Historias

Peter Thiel, el excéntrico billonario homosexual que apoya a Donald Trump

Sus excéntricos proyectos le han llevado a convertirse en una de las personas más ricas de EEUU. Ahora, entra en la carrera electoral llevando la homosexualidad a los sectores más conservadores.

Peter Thiel podría liderar sin problemas cualquier top de “multimillonarios excéntricos”.

A sus 48 años, alberga un patrimonio neto de 1.300 millones de dólares. Un dineral que ha utilizado para financiar proyectos que prometen curar el envejecimiento, construir viviendas en aguas internacionales y elaborar carne a través de impresoras 3D. También lo ha utilizado para apoyar campañas republicanas.

El que fuera uno de los primeros inversores de Facebook y el llamado “Don de la mafia Paypal” –donde estuvo acompañado por el siempre de moda Elon Musk– será el primer ponente de una convención del Partido Republicano en anunciar su homosexualidad.

Efectivamente, Peter Thiel es gay y uno de los delegados que se han comprometido con Donald Trump.

Puede que suene contradictorio. Pero si algo define a Thiel es, precisamente, la contradicción.

Católico y homosexual. Republicano y progresista. Estudiante ejemplar de Stanford e impulsor de una beca de 100.000 euros para que jóvenes talentos abandonen la universidad y se hagan emprendedores. Defensor de la libertad de expresión –y donante del Comité de Protección de Periodistas– y el hombre dispuesto a llevar a la ruina a Gawker, la web de chismorreos más polémica de Estados Unidos.

Así es Thiel: contradictorio. Católico y homosexual. Republicano y progresista. Estudiante de Stanford e impulsor de becas para que jóvenes talentos abandonen la universidad.

Esto último es lo que ha provocado que haya sido portada de las revistas más controvertidas de la prensa rosa. Después de que Gawker revelara en 2007 la exclusiva de que “Peter Thiel es totalmente gay”, el emprendedor decidió acabar con su imperio a través de una serie de acciones legales en favor de todos los que lo necesitaran.

Así fue como consiguió que Hulk Hogan recibiera 102 millones en un juicio que parecía perdido y, a la postre, hacer que la revista tuviese que declararse en bancarrota.

Tal y como le retrataron en la serie Silicon Valley, donde servía de inspiración para el personaje Peter Gregory, su rudeza emocional oculta la figura de un idealista al que le da igual lo que tenga que hacer para cumplir sus objetivos.

Como profeta de un futuro utópico, ha invertido millones en campañas como la Singularity Challenge y fue portavoz de la Singularity Summit, el mayor evento que se ha hecho sobre el tema.

Además, en más de una ocasión ha dejado claro que huye de las startups que buscan revolucionar la industria con aplicaciones móviles o videojuegos. Thiel es mucho más pretencioso, y por ello invierte en proyectos como Modern Meadow, que investiga en la creación de carne impresa en 3D para acabar con la industria cárnica.

"Como no nos queda ningún lugar libre en el mundo, sospecho que el modo de escapar debe implicar algún tipo de proceso nuevo".

No obstante, la más llamativa de sus inversiones tiene su origen en la política. En el artículo “ La educación de un libertario”, que da las respuestas necesarias para entender su punto de vista político. En él, menciona el ciberespacio, el espacio exterior y la ocupación del mar como las tres fronteras claves para crear lo que él denomina como "un nuevo espacio de libertad".

El artículo de Thiel aclara varios puntos de su psicología.

Por una parte, justifica su inversión de 500.000 dólares en el Seasteading Institute, cuyo objetivo es establecer comunidades autónomas flotantes en aguas internacionales. 

Y, por otra parte, explica su ideología liberal: para Thiel, la libertad no encaja con la democracia.

El apoyo de Thiel podría ser un gran paso para la normalización homosexual LGTBI en los sectores más conservadores de EEUU.

Incluso, llega a decir cosas como esta: 

“Desde 1920, el enorme aumento de los beneficiarios sociales y la extensión del voto de las mujeres (dos grupos de votantes que son notablemente duros con los libertarios) ha convertido a la idea de ‘democracia capitalista’ en un oxímoron”.

Así que queda bastante claro el motivo de su apoyo a Trump.

Ambos creen que la llamada “socialdemocracia”, a la que aluden con tono despectivo, es un atraso para la sociedad estadounidense. Ambos creen que EEUU debe evitar guerras innecesarias –un eufemismo para decir que no ayudarán a comunidades externas que les necesiten–. Y ambos creen que la inmigración no permite el avance necesario para el país.

Pero el apoyo de alguien como Thiel, que ha declarado ser un gran seguidor del egoísmo racional de Ayn Rand, podría aportar grandes avances para los sectores más conservadores de Norteamérica. El hecho de contar con un ponente abiertamente homosexual normaliza a una comunidad que, tradicionalmente, se asocia al Partido Demócrata.

No es la primera vez que ocurre. El año 2000, Jim Kolbe, representante de Arizona, ya participó en el congreso que propuso a George Bush como candidato. Cuatro años después, el presidente de Los Republicanos de la Cabaña de Troncos Stephen Fong también dio un breve discurso. Pero ninguno dijo nada sobre su condición sexual.

Ahora, Thiel tiene la oportunidad para decir que entre los liberales también hay hueco para la comunidad LGTBI, totalmente aislada hasta el momento. Pero esto no quitará el hecho de que sea Donald Trump el hombre por el que todos ellos deben verse representados.

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