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Historias

"Me robaron la juventud. Fue un crimen"

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Alfons Cánovas tenía 17 años y estaba a punto de participar en un enorme evento político-deportivo. Su vida iba a girar 180º.

Ignacio Pato

19 Julio 2016 06:00

Fotografías de Agustí Centelles

Era un sábado extraño aquel 18 de julio de 1936. Barcelona estaba en vísperas de ser olímpica, pero los nervios no eran por las medallas. En el estadio de Montjuïc, los atletas trataban de concentrarse en el ensayo de las pruebas y el desfile de inauguración del día siguiente.

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Un aviso por megafonía confirmó el runrrún y mandó a todos a casa. Alfons Cánovas tenía 17 años y, con las prisas, se dejó en los vestuarios una americana azul. La recuerda hoy, con 98 años. También la "mucha ansiedad" que había aquella tarde.


?Alfons tenía 17 años. Era uno de los 6.000 deportistas inscritos en la Olimpiada Popular de 1936


Él era uno de los 6.000 deportistas de 23 países inscritos en la Olimpiada Popular de Barcelona. El evento tenía un doble significado político. Por un lado, ser la alternativa a los Juegos oficiales que tendrían lugar ese verano en Berlín y que serían usados por Hitler para legitimar internacionalmente el régimen nazi.

España boicoteó esos JJOO y organizó estos, apoyados por el gobierno de la República y el de la Generalitat. Una Olimpiada hija de la victoria del Frente Popular en febrero de aquel año.

Un evento que haría de Barcelona la capital antifascista del deporte. Iba a haber 19 disciplinas deportivas, con categorías de élite, expertos y aficionados, y las sedes incluían los campos de fútbol de Les Corts y los del Júpiter y el Martinenc. "Yo iba a ser el representante de los clubes deportivos del barrio", recuerda Cánovas. "Pero la cosa pintaba mal".


?Barcelona iba a ser la capital antifascista del deporte, pero el golpe franquista abortó todo


Un grupo de milicianos desfila, pata de jamón y lata de sardinas incluida, por la calle Nou de la Rambla


Un fin de semana para cambiar una vida

Y Cánovas se volvió a su barrio, la marinera Barceloneta. Allí llevaba, como dice hoy, una vida normal. Tan normal que iba a hacer el desfile inaugural en bañador. Para eso era nadador y jugaba al waterpolo en el Barceloneta Amateur Club, el humilde embrión del actual Atlètic Barceloneta.

Pero aquel fin de semana le cambiaría la vida.

"A la mañana siguiente, domingo, se oían tiros", cuenta. "A escondidas, mis hermanos y yo intentamos llegar hacia el centro de Barcelona pero no pudimos. A la salida del barrio ya había una barricada". Fueron disparos y barreras efectivas: centenares de barceloneses se habían echado a las calles, armados apresuradamente, impidiendo a los golpistas tomar la ciudad.


?Se oían tiros. Había barricadas. Centenares de barceloneses habían salido armados a las calles para frenar a los golpistas


Horas más tarde, el empeño de Alfons tuvo éxito. Llegó hasta el Passeig Colom y allí se alistó voluntario para defender la República. Muchos de los deportistas que habían llegado a las Olimpiadas Populares hicieron lo mismo. Fue la semilla de las Brigadas Internacionales.

"Hasta entonces no me interesaban la política ni los partidos. Me gustaba el deporte y salir a divertirme. Pero sentí aquella injusticia", evoca. La guerra también cortó un noviazgo.


?Alfons se alistó voluntario para defender la República: 'Hasta entonces no me interesaba la política, solo el deporte y divertirme'


Militantes de CNT se organizan en Via Laietana


El frente. Durmiendo con muertos

El recuerdo del frente es agrio. Alfons Cánovas estuvo en dos de las batallas más duras de la guerra, Brunete y el Ebro. Ambas perdidas.

"En Brunete estuve en primera línea y en el Ebro en el hospital de campaña. Siempre reculando. Pasando hambre y miseria, cuatro meses sin cambiarnos de ropa en Aragón". 

"La ilusión de ganar la teníamos, sí, pero se fue yendo con el tiempo", reconoce. "Nosotros éramos un ejército hecho deprisa y corriendo, y ellos estaban bien organizados, con mandos profesionales. No podíamos ganar".


Estuvo en dos de las batallas más duras, Brunete y el Ebro. 'Siempre reculando, no podiamos ganar', recuerda


Cánovas tiene una certeza, en este caso más tranquilizadora. "Creo que no maté a ninguno; yo no disparaba a matar", afirma. "Es verdad que nunca intervine en ningún combate cuerpo a cuerpo. Disparaba de trinchera a trinchera, y había más de 200 metros. Aunque apuntes bien, nunca sabes si le has dado a alguien. Nunca vi ninguno caer por tiros míos".

No olvida haber dormido al lado del cadáver de un compañero, en Brunete, dándose cuenta solo cuando aquel no le contestaba. "Otra noche, en Teruel", cuenta, "no podía dormir de la peste que había. Tenía allí debajo un muerto enterrado". A Teruel precisamente le llegó una noticia que todavía hoy le quiebra la voz.


'Creo que no maté a ninguno. Yo no disparaba a matar'


"Fue en uno de los bombardeos italianos sobre Barcelona. Mataron a mi padre mientras estaba trabajando en un huerto que se había hecho aquí al lado. La bomba le alcanzó de pleno", recuerda. "Fue el 19 de enero del 38. Me acuerdo porque justo aquel día habíamos coincidido los tres hermanos en el frente".

Hace tres años, Alfons consiguió abrir una causa en la Audiencia de Barcelona contra la Aviazione Legionaria de Mussolini por aquellas bombas que violaban la legalidad internacional sin declaración de guerra por parte del estado italiano. Hace unos meses, Rosina Costa, hija de uno de aquellos aviadores, vino a Barcelona a disculparse con la familia Cánovas.


'Mataron a mi padre mientras trabajaba en su huerto. Fue en uno de los bombardeos italianos sobre Barcelona'

Un caído en la Rambla Santa Mónica


Lágrimas y sirenas

No fue lo único que le quitaron a Alfons aquellas derechas cuarteleras. "Yo era muy joven", dice. "Todos los recuerdos de los momentos previos son buenos. Creo que no solo a mí, sino a todos los que tenían mi edad, nos robaron la juventud. Fue el peor crimen que cometieron, después de matar directamente".

La avenida Diagonal se llenó de brazos en alto para saludar la entrada de Franco en la capital catalana. "Nadie me vio, pero lloré. De rabia e impotencia", recuerda Cánovas. Comenzaba 1939 y hasta 1979 la calle se llamaría avenida del Generalísimo.


'Nos robaron la juventud. Cuando Franco entró en Barcelona nadie me vio, pero lloré de rabia e impotencia'


"Fueron 40 años inútilmente perdidos. Mi generación no pudo disfrutar de su tiempo de mayor ilusión. Ese cuando todo son proyectos. Todo aquello se rompió. Teníamos veintipocos pero era como si tuviéramos ya 40", se lamenta.

Alfons no se fue de su barrio. Siguió haciendo waterpolo hasta los 27 pero sobre todo nunca dejó su oficio de siempre. Hoy su nieto es la tercera generación que atiende la joyería de barrio donde Cánovas ha pasado toda su vida.


'Teníamos veintipocos pero era como si tuviéramos ya 40'


A dos años del centenario, sigue pendiente de abrir la puerta de la tienda si un cliente toca el timbre. Se sigue considerando "un demócrata de izquierdas". También cree que hay homenajes "que llegan muy tarde". Hoy Alfons es "un señor mayor que ya no llora, pero que a veces lo haría por la frustración de no poder ir a la esquina de la calle" por problemas de movilidad.

El tiempo, más que curar, pasa. Los testigos de los tiros en la Barceloneta se van llevando para siempre esos sonidos. El barrio es hoy núcleo duro del parque temático que Barcelona ofrece a los turistas. Aquí un domingo de julio, temprano, es sinónimo de resaca para muchos. De paz para el resto.

Una calma imposible de rasgar en día libre por sirenas de las fábricas llamando a las armas. Eso pasó aquí hace 80 años. Y ya nada volvió a ser igual.



Guardias de asalto y milicianos aprovechan un caballo muerto como barricada en la esquina de las calles Diputació y Roger de Llúria

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