Historias

Lujo, guillotinas y supermercados: los 8 productos más absurdos de la moda

Las firmas de moda no sólo venden vestidos y perfumes. También condones, cigarrillos, helados y textos comunistas.

Las marcas pueden hacernos ver con otros ojos los objetos que, por comunes, nos pasan desapercibidos. Incluso pueden convertir lo más popular y masivo en un verdadero objeto de distinción. Ahí están las fundas de móvil de McDonald´s diseñadas por Moschino, las cajas de cereales reconvertidas en bolsos de lujo de Anya Hindmarch o el supermercado de Chanel que construyó Karl Lagerfeld en su pasado desfile.

Recientemente, el artista israelí Peddy Mergui reflexionaba sobre esta cuestíon en "Wheat is wheat is wheat", la exposición que se pudo ver hasta el pasado junio en el museo de diseño de San Francisco. Para ello revistió objetos cotidianos con envoltorios de marcas de lujo. Su fin era hacer reflexionar al espectador sobre la sociología de nuestras tendencias de consumo: café de Prada, salchichón de Vuitton, mandarinas de Nike... según Mergui, el poder de ciertas marcas es tal que el público no se plantea la calidad, la estética o la conveniencia de sus objetos: los compra porque el logotipo del envoltorio simboliza todo aquello con lo que se identifica.

Cuando se trata de moda, las firmas, conscientes de su influencia, se lanzan a crear todo tipo de productos en los que dejar constancia de su presencia: no son vestidos, ni siquiera colonias o maquillaje, sino objetos de lo más insólito que demuestran que, aún hoy, el logo sigue importando.

1. El libro de Marx de Louis Vuitton: la marca de lujo más vendida del mundo, la firma que vende bolsos a mujeres que quieren expresar a gritos lo inflada que está su cuenta bancaria, edita y comercializa textos del padre del comunismo. Vuitton tiene una serie de objetos basados en el concepto de viaje, entre los que se encuentran guías para tener experiencias excusivas en ciudades y relatos de grandes autores. Pero quizá la figura de Marx entre un poco en contradicción con los valores de la marca. O quizá no. No hay mejor ejemplo de plusvalía que Louis Vuitton.

2. La caja de sushi de Kate Moss: el año pasado, la cadena de tiendas Sushi shop contrató a la supermodelo para que eligiera sus tipos de sushi favoritos. Las 40 piezas de la caja cuestan 45 euros y el paquete lleva, obviamente, la firma de la modelo británica. Sí, hay gente ahí fuera que elige su comida en base a las preferencias de sus ídolos. El éxito de la iniciativa ha hecho que la colaboración haya vuelto a renovarse, esta vez con más sabores.

3. El envase de Nocilla de Victorio y Lucchino: la moda española merece una mención especial en esto de los productos insólitos. Hay thermomix firmadas por Juan Duyos, kits de viaje para mascotas de David Delfín y todos los objetos de papelería imaginables con los corazones y las margaritas de Agatha Ruiz de la Prada. El pasado otoño, las supermercados nacionales se llenaron de vasos de Nocilla diseñados por Victorio y Lucchino. Se inspiraron en "las flores, los colores y todo el espíritu de Andalucía". Dentro, al menos, seguía habiendo crema de chocolate con avellanas.

4. Los condones de Marc Jacobs: el diseñador es un experto en estampar su firma en mil y un objetos baratos (y hacer caja con ello). Hace unos años su vena de gurú le llevó a vender en sus tiendas preservativos a uno y dos euros firmados por él mismo bajo el consejo "Recuerda, la seguridad es lo primero". Cientos de adictos a la moda todavía no los han sacado de sus envoltorios.

5. La guillotina de Chanel y el váter de Prada: a finales de los noventa, el artista Tom Sachs creó una serie de piezas firmadas por las marcas de moda más importantes del mundo. El logo de Chanel decoraba una guillotina y una sierra eléctrica, el de Hermés el envoltorio de un menú de comida rápida y el de Prada sofisticaba un inodoro y la maqueta de un campo de concentración. Lo que en principio parecía una crítica demoledora acabó tomándose como un halago por parte de algunas de las enseñas implicadas. A Prada, por ejemplo, le fascinó la iniciativa. Hoy estas piezas han ido ganando relevancia en el sector y Sachs vende algunas de sus obras en templos de la moda como VFiles. Si no puedes con el enemigo, únete a él. O déjale entrar a tus fiestas.

6. La escultura de chocolate del novio de Karl Lagerfeld: el director creativo de Chanel, ese que comercializa muñecos inspirados en su persona, también diseña los envoltorios de los helados Magnum. Y para celebrar la alianza, amuebló una habitación de hotel en París con diez toneladas de chocolate belga. Aprovechando la ocasión, esculpió con cacao la figura de su por entonces protegido, el modelo Baptiste Giacobini. La perturbadora estatua recibía a los huéspedes tumbado sobre la cama en ropa interior.

7. Las muñecas rusas de Martin Margiela: si las matrioskas son ya de por sí el objeto más inútil del mundo. Las de la marca de moda belga, por no tener, no tienen ni cara de muñeca. Se trata de varios cilindros blancos sin ningún tipo de adorno que caben unos dentro de otros, Cuestan cuatrocientos euros y son uno de los productos estrella de la casa. Han pasado años desde que la marca se hiciera famosa con su concepto de anti moda, pero a conceptuales (y a irónicos) todavía no les gana nadie.

8. Los cigarrillos de Yves Saint Laurent, Lacroix o Cartier: ¿se imaginan entrar en un estanco de lujo y pedir un paquete de cigarrillos de Alta Costura? En los ochenta pasaba. Y mucho. Las marcas de moda invadieron la industria del tabaco con sus paquetes dorados y sus cigarrillos finos y alargados. Obviamente, costaban el doble que los normales, pero eran un modo muy eficaz y barato de mantener contenta a una clientela deseosa de distinguirse del resto por medio de cualquier nimiedad. Después Vogue tomó el relevo de los diseñadores y empezó a comercializarlos, como no podía ser de otra manera, bajo el lema "súperdelgados".

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