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Historias

Una vida expuesto a la radiación por su amor brutal a los animales

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Naoto Matsumura vive en soledad en Fukushima cuidando de los animales que el desastre nuclear dejó olvidados

Luis M. Rodríguez

23 Marzo 2015 06:00

"Daría mi vida por ti". ¿Cuántas veces hemos oído esa frase como expresión de amor incondicional entre humanos? Muchas, seguro. ¿Y entre humanos y mascotas? ¿Cuántas personas estarían dispuestos a sacrificar su propia vida por el bienestar de sus animales?

Naoto Matsumura se levanta cada día para darle un nuevo sentido a esa expresión. Hace cuatro años, el desastre nuclear de Fukushima obligó a este japonés de 55 años a abandonar su casa en la localidad costera de Tomioka junto al resto de su familia. Poco tiempo después, Naoto decidió volver a instalarse en el pueblo, haciendo caso omiso a todas las recomendaciones de seguridad.



Se considera que Matsumura es la única persona que a día de hoy vive en la zona de exclusión de 20 kilómetros decretada por el gobierno japonés alrededor de la planta nuclear accidentada.

En las redes se le conoce como el 'último hombre de Fukushima' o el 'guardián de los animales de Fukushima', porque a eso se dedica.



Naoto volvió a la casa familiar con la idea de atender a sus perros, que llevaban días sin alimento. Una vez allí, empezó a percatarse de otras muchas criaturas que le necesitaban tanto o más que las suyas.

Liberó a muchos animales que habían quedado atados o encadenados en el momento de la evacuación y empezó a alimentarlos a todos, a cuidar de mascotas y ganado.



El gobierno le ha prohibido permanecer en la zona, pero eso no le detiene. Él sigue adelante con su misión de velar por los animales olvidados de Fukushima, una tarea que consigue desarrollar gracias a las donaciones de quienes sienten simpatía por su causa.

"Todos nosotros hemos sido abandonados por el gobierno", cuenta Matsumura en el documental que le ha dedicado Maya Nakamura. "Así que los animales y yo nos quedamos".



Nuestro hombre es perfectamente consciente del riesgo que corre permaneciendo donde está. Se ha sometido a más de una medición de radioactividad y los resultados no dejan lugar a la duda: su cuerpo registra niveles de radiación muy superiores a los máximos permitidos.

Él lo lleva con entereza. "Rehuso preocuparme por eso", dice. "Me dijeron que soy el campeón en radiación. Pero también me dijeron que los primeros síntomas pueden no aparecer hasta después de 30 o 40 años. Lo más probable es que ya esté muerto por aquel entonces, así que no podría preocuparme menos".


Lo importante no es mantenerse vivo, sino mantenerse humano

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