signo de victoria pero al revés) a un portero rival después de marcarle un gol.

- Inventar una técnica para viajar sin billete en el tren. Gritar " ¡el ticket, por favor!" a alguien que está en el baño con la puerta cerrada. Cuando el viajero, agobiado, pasa por debajo de la puerta el billete, ya tienes uno para usarlo.

- Ser expulsado y decidir ir a defecar en el vestuario visitante como regalo.

- No empezar a tiempo la pretemporada porque estás en una comuna hippie siguiendo una dieta de drogas y sexo.

- Que te echen de un pub por hacer "el elefante". No sé si quieres saberlo, pero Friday le llamaba "hacer el elefante" a sacarse los bolsillos del pantalón por fuera mientras el pene también sale a ver la luz. El número se simultaneaba con un baile.

... pero además de todo eso, Friday tenía talento, mucho talento. En el campo, dicen que daba el 101%. De hecho, parte de su leyenda es cómo podía jugar con esa energía teniendo un estilo de vida tan, digamos, poco saludable.

Como George Best, pero en feo y pobre

El George Best proletario, así le llamaban a Friday.

Porque si George Best fue el quinto Beatle, el mayor mujeriego que el fútbol ha conocido, la estrella pop por excelencia de este deporte... Friday fue un macarra con tendencias autodestructivas que parecía la viva imagen de la deprimente década de los 70 en Gran Bretaña. Nada que ver con el Londres cool de los 60 ni con las piscinas y las modelos de Best.

Y claro, si Best dejó para la posteridad decenas de frases memorables, Friday estaba demasiado borracho o drogado como para poder verbalizar brillantemente lo que sentía. Georgie sabía explotar su sex-appeal (una de sus más míticas frases es " si yo hubiera nacido feo, nunca hubieran oído hablar de Pelé"), en el caso de Robin no podemos decir que tuviera demasiada materia prima de la que sacar partido.

Al fin y al cabo, Best nunca tumbó a un rival por haberle llamado "gitano". Friday sí.

Al tío no le importa un carajo

Pero lo que no tenía de guapo lo tenía de chulo y, en cierto modo, de rebelde. Como aquella vez en que, tras marcar uno de sus golazos, alguien le dijo: "Es el mejor gol que he visto en mi vida". La respuesta de Friday no pudo ser mejor: "¿En serio? Deberías venir a verme más. Lo hago cada semana".

Robin Friday puede ser considerado un precursor futbolístico de la Inglaterra multicultural: no le importaron mucho las críticas racistas hacia su primer amor, Maxine, en un país en el que la xenofobia comenzaba a ser intolerable. Cuando se casó con Maxine a los 17 años, el propio padre de Friday se negó a ir a la boda.

Por cierto, Friday acabó divorciándose de Maxine. Pero se volvió a casar. La crónica cuenta que Friday se puso a fumar un porro en la puerta de la iglesia y que hubo tal pelea entre los invitados que algunos acabaron robando varios regalos de boda. ¿Qué esperábamos?

"Tengo la mitad de edad que tú y ya he vivido el doble", dijo una vez nuestro amigo. Por supuesto, hizo honor a la frase: se retiró a los 25 años. Estaba harto de que le dijeran lo que tenía que hacer.

A los 38 años, Robin Friday murió de una sobredodis de heroína.

Para la cultura popular británica es algo así como un personaje de culto. La banda galesa Super Furry Animals, por ejemplo, le dedicó una canción llamada The man don't give a fuck.  

"Al tío no le importa un carajo"...

... es evidente que nunca una canción tuvo un título tan acertado.

¿En qué se diferencia una vida tirada a la basura de una vivida al máximo?

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