Historias

Estas adorables criaturas animadas tienen la receta para hacerte ganar millones

‘Kawaii’ en vena

Hace cuatro años, tres ingenieros del gigante coreano de las comunicaciones Naver se encerraron en un despacho de la sucursal tokiota de la firma con una misión: encontrar una nueva oportunidad de negocio para smartphones y que fuera útil para comunicarse. Simple.

Al final, su idea se quedó en otra aplicación para enviar mensajes y hacer llamadas sin tener que pagar al proveedor de turno. Sin embargo, el producto cuajó. En menos de cuatro años, más de 560 millones de personas alrededor del mundo emplean LINE. Dicen que sólo en España ya han superado los 20 millones de usuarios registrados, según datos de la empresa de análisis de mercados Canalys.

Sus números mensuales aún están lejos de servicios similares como WhatsApp, Facebook Messenger o WeChat. Pero a diferencia de estos, LINE sí ha encontrado la manera de monetizar su idea.

Y la solución pasa por una pandilla de personajes que parecen salidos de una serie de dibujos animados para niños.

La diferencia de tener una vida propia

LINE vio la luz en un momento en el que el mercado de aplicaciones de mensajería instantánea estaba explotando en Asia. Como el resto de sus competidores, las primeras encarnaciones de Line contaban con un montón de emojis listos para usar. Su punto de inflexión llegó en el momento en el que lanzaron sus primeras 'stickers'.

LINE pasaba del emoji de gesto inflexible a una familia de personajes con infinidad de matices. Personajes que exudan 'kawaii', ese concepto japonés que designa todo lo bonito y tierno, ese universo de cosas "monas" que son dignas de afecto. El público de allí respondió con pasión: LINE había tardado cuatro meses en lograr sus primeros dos millones de usuarios. Luego les bastó lanzar sus primeros stickers para lograr un millón adicional de suscriptores en sólo dos días.

Los personajes de LINE se hacen querer por su expresividad, una expresividad que permite comunicar de forma rápida matices emocionales que, de otra manera, no sabríamos cómo expresar con el teclado. Al mismo tiempo, son personajes que tienen su propia historia, una vida en construcción.

A pesar de su aspecto infantil, las criaturas de LINE llevan existencias adultas. Por ejemplo, el oso Brown y la conejito Conny se traen entre manos una relación romántica desde hace años.

James es un chico rubio de melena perfecta obsesionado con su propia guapura, y eso le lleva a veces a pasar por momentos duros (depresión, sí).

En el extremo contrario, Boss es un tipo madurito, calvo y con barriga, que parece sacado de alguna serie manga de sentido del humor guarro.

Fuera de la app, todos ellos comparten oficina en Line Offline: Salaryman, una especie de sitcom en formato animado que gira alderedor del personaje de Moon y que transcurre en el cuartel general de la compañía.

De la misma manera que sigues a Finn el Humano y su perro mágico Jake en sus aventuras por la Tierra de Ooo, formar parte del universo LINE es seguir la historia de sus personajes. Es fácil desarrollar lazos emocionales con unas criaturas que tienen una personalidad tan vívida. Y son esos lazos los que LINE está convirtiendo en dinero.

Los usuarios de LINE envían del orden de dos mil millones de stickers al día. Algunas son gratuitas y otras se pueden comprar. Muchas son creadas por el equipo de LINE en Tokio, otras llegan a través de licencias como marcas externas (Disney, Star Wars), pero todo aquel que quiera puede proponer sus propios diseños a través del Creators Market. El crecimiento de la app se ha convertido así en un asunto de 'crowdsourcing' en el que ya han participado creadores de 145 países.

La compañía engorda su inventario de imágenes, incorpora a su imaginario matices propios de la idiosincrasia de los diferentes mercados locales, y los creadores reciben el 50% de los ingresos que generen sus criaturas. Todas las partes salen ganando.

De la pantalla al mundo real

El mundo de LINE hace tiempo que traspasó las fronteras de su app para adoptar una dimensión física con una línea de merchandising que cuenta con tiendas fijas en Corea, China y Japón y ha dado lugar a diversos pop-up stores en sitios tan significativos como Times Square en Nueva York. Tiendas propiedad de una app social, y en las que puedes comprar desde un taco de notas adhesivas con la forma de los personajes, a peluches, camisetas, caretas y hasta figuras de Cony cubiertas en cristales de Swarovski.

En los últimos tiempos, la apuesta de Line está llegando a todo un catálogo de servicios que apuntan a necesidades que van más allá de la mensajería: también han entrando en el mercado de la comida a domicilio, el transporte de pasajeros o los servicios de pago electrónicos en la línea de Apple Pay y Google Wallet.

La compañía está construyendo una plataforma de servicios globales alrededor de su penetración como app de mensajería. Y en el centro de toda su estrategia está la simpatía que despiertan unas criaturas dibujadas.

El año pasado LINE generó ingresos por valor de 656 millones de dólares. Mientras, Facebook aún está pensando en maneras de empezar a recuperar el primer dólar de los 22 mil millones que pagó por WhatsApp.

La palabra clave, la que marca la diferencia, es esta: emoción. La que cabe en unos muñecos que quieren ser tus amigos.

Tu ilusión cotiza en bolsa

(Vía Fast Company)

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