Historias

Me enrollé con mi compañera de piso, y ahora me he quedado sin casa

Lo peor es que me lo merezco

*Ilustración de Mike Mitchell

Esa mañana me volví a levantar en la cama de Carmen y ella me propuso que nos dejáramos de tonterías y que viviéramos juntos de una vez. Al principio pensé que tiene gracia que sea tu compañera de piso quien te dice eso. Pero, pensándolo ahora, no me río nada.

Hacía varios meses que Carmen y yo nos emborrachábamos en el salón y entonces ella me confesó que yo le gustaba. No quiero ir de sobrado, pero yo ya sospechaba algo, porque cuando vives con una persona y se pasa el día disimulando, al final se nota.

La cosa es que, durante la borrachera en alpargatas, acabamos enrollándonos. Y cuando abres esa veda con tu propia compañera de piso, es difícil acostarse solo teniéndola a ella tan cerca.

De ser un compañero de piso pasé a ser un señor casado en una sola noche

Siempre dormimos en su cuarto porque es amplio y tiene cama doble, mientras que el mío era un cuchitril. Así que podría decirse que había salido ganando. Pero, por lo visto, esa mañana rompí alguna barrera psicológica en la cabeza de Carmen.

Me dijo que no tenía sentido que yo siguiera pagando mi alquiler, que lo mejor para los dos era pagar a medias y vivir en su cuarto; es más, me dijo que sabía de una amiga que buscaba piso y que el martes le iba a enseñar mi habitación.

Y yo le contesté que sí, que claro, que era la solución más lógica; pero en el fondo pensaba... "¿De verdad quiero hacerlo?"

Me dijo que su amiga se llamaba Violeta y que me iba a caer genial

Cuando me enrollé con Carmen por primera vez, yo ya sabía dónde guarda sus bragas sucias y qué marca de tampones utiliza; también había desatascado varias veces la ducha obstruida por sus pelos y había limpiado rastros suyos con la escobilla del WC. Cosas de la convivencia.

Por tanto, de ser un chaval soltero que vive casualmente con una chica, salté todas las fases en una noche y me convertí en algo parecido a un señor casado que duerme a diario con su mujer. Un marido prematuro.

A Carmen no parecía importarle vivir como una señora pero a mí, en el fondo, me daba pánico que alquilásemos mi habitación a esa amiga suya: ese cuarto vacío era lo último que me quedaba de la vida de soltero.

Pero Carmen insistió, y me dijo que pensara en lo que nos íbamos a ahorrar, y en el fondo tenía razón y yo se la di; y luego me habló de su amiga, me dijo que se llamaba Violeta y que me iba a caer genial.

Ya lo creo que me cayó genial.

Llega el lunes y con él llega Violeta; y pasan dos semanas y una mala noche, en la cama, Carmen me dice que ella tenía razón, que Violeta me ha caído muy bien. Entonces oímos a Violeta volver a casa, riendo y medio bebida; ella se encierra en su cuarto, pero no está sola. 

A los cinco minutos escuchamos cómo Violeta hace el amor con nosequién, y Carmen se ríe y yo tengo que disimular lo mejor que puedo, porque me acabo de dar cuenta de que me he enamorado de la mujer equivocada.

Apagamos las luces y buenas noches, pero Violeta sigue sonando cruel al otro lado. No puedo dormir.

Carmen se ha puesto como una hidra y me ha dicho que soy una alimaña

El problema con Carmen no es la convivencia, sino que en realidad nunca la quise. Ahora sé que lo que siento por Violeta es de verdad; y que, por confundir amor con sexo asegurado cada noche, me he metido en un buen lío.

Como decía antes, cuando vives con una persona que se pasa el día disimulando, al final se nota. Yo se lo noté a Carmen y Carmen me lo ha notado a mí: me ha preguntado de sopetón que si no me llevo demasiado bien con Violeta, y yo me he puesto rojo y me he delatado.

Ella se ha puesto como una hidra y me ha dicho que soy una alimaña. Me ha pedido que me vaya, y yo debería haberme quedado a consolarla, pero estaba tan aturdido que le he hecho caso y me he marchado.

Vuelvo a casa preparado para ser odiado, insultado e ignorado por mi ex y por el amor de mi vida

Y en eso estoy ahora: me doy una vuelta por el barrio, espero a que se calmen los ánimos y, de paso, refresco las ideas.

Suena cruel, pero lo que más me repatea no es cómo se sentirá Carmen, sino cuánto me odiará Violeta. Sí, la convivencia va a ser horrible.

A estas alturas, Carmen ya se lo habrá contado todo a Violeta, y cuando vuelva a casa se podrá cortar la tensión con un cuchillo. Seguramente Carmen estará llorando y su amiga consolándola; entre las dos, me dedicarán su peor mirada de desprecio y yo me desintegraré víctima de sus rayos láser. 

Vuelvo a casa. Cojo aire y me preparo para ser odiado, insultado e ignorado por dos mujeres a la vez.

Pero, en lugar de eso, me encuentro todas mis cosas tiradas en el rellano de la escalera. Y entonces recuerdo que yo ya no vivo ahí.

Esto me pasa por confundir el amor con el sexo fácil

En fin, parece que esta noche voy a dormir en alguna oficina bancaria. La pregunta es: ¿había alguna manera de evitar todo esto?

Ahora que lo pienso, fue Carmen quien quiso enrollarse conmigo, también fue Carmen quien quiso que viviéramos en la misma habitación y fue Carmen quien metió a Violeta en casa.

Sí, me da pena haber perdido a Violeta para siempre. Pero, si no me hubiera enrollado con su amiga, Violeta no habría alquilado mi habitación y probablemente no la habría conocido nunca.

Yo solo me dejé llevar y el destino hizo todo lo demás.

A veces, basta con no hacer nada para acabar muy jodido

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