Historias

Modelos, axilas y nuevos cánones: las tops confirman la faceta sexy del pelo

Con su serie "Natural Beauty", el fotógrafo Ben Hopper quiere que cuestionemos nuestros estándares de belleza

Pelo libre, mujer libre. El vello en las axilas y en el pubis se ha convertido en una forma de reivindicar la libertad femenina. Otras veces, sin embargo, ese estado natural no quiere reivindicar nada, y tan solo es un acto político involuntario.

Pero cuesta. Es difícil que todo nuestro bagaje estético sexista pueda llegar a concebir un sobaco sin depilar como algo natural, bello e incluso sexy. Muchas personas no tienen la necesidad ni desean cambiar esos parámetros y costumbres arraigadas ("me he hecho el láser, ¡ahora qué!"), pero hay creadores, como el fotógrafo Ben Hopper, que nos propone explorar la belleza agazapada en un físico salvaje.

Hopper comenzó en 2007 una serie de retratos titulada Natural Beauty, con la que pretende aportar su granito de arena frente a lo que considera un "lavado de cerebro" de la industria de la moda: "No trato de decir que quiero que las mujeres se empiecen a dejar vello en la axila. Lo que creo es que es una posibilidad que la gente no tiene por qué desechar. Me gustaría que la gente simplemente cuestionara los estándares de belleza", explicó Hopper a The HuffPost.

Algunas de las modelos que trabajaron con Hopper, y que debían dejarse crecer el vello para la sesión, no pudieron enfrentarse al peso de sus propios prejuicios. El fotógrafo explica que se notaba su incomodidad, y que hubo abandonos de última hora: “Una de ellas me dijo que estar sin depilar le daba asco”.

Ese rechazo al propio cuerpo en su estado natural, y no la voluntad de hundir a las marcas de cuchillas y de cera depilatoria, es el punto sobre el que Hopper quiere que reflexionemos. ¿No muestran sus retratos a mujeres bellas? ¿Qué vemos al mirarlas detenidamente? Al observar durante un rato, nuestra percepción inicial muta y hallamos la sensualidad de estos físicos en todo su esplendor.

El debate continúa

Después del éxito de iniciativas de apoyo a las mujeres que deciden no depilarse y no ocultarlo, como la que se desató en Twitter con los hashtag #Sobaquember y #Sobaquary, van apareciendo nuevos ejemplos de campañas y famosos que se alistan en uno de los dos frentes. Un ejemplo reciente es la selfie que se sacó Madonna en Instagram “¿Pelo largo? ¡No importa! Corazón rebelde”.

En el bando contrario está la nueva campaña de Veet, que lanza la idea, poco sutil, de que las mujeres que no se quitan el vello corporal no solo son hombres, sino hombres que la marca considera físicamente desagradables. La serie de anuncios muestra a mujeres inicialmente atractivas que se transforman en hombres peludos y rechonchos debido a que “ayer olvidaron depilarse”. El atrevimiento tiene consecuencias nefastas para ellas: el rechazo de sus propia pareja (de pronto, el pobre novio se despierta junto a un camionero), la sorpresa de sus esteticiens y los taxistas que se niegan a llevarlas.

El eslogan, “Siéntete mujer las 24 horas del día”, representa a la perfección la batalla simbólica (y económica) que se está librando en las axilas femeninas del globo, y que pretende desatar el corsé de la “feminidad”. ¿Acaso no son mujeres, y no muestran sentirse así, las chicas retratadas por Hopper? La elección final es personal e intransferible: podemos dejar que el debate crezca y se rice o podemos arrancarlo de raíz. En todo caso, la fertilidad pilosa insiste (y lo seguirá haciendo hasta que los designios de la evolución transformen nuestros cuerpos), en salir al mundo exterior.

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