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Historias

Dingzihu, las casas malditas del capitalismo

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Las dingzihu o casas-clavo son viviendas que han tratado de resistir al avance imparable del moderno urbanismo chino

Ignacio Pato

21 Abril 2015 06:00

"Esta es mi casa y de aquí no me van a echar". Esta frase, tristemente célebre en los últimos años, ha dado lugar en China a una palabra nueva: dingzihu

Dingzihu significa casas-clavo, y se las conoce así por resistir, como estuvieran clavadas en el suelo, a la modernización urbanística china. Su origen es simple: el gobierno chino necesita el espacio que ocupa un determinado inmueble para construir urbanizaciones de lujo, edificios de oficinas o centros comerciales. A partir de ahí, el gobierno ofrece una cantidad mucho menor del valor real de la casa a sus propietarios. Estos, en ocasiones, ya sea por la baja suma de dinero o por razones sentimentales, rechazan la oferta.

Es así como casas como esta quedan atrapadas en mitad de la nueva China:



Las dingzihu se convierten en testigos del proceso homogeneizador que experimenta China como parte de su crecimiento exponencial en los últimos años. Asimismo, las dingzihu también se han convertido en símbolos de resistencia a un cambio forzado.

Entre la vivienda y el tándem compuesto por gobierno y mercado parecen haber quedado atrapadas millones de personas. Luo Bagen y su esposa fueron dos de ellos.

La casa de la carretera



Hace algo más de dos años, el caso de Luo Baogen se hizo viral. Este criador de patos de 67 años de la provincia de Zhejiang se negó a vender su casa al gobierno, que necesitaba el espacio para finalizar una carretera. Durante meses, y hasta que Baogen y su esposa aceptaron una compensación de unos 30.000 euros, su casa en medio del asfalto fue símbolo de esta colisión entre dos mundos.



La vivienda de Luo Baogen y su esposa fue el último obstáculo para una carretera del gobierno chino

Como en otros casos, el gobierno comenzó las obras como si la casa no existiera. Es una de las medidas de intimidación usadas, en combinación con cortes de luz y agua.

Víctimas del progreso vertical


El modelado del paisaje urbano por parte del poder se ejecuta a través de varias vías.

Unas veces, en los casos más dramáticos, es por medio de desahucios directos en los que, con ayuda de las fuerzas de seguridad, familias enteras son privadas del hogar.

Otra manera de modelar la ciudad es mediante la imposición vertical, dirigida desde un sistema al cual no le rentan las viviendas tradicionales, los pisos de clases baja o las casas que llevaban décadas sirviendo de cobijo a familias enteras. Estas no dan réditos; las cuentas de la ambición no salen. Es por eso por lo que que deben dejar paso a edificios de oficinas, urbanizaciones, autopistas , centros comerciales o franquicias transnacionales.

Es decir, al dinero.



El sistema tiene siempre a punto herramientas para sacarse de encima molestias como estas casas-clavo. Al fin y al cabo, las personas no cotizan en los parquets de bolsa.

Aún menos rentables son los espacios en los que los ciudadanos pasan su tiempo no productivo para el capitalismo...

Es decir: sus hogares.













Aunque el capitalismo se lo ponga, un hogar no tiene precio



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