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Historias

Estáis todos equivocados criticando a Jonás Trueba

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Su película 'Los exiliados románticos' se estrena hoy

María Yuste

11 Septiembre 2015 09:30

Imagen: Manuel Aguado Coll

En una escena de Los exiliados románticos, la nueva película de Jonás Trueba, uno de los personajes se planta en París, ataviado con la camisa más fea jamás confeccionada, y le recita a una mujer, a la que apenas conoce, una carta de amor de varias páginas en francés (sin hablar él nada de eso).

Es imposible no reconocerte a ti mismo en el patetismo de la situación en algún momento de tu vida. De hecho, mientras yo espero mi turno para poder hablar con Jonás, me siento un poco así. No porque vaya a leerle una carta de amor ni nada por el estilo pero sí porque es imposible no sentirse un poco idiota antes de entrevistar a alguien con cuyas películas te sientes identificado.

La sala está llena de hombres de mediana edad y yo soy la única periodista menor de 30 años. Los escucho pasar por su mesa como si fuera un salón de citas rápidas y hablar con él de películas que no he visto y cineastas de los que no había oído hablar nunca hasta ese momento. Creo que si me atengo a todo lo que suele decirse de él, tanto bueno como malo, yo no soy su público objetivo. Y, no obstante, sí que lo soy.

Cuando llega mi turno, él se pide una cerveza y yo me siento a la mesa un poco avergonzada por no tener nada que decirle sobre Rohmer como los demás.


Me gusta que la película esté abierta y que lo que ha sucedido la noche anterior pueda ser utilizarlo a la mañana siguiente



Empiezo diciéndole que lo que más me atrae de su forma de contar historias es el making-of. El hecho de que en el cartel de la película ponga “dirigida sobre la marcha por” y que sea un road trip hecho realmente en un road trip de 12 días por Francia. Sin un guión ni un planning cerrado. Una forma de hacer una película que me recuerda más a cómo se escribiría un diario o incluso un poema.

Él me cuenta que todo salió de una noche de borrachera con los amigos. "Aunque parezca que solo hay que tomarse en serio las ideas que se te ocurren sentado en tu mesa mientras escuchas música clásica y levitas". Pero, sobre todo, quiere dejar claro que, aunque todo eso del “dirigida sobre la marcha” pueda sonar a broma o a que no es serio, es la película más exigente que ha hecho hasta el momento.

Jonás prefiere hacerlo así porque le gusta que la película esté abierta y que lo que ha sucedido la noche anterior pueda ser utilizarlo a la mañana siguiente.



El realismo es algo que ya no existe en el momento en el que haces un encuadre



María: Eso es precisamente lo que me mola. Antes, en una de las escenas en las que canta Tulsa, he estado a punto de ponerme a aplaudir porque se me había olvidado que estaba en el cine y no en un concierto. De repente te parece que estás tu también ahí con los personajes y te gustaría poder meterte en sus conversaciones. Un poco como si se fundieran cine y vida, aunque luego también haya ciertas situaciones que solo pueden ocurrir en la ficción.

Jonás: Mira, la secuencia de la carta de amor en París está construida de una forma en la que tú no sientas que te han escamoteado nada de lo que sucedería en la vida real.

Pero luego también es verdad que intentas que las películas no se parezcan a la realidad. El cine siempre está atrapado en esa idea de que es realista y el realismo es algo que ya no existe en el momento en el que haces un encuadre. Me gusta que las películas partan de cierta sensación de cotidianidad para luego trascenderla.

María: Parece que lo que está pasando en tus películas vaya siempre de la mano de lo que está pasando detrás de la cámara. Que empiezas rodando una cosa que no sabes muy bien hasta dónde te va a llevar y los personajes tampoco saben muy bien qué hacer con sus vidas.


No tengo claro cómo es mi generación



Jonás: Sí, Intentamos que haya una comunión entre lo que estamos haciendo, cómo lo estamos haciendo y cómo lo transmitimos. Ya que estamos haciendo estas películas tan pequeñas que dependen solo de nosotros nos permitimos ese equilibrio que, normalmente es muy dificil de tener. A veces ser más pequeño te permite estar más en equilibrio y la película tiene eso, que al final los personajes no saben muy bien... Van en busca de un gesto.

María: Hay un adjetivo muy socorrido que te suelen adjudicar a menudo, que es “generacional”. A mí, sin embargo, tus películas no me parecen generacionales pero sí costumbristas. Hay escenas con las que te tienes que reír porque te ves totalmente reflejado, sin embargo, no me parece que hagan bandera.

Jonás: Cuando te lo dicen lo de generacional nunca sabes si es en serio o te lo dicen por decir. La verdad es que yo ni siquiera tengo claro cómo es mi generación y, además nunca me he sentido muy en la onda. Tampoco es que haya tenido vocación de ser distinto pero, realmente, creo que no soy alguien muy representativo de mi generación. Me hace feliz que me digas que te parece que hay costumbrismo pero estoy muy lejos de pretenderlo.

María: Y, ¿con respecto al romanticismo?

Jonás: En Los exiliados románticos fíjate que se habla mucho de ello y está la palabra en el título, pero no es una película romántica. El amor esta en off, no llega a pasar. Lo que sucede es algo mucho más pequeño e intangible. Intento encontrar un tono que sea más pequeñito y sutil frente a las grandes historias y los grandes dramas. Centrarme en las cosas que pasan que son, además, las que conoces mejor. Dar valor a una conversación, a tomarte un café, etc.

Los personajes no saben muy bien qué están haciendo... van en busca de un gesto


María: Está bien, Jonás, ahora responde sin pensar. ¿Cuál es la película más “guilty pleasure” que has visto? Y no te hagas el guay...

Jonás: Pues es algo que tenía muy claro pero ahora se me ha olvidado.

María: Eso es que te lo estás pensando... Aunque me acabas de decir que Los exiliados románticos no es una película romántica, ¿Has visto Titanic?

Jonás: Titanic me encanta.

María: ¿Lloraste?

Jonás: No sé si lloré pero me emocioné bastante. Recuerdo que la vi en el cine y me impactó muchísimo. Aunque si la viera ahora probablemente pensaría que es una película con un nivel de cliché bastante alto con todo ese rollo de los pobres y los ricos que me da mucha vergüenza pero sí, reconozco que me pareció cojonuda en su momento.






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