Historias

Aprende a ser un genio: 7 cosas bastante raras que hacía Leonardo Da Vinci

1. Medir Milán

Si hiciéramos una encuesta para saber qué artista simboliza al "Hombre del Renacimiento", lo más probable es que en primera posición quedase Leonardo Da Vinci. La competición sería dura, pero los múltiples talentos del fiorentino, unidos a su capacidad para la innovación y a la popularidad de sus pinturas lo han convertido en nuestro imaginario en un verdadero gigante. El hombre que marcó una época. Y eso a pesar de que a lo largo de su vida dejó muchas cosas por hacer.

No obstante, gracias a un libro escrito por el historiador Toby Lester —y que ahora recupera Open Culture— descubrimos que el artista iba a todas partes con un cuaderno de notas en el que apuntaba a vuelapluma todo lo que atraía su atención. También las cosas que tenía pensado hacer. La típica “to do list” que uno cuelga en la puerta de la nevera esperando que todo se haga solo.

Claro que, tratándose de Leonardo, sus listas no tienen nada que ver con la de un humano convencional. Nada de “hacer la colada”, o “pagar el alquiler” o “descargar el último capítulo de Juego de Tronos”. Sus ambiciones van más allá de las comunes, y demuestran que su curiosidad no tenía límites. Cogiendo una página al azar de algún momento de 1480, destacamos cosas como por ejemplo:

  1. Calcular las medidas de Milán y sus suburbios.
  2. Dibujar Milán.
  3. Hablar con el maestro de aritmética para que te enseñe a cuadrar un triángulo.
  4. Preguntar al Maestro Antonio cómo se sitúan los morteros en los bastiones de día y de noche.
  5. Preguntar sobre la medida del sol al Maestro Giovanni Francese.
  6. Preguntar a Benedetto Pottinari (un mercante florentino) cómo lo hacen para andar sobre el hielo en Flandes.
  7. Encontrar a un maestro de hidráulica para que me explique cómo se repara un canal y un molino a la manera Lombarda.

En una sola página (que por cierto, Da Vinci escribía al revés con ayuda de un espejo) encontramos balística, arquitectura, astronomía, dibujo, urbanística, matemática... Y no precisamente a pequeña escala. En diarios posteriores se observa cómo Da Vinci fue interesándose cada vez más por la anatomía humana y animal, mientras entre otras cosas se marcaba la meta de conseguir la mandíbula de un cocodrilo o la lengua de un pájaro carpintero para dibujarla.

De todos estos ambiciosos planes, el genio florentino llevó a cabo sólo un pequeño porcentaje, y eso es algo bueno. Nos recuerda que las grandes mentes creativas están abiertas constantemente a nuevas ideas pero también a la pura divagación. Que no pasa nada por intentar y fallar. Por acumular planes más o menos humildes en el fondo de un cajón y dejar que la mente vague, mientras seamos capaces de mantenernos despiertos. También lo importante que es rodearse de gente que sepa más que tú y saber escuchar.

Leonardo Da Vinci era uno entre un millón, pero seguía siendo humano. Y en su interior llevaba la misma llama que llevamos dentro de  cada uno de nosotros.

[Vía Open Culture]

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