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Historias

Postales claustrofóbicas desde la jungla del mundo globalizado

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Las fotografías de Marcus Lyon reflejan la locura de acero y gasolina en la que vivimos inmersos

Natxo Medina

21 Enero 2015 07:00

La maquinaria nunca se detiene. El dinero fluye por las redes del capital virtual. Los camiones pisan las carreteras y los trabajadores hacen turnos triples. Los campesinos ya no lo serán más: han oído que en la ciudad hay muchas oportunidades para quien trabaja duro. Mientras tanto miles de cargueros recorren el mar uniendo los puertos a base de mercancías y quizás seres humanos en situación clandestina busca de algo parecido a un futuro.

Este es el mundo que el fotógrafo Marcus Lyon se ha propuesto reflejar en sus series BRICS, Timeout, Exodus o Stadia. Un mundo que, como en la película Baraka, está en desequilibrio.

Hasta llegar a su trabajo actual, Lyon tuvo que atravesar varias etapas. Primero fue un politólogo especialista en cuestiones de liderazgo y gobernanza. Sin embargo, su trabajo temprano junto a Amnistia Internacional en Sudamérica le acabó convenciendo para embarcarse en una investigación artística apasionada desde el corazón de la globalización, que ya dura más de veinticinco años.

Tras un primer periodo en el que se concentró en retratar lo pequeño, su trabajo cambió de escala. Incapaz de resumir en palabras un monstruo tan gigante y tan invasivo como el de un mundo en rápida transformación, Lyon se ha acercado a la poderosa inmensidad de las grandes redes transnacionales, de las migraciones urbanas o de las infraestructuras mercantiles a través de un lenguaje artístico que distorsiona y exagera la realidad para explicarla.

Sus fotografías muestran paisajes urbanos abigarrados, en los que apenas se vislumbran árboles y las construcciones parecen repetirse hasta el infinito. Líneas ferroviarias en continua expansión, sin límites. Bloque tras bloque de cemento, acero y cristal. Un delirio de turbinas en el cielo creando un ballet de polución y ruido. Son verdad sólo en parte, ya que se trata de fotografías manipuladas digitalmente. Pero de alguna manera son más verdaderas que la simple captura de lo real, porque nos cuentan una historia.

Una historia de la que apenas somos conscientes en nuestro día a día, pero que es el ruido de fondo sobre el que superponemos nuestras vidas. Las imágenes de Lyon son ventanas a esa belleza terrible y difícil de entender, de la que todos nosotros también formamos parte.



Para entender un mundo que nunca duerme, necesitamos romper la prisión de lo real



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