Historias

La demoledora historia que se esconde tras lo nuevo de Tim Burton

Walter Keane vendió millones de cuadros... pero era su mujer quien los pintaba

Shakespeare nunca fue una sola persona, Kubrick dirigió el fake de la llegada del hombre a la Luna y el pintor húngaro Elmyr de Hory estafó millones vendiendo obras falsas de autores célebres. El mundo de la creación está tan lleno de leyendas urbanas, juegos de espejos y dobles identidades como cualquier otro.

También lo está de mujeres que vivieron a la sombra de sus maridos artistas, como Lee Krasner y Jackson Pollock, o Zelda y Scott Fitzgerald. Pero seguramente ningún caso sea tan excepcional y triste como el de Walter y Margaret Keane.

A principios de los años 60, las pinturas de Walter Keane se vendían por millones. La crítica las despreciaba, pero en plena explosión del American Dream, no había grandes almacenes en Estados Unidos que no vendiera reproducciones de sus cuadros. Siempre recurrían al mismo motivo: niños y niñas de escasa estatura y cabeza grande, mirando al espectador con enormes ojos tristes.

Todo estupendo salvo por un detalle: no era Walter quien los pintaba, sino su mujer Margaret. Él sólo era un pintor frustrado con un gran ojo para el marketing y el carisma suficiente para embaucar a un país entero, para innovar la forma en que se vendía el arte y hacer de él un negocio dirigido a las masas.

Por supuesto nadie era consciente del juego de manos. Y mucho menos de la situación de casi esclavitud en la que Margaret vivió ocho de los diez años que estuvieron casados. El dinero empezó a fluir y las celebrities se sucedían en la piscina de su nueva mansión. Pero ella apenas se enteraba ya que su marido la obligaba a pintar dieciséis horas al día y casi no la dejada salir de casa. Mientras, él disfrutaba un vida de lujo.

El escándalo no saldría a la luz hasta muchos años más tarde, cuando Margaret consiguió liberarse de la tiranía de Walter y le interpuso una demanda millonaria. Para entonces ella vivía en Hawai y se había hecho testigo de Jehová. Él, por su parte, se había aplicado a conciencia en beberse la fortuna que consiguió a costa de su mujer. Aunque ganó, Margaret nunca recuperó el dinero que le correspondía.

Hoy, con 87 años y una película dirigida por Tim Burton en camino ( Big Eyes, estreno el 25 de dicembre), la pintora parece haber hecho las paces con su historia. Al fin y al cabo para ella nunca se trató de ganar dinero. “Esos niños tristes eran sentimientos profundos que no podía expresar de otra manera”, cuenta en The Guardian.

Margaret sólo quería pintar lo que llevaba dentro. Y contra viento y marea, así lo hizo. Su historia es la de muchas mujeres anuladas por un mundo que no las acepta. En nuestras manos está ahora reconocer su verdadero legado.

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