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Historias

Lilya Brik: la increíble historia tras el grito del siglo

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Pasión, vida, arte, revolución y muerte. Lilya Brik (1891-1978)

Ignacio Pato

27 Marzo 2015 06:00

Para anunciar fiestas. Mítines. Asambleas. Exposiciones. Eventos de cualquier tipo. Como portada de disco, como anuncio publicitario. Su imagen gritando ha quedado inmortalizada y ha sido utilizada con esos propósitos y más.

Aquel grito, nacido de un periodo de profunda libertad creativa, nunca quiso tener dueño. Pero sí tiene un nombre: Lilya Brik.

Lilya ?.?.?


Lilya Yuryevna Kagan nació en 1891 en Moscú. De adinerada familia judía, recibió una educación esmerada: piano, ballet, francés y alemán. Más adelante estudiaría Arquitectura.

Las iniciales de su nombre, en ruso, se correspondían con las primeras letras de la palabra amor (??????). En ocasiones y en determinados círculos, sería nombrada como ?.?.?.

Tanto ella como su hermana Elsa dejaban huella allá por donde pasaban. Tal era el atractivo que desprendían. Finalmente, el poeta futurista Osip Brik la convencería para casarse con ella. Tenía solo 20 años, un marido y un nuevo apellido.


Lilya se enamoraría del que sería el poeta ruso más importante del siglo XX



La pareja hizo un juramento de amor revolucionario. Tendrían una relación abierta.

Así, con la casa del influyente Osip abierta a todo tipo de artistas e intelectuales, Lilya tuvo fácil conocer a muchos de ellos. Tampoco le hubiera sido necesario: su encanto cautivaba de inmediato.

En julio de 1915, la vida de Lilya cambiaría para siempre. Su hermana Elsa trajo a una fiesta al joven poeta georgiano Vladimir Mayakovsky, interesado en conocer a Osip, que además de escribir también era un importante crítico literario.

Mayakovsky declamó sus violentos poemas mientras Lilya le observaba. Él era como un rudo y apasionado trabajador del arte entre el amaneramiento de aquella intelectualidad que ella frecuentaba.


Las iniciales de su nombre, en ruso, se correspondían con las primeras letras de la palabra amor



Flechazo inmediato. Lilya se enamoraría del que sería el poeta ruso más importante del siglo XX. Para Mayakovsky, sólo habría tres cosas en la vida: la poesía, la inminente revolución soviética y Lilya.

Iniciaron una relación que fluctuaba entre un irrefrenable instinto sexual y declamaciones de poesía en salones de madera. Lilya informó a Osip. La respuesta de este fue, refiriéndose a Mayakovsky, “¿Quién puede negarse a un deseo de este joven?”.

La cosa estaba clara: Mayakovsky acabaría por vivir en casa de los Brik. Serían un trío.

Osip Brik, Lilya Brik y Vladimir Mayakovsky

Sin embargo, el carácter atormentado de Mayakovsky no pondría las cosas fáciles. El mito habla del poeta echándola de la cama entre ataques de lágrimas.

Su relación se haría cada vez menos sexual y más artística y laboral. A pesar de que la relación entre Lilya y Mayakovsky terminó en 1923, este no dejaría de vivir en casa de los Brik hasta tiempo después, en mitad de multitud de viajes a París o Berlín. En sus corazones, nunca acabarían por separarse.


Su relación fluctuaba entre un irrefrenable instinto sexual y declamaciones de poesía



Un año después, en 1924, el artista Aleksandr Rodchenko, que hoy sería un diseñador gráfico, necesitaba una imagen para una editorial soviética. Rodchenko había conocido a Lilya a través de Osip Brik y del propio Mayakovsky, con quien había formado la revista LEF, el Frente de Artistas de Izquierda.

Rodchenko había quedado también prendado de la mujer. Para este encargo, usaría una fotografía de la propia Lilya para un montaje. Había nacido una de las imágenes más icónicas y reproducidas del siglo pasado y también del presente.

Allí estaba Lilya para siempre, con pañuelo de obrera y enfatizando con su mano en la cara un grito claro en cirílico: “¡LIBROS!”. Pasión y cultura, justo lo que necesitaba una todavía ilusionada Unión Soviética.

Pero eso duraría poco tiempo también.

Mayakovsky se pegó un tiro en el pecho en abril de 1930, con solo 36 años. Antes, había discutido con su amante Veronika Polonskaya. En su nota de suicidio, junto a la frase "el barco del amor está hecho pedazos", volvía a citar a Lilya, su gran amor.


Lilya es el rostro de una de las imágenes más icónicas y reproducidas de este siglo y del pasado



Aunque cada vez había menos espacio para la libertad en la URSS, las autoridades estalinistas, decididas a investigar científicamente los orígenes de la genialidad, habían corrido a extirpar y llevar a sus laboratorios el cerebro de Mayakovsky.

Pero el disparo había ido al pecho. Lilya estaba en ese momento en Berlín y viajó aterrorizada a Moscú. Con el tiempo, dijo que le había salvado la vida dos veces, en intentos de suicidio anteriores del poeta. Eso no quitó para que la leyenda se escribiese en torno al profundo desamor que Mayakovsky sentía lejos de Lilya.

Tras divorciarse de Osip, Lilya acabaría casándose con un gris militar estalinista en los años 30. Acusado de trotskista, sería ejecutado por Stalin. Un poco antes, ella misma le había escrito al líder soviético para restaurar el patrimonio de Mayakovsky. Stalin asintió y respondió que la indiferencia a su legado era un crimen.


Un grito, una historia increíble y una inmortalidad que abrazar



Pasaron las décadas y para ella nada sería como antes. En su austero apartamento moscovita ya no había las fiestas de los años 10 y 20. Alguna de sus fotos junto a Mayakovsky habían sido escandalosamente censuradas por el régimen soviético, cuya moral crujía con la idea de que ambos felices estando ella casada con Osip.

La censura soviética trató de silenciar la relación entre Mayakovsky y Brik

Osip, por cierto, había muerto en 1945, y Rodchenko diez años más tarde. Ambos también apartados de la vida pública que habían revolucionado tiempo atrás y expulsados del sistema que, ingenuamente, habían contribuido a poner en marcha.

Con la autodeterminación y el instinto como guías, como durante toda su vida, Lilya acabó con su vida ella misma.

Postrada en una cama, nunca dependió de nadie y no iba a ser aquella la primera vez. Tenía 86 años, una historia increíble detrás y una inmortalidad que abrazar.


Sólo había algo más grande que la revolución: el amor



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