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Historias

En el Japón del siglo XVIII ya estaban locos por los gatos

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Estas preciosas obras de arte lo demuestran

Natxo Medina

23 Febrero 2015 06:00

Se dice que el gato es el animal de Internet por excelencia. Pero, en realidad, podría competir por el premio al animal más pop de la historia. Y es que la relación entre gatos y cultura popular es tan vieja como el mundo. O al menos tan vieja como las más viejas civilizaciones. De hecho, las representaciones gatunas más antiguas descubiertas tienen la friolera de 9500 años.

El misterio felino fascinó a los faraones egipcios, a las primeras tribus nórdicas, o a los emperadores chinos. En Rusia son un viejo símbolo de suerte, y en algunas tribus africanas les gustan tanto que se los zampan.

Y luego está Japón, donde además de tener su propia isla (el famoso enclave de Tashirojima), los gatos han sido una constante en el arte.

Un arte que alcanzó uno de sus cénits durante el periodo de la dinastía Edo, durante los siglos XVIII y XIX. En esa época se elaboró todo tipo de arte figurativo, con las temáticas más variadas, de lo más lírico a lo más violento. Y en muchas de aquellas estampas había gatos. Muchos gatos.

Valgan como ejemplo estos hermosos grabados en madera al estilo Ukiyo-e que mezclan el costumbrismo cotidiano con buenas dosis de imaginación. Y que nos recuerdan algunas de las numerosas las leyendas que en el país se cuentan sobre estos animales.

La más famosa sería la del "Maneki Neko", o gato de la suerte. La típica efigie del gato que levanta la pata y la menea de arriba abajo. Se dice que un poderoso terrateniente se encontró un día con un gato que le señalaba con la pata. Intrigado por el gesto, el hombre se acercó al animal, en el mismo momento en que un rayo caía sobre el lugar en el que acaba de estar parado. Desde entonces el gato empezó a asociarse con la buena suerte.

Sea por superstición o por la pura fascinación que generan, estos artistas se entregaron al arte felino con pasión, y crearon imágenes de gran belleza, demostrando de paso que nada en el universo puede competir en encanto contra un gato con kimono y zancos.


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