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Historias

La Iglesia que desafió a la muerte con tecnología punta

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Church of Perpetual Life, un culto transhumanista que cree en la ciencia, en el hombre, y en tus billetes

Natxo Medina

02 Enero 2015 15:44

Ilustración de Nina Paley, detalle de Mimi & Eunice

La muerte, ese fantasma terrible. Esa realidad impensable que Damien Hirst simbolizó con un tiburón cortado en dos flotando en sendos tanques de formol. Se dice que todos nuestros miedos son en realidad el mismo miedo a morir. Por tanto, en cada una de las ideas sobre las que se ha construido toda civilización se esconde un recordatorio de nuestra fugacidad, de nuestro fin inevitable.

¿Inevitable? No para William Faloon, fundador de la Church of Perpetual Life, la primera iglesia transhumanista. ¿Su fe? La tecnología que será capaz de erradicar la muerte y la enfermedad, frenar el envejecimiento y hacernos inmortales. ¿Sus mártires? Personas que al morir han decidido ser criogenizadas con la esperanza de ser resucitadas en el futuro.

Para Faloon, las enfermedades degenerativas y la muerte son únicamente “tradiciones horribles”. Se refiere a estos hechos de la vida como quien se refiere a la tauromaquia, a lanzar cabras de un campanario o a comer perros, y afirma que si somos incapaces de ver más allá de ellos es porque existen tremendas barreras sociales que nos impiden hacerlo.

Este es el tipo de discurso con el que se encontrará uno si va a cualquiera de los servicios mensuales que la Iglesia ofrece desde que se fundó en 2013 en la ciudad de Hollywood, en Florida. En ellos encontramos la versión tecnológica de una homilía evangélica tradicional, con sus oradores, sus cánticos e incluso sus velas encendidas. La única diferencia es que en esta iglesia en lugar de misales se utilizan 'power points'.

Semejante puesta en escena no es ni mucho menos casual, sino que obedece, por un lado, a avivar la llama teatral del conjunto, y sobre todo a la voluntad de reconciliar dos mundos que normalmente han caminado separados, aunque tengan tantos elementos en común: tecnología y espíritu.

Ciencia y corazón

Desde sus primeros pasos serios, a finales de los 50 del siglo pasado, el transhumanismo se ha percibido como una doctrina fieramente atea. Una práctica intelectual y científica volcada en la ciencia y sin ningún espacio para el misterio divino. En un país tan religioso como Estados Unidos, esta adscripción ha provocado siempre mucho recelo. Por eso, desde su nombre hasta su puesta en escena, pasando por sus referentes ideológicos, la Iglesia de la Vida Eterna se empeña en revestirse de espiritualidad

De hecho, aunque su página web declara que son “un punto de encuentro para humanistas, ateos, agnósticos y transhumanistas”, Faloon señala que la misión de su iglesia es hacer de catalizador del plan de “El Creador” para darnos las herramientas que nos permitan vivir para siempre. De hecho, en un momento de su discurso de inauguración (que podéis ver más abajo) afirmó tajante que “la vida eterna es algo alcanzable, y es lo que El Creador pretende que la Humanidad consiga”.

Estas palabras replican las de uno de sus principales referentes, el filósofo ruso del XIX Nikolai Fedorov, quien predicaba la resurrección de los muertos. El fundamento de su filosofía es la “causa común”, una idea que debería mover a la humanidad a la acción para no estar sentados a esperar que Dios haga el trabajo que nosotros mismos deberíamos estar haciendo: crear las tecnologías que permitan revivir a nuestros padres. 

En la Iglesia de la Vida Eterna todo el mundo es bienvenido. De momento sus responsables afirman que la iglesia cuenta con unos 500 miembros, algunos de los cuales asisten a los encuentros vía streaming. Pero la idea es seguir creciendo, y en estos tiempos de competencia salvaje, es mejor tener abiertos los mercados. Y es que hay algo de locura latente en este batiburrillo. Hay un universo bullicioso de ideas megalómanas, espiritualidad new age, filosofía utópica y tecnofilia. Pero también, como suele ocurrir con todo culto, hay mucho dinero en juego.

La nueva Piedra Filosofal 

Mucho antes de fundar su iglesia, Bill Faloon ya era una personalidad conocida (y controvertida) en el mundo del transhumanismo. Junto al activista de la criogenización Saul Kent fundó en 1982 la Life Extension Fundation, una organización sin animo de lucro dedicada a la difusión de terapias y productos (de procedencia no siempre clara) para la prolongación de la vida.

La organización todavía permanece en activo, aunque su costumbre de vender fármacos ilegales le haya causado bastantes problemas con las autoridades federales estadounidenses. A pesar de ello, la LFE ha crecido mucho en los últimos años, reportando unos beneficios de unos 20 millones de euros en 2008.

Tanto creció que en 2013 la Hacienda estadounidense declaró que ya no podía ser más una organización sin animo de lucro, y le obligó a pagar impuestos. ¿Y a que no adivinan quién tiene excepciones fiscales en Estados Unidos? La iglesia. ¿Quiere decir eso que Faloon fundó su nuevo caballo de Troya como una manera de evadir impuestos? No sería una opción descabellada.

Y aún así, sea o no cierto que Faloon y sus socios llevan 30 años usando el transhumanismo como excusa para llenarse las alforjas vendiendo productos milagrosos, la Iglesia de la Vida Eterna seguiría siendo sólo el apéndice religioso de una guerra en la que las empresas de Silicon Valley llevan mucho tiempo invirtiendo miles de millones.

De hecho, en septiembre de 2013 conocíamos la existencia de Calico, una misteriosa empresa tras la que encontramos ni más ni menos que al gigante Google. En aquel momento, el CEO de la empresa Larry Page, hablaba de planes para encontrar la cura de enfermedades mortales como el cáncer, y en última instancia “resolver el problema del envejecimiento y la muerte”.

Nos encontramos de nuevo con ese lenguaje que ve la muerte como un estorbo, y la edad como un problema de lógica que solucionar. Si hemos vencido a tantas enfermedades y aumentado exponencialmente nuestra esperanza de vida, ¿por qué no podemos ir más allá? Ese sería el objetivo de esta ciencia: encontrar el producto comercial definitivo, el elixir de la inmortalidad que ya buscaban los alquimistas, y que a día de hoy siguen buscando con denuedo científicos como Bill Andrews y Aubrey de Grey.

Eso sí, nada se habla de todas las personas que a día de hoy siguen muriendo víctimas de la violencia, la guerra, la pobreza o el hambre. Suponemos que eso no vende tanto.

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