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Historias

Nariz mojada y mirada fija: 10 sentimientos de tu perro en la carretera

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La vida desde el otro lado de la ventanilla

Alba Muñoz

25 Mayo 2015 06:00

Selección de fotos de Offset para Feature Shoot.

Decides llevar a tu mejor amigo contigo en un viaje por carretera. Por su rabo en modo hélice, dirías que a él también le parece una buena idea.

Da un brinco, sube al coche. Después de unos momentos de respiración acelerada, se relaja y mira el paisaje.

Tú le miras por el retrovisor.

Paras en una gasolinera y sales del vehículo. Cuando te alejas unos pasos siempre miras atrás porque sabes que él también está mirando.

Entonces imaginas lo que siente: ¿por qué me dejas aquí? ¿y si no vuelves?

Lo haces con buena intención. Será un momento y ahí fuera no hay nada interesante.

No quieres que se enfríe, pero a veces olvidas que él lleva un abrigo de visón.

Lo estás protegiendo de una fiesta en la nieve. ¿Qué clase de animal eres?

Le debes muchos favores.

Como peluche viviente, sabe mantener a los niños entretenidos. 

Si pudiera, te cambiaría el sitio.

Siempre te aprovechas de su lealtad.

Y él sabe cómo reprochártelo con la mirada desde el otro lado de la ventanilla. 

Los coches y los perros no son enemigos. 

Aman la velocidad más que tú, precisamente porque la única tecnología que utilizan para sentirla son sus propias patas.

Y estas no tienen marchas, ni acelerador.

Tu perro confía en ti, te sigue sin saber dónde le llevas. Nunca pregunta cuánto falta para llegar.

 Todo se ve diferente desde aquí arriba, desde este suelo mullido. También los pájaros y las ovejas.

 Ponte en su lugar. Ir coche es como formar parte de la tripulación de un cohete mágico, pilotado además por su humano preferido.

Y él es el mejor detective: lo que más les gusta es averiguar qué sucede a su alrededor, buscar olores que hablen.

Pero eso sólo puede suceder cuando las ventanillas están bajadas.

O cuando las ruedas están en movimiento.

Sí, a tu perro le gusta viajar. Le pasa como a ti: el coche puede ser sinónimo de escapatoria o una cárcel que lleva al desespero. 

Puede ser infierno y libertad.

¿Qué siente tu perro cuando te mira desde el otro lado de la ventanilla?

Has dado un portazo y aun así quiere que vuelvas.

Sabe que no vas a llevarle a ningún bosque, a ningún río o pradera. Acabas de aparcar junto al centro comercial. Acabas de aparcarle a él también.

¿Cómo te sientes?

Si hubieras dejado las llaves puestas en el contacto, quizá te hubieras quedado tú mirando a lo lejos, con la nariz mojada y la mirada fija.


El amor más puro es el que comparte la libertad





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