Historias

Lo que Hollywood puede aprender de su productor más odiado

Por qué Dana Brunetti es uno de los tipos más controvertidos del cine

Dana Brunetti tiene ocho coches (tres de ellos, Ferraris), ego de Kanye West y tendencia a fardar de en las redes sociales. “Hoy he ofrecido una cena en la que teníamos a nadadoras de natación sincronizada como entretenimiento”, reza uno de sus últimos tuits. Está en la cima de Hollywood y vive en consecuencia. En otras palabras: odiarle es bastante fácil.

Brunetti tiene razones para presumir. A sus 42 años, es uno de los productores clave del entretenimiento actual. En su haber, cuenta con mega-éxitos de taquilla como La Red Social y 50 Sombras de Grey, obras que han aunado rendimiento económico y grandes críticas como Capitán Phillips, y una serie que ha cambiado el paradigma de la ficción televisiva: House Of Cards.

Bocazas, presuntuoso y implacable, Dana Brunetti es uno de los tipos más odiados de Hollywood

¿Su receta? Hacer y decir siempre exactamente lo que siente. Esto, claro, le ha comportado convertirse en una de las figuras más controvertidas de Hollywood.

Recientemente, llamó ignorante a Quentin Tarantino por no querer hacer una serie en Netflix. Tampoco tuvo problema en afear públicamente a Dakota Johnson y Jamie Dornan cuando pidieron más dinero para hacer la secuela de 50 Sombras de Grey, ni en burlarse de Russell Crowe en Twitter cuando este se quejó de que no le dejaron subir su Segway al avión.

En un ecosistema tan hipócrita como el de Hollywood, alguien que te da las puñaladas a la cara y no por la espalda resulta incómodo.

jesse eisenberg the social network

Su incontinencia verbal también ha estado cerca de comprometer futuro profesional, como cuando se enfrentó al todopoderoso productor Scott Rudin por los derechos de La Red Social. Entonces llegó a pensar que había lanzado por la borda su gran oportunidad. Pero Rudin no solo cedió, sino que se convirtió en uno de sus colaboradores más habituales.

Brunetti no teme al conflicto, y sabe cómo utilizarlo en su favor. Una cualidad que, probablemente, aprendió de las dificultades que vivió en su infancia y juventud. Y es que, tal y como explica un reciente perfil de  Vanity Fair, aprendió muy pronto a luchar por lo que quería.

Nacido en una familia pobre de Covington, Virginia (“una de esas pequeñas ciudades insignificantes en las que todo el mundo se casa con su novio del instituto, trabaja en la fábrica local y se queda ahí para siempre”, en sus propias palabras), su madre abandonó a su padre cuando él era un bebé. A los 11 años, ya trabajaba todas las tardes después de la escuela: cortando el césped, repartiendo periódicos o en una pizzería.

Nacido en una familia pobre, Brunetti se labró su camino a la meca del cine desde de la nada

“Una vez empecé a ganar dinero, mis padres (padre y madrastra) me decían 'la ropa y todo eso te lo compras tú mismo'. Probablemente ello haya jugado a favor mío de alguna manera extraña, puesto que sigue siendo parte de mi motivación. Pero psicologicamente y emocionalmente, era una jodida mierda”, decía a Vanity Fair.

Las adversidades aumentaron a medida que fue creciendo. El día de su 18 cumpleaños estuvo a punto de perder un ojo en un accidente de esquí acuático. Al volver de su estancia en el hospital, descubrió que su padre le echaba de casa. Poco después, supo que su madre había abandonado la familia por una mujer. A los dos meses, su novia de por entonces le llamó para decirle que estaba embarazada. En ese momento supo que tenía que poner su vida en orden.

Siguiendo un consejo de su padre, decidió enrolarse en las Fuerzas Armadas. Se unió a la guarda costera, donde pronto dio muestras de su carisma y su don para las relaciones sociales. “Cuando salíamos, era muy bueno conociendo a gente, entrándonos en sitios. Convencía a la policía de que le llevaran a sitios, casi como si fueran su chófer”, explica Rob Asma, uno de sus compañeros en el ejército.

Pero no tardaría en llegar una noticia que volvería a trastocar su vida. Amy, su novia embarazada, admitió que el niño que esperaba quizá no era suyo. Aún así quiso que firmarse un acuerdo para que Brunetti le cediese su apellido, a lo que él se negó sin una prueba de paternidad. La prueba demostró que, en efecto, el hijo no era suyo. Y, con ello, volvió a ser un hombre libre.

Tras cuatro años en el ejército, decidió cambiar de aires. Inspirado por la película Wall Street, se metió en el mundo de las inversiones en bolsa. Acabó siendo vendedor en una startup de redes inalámbricas, dónde fue escalando hasta llegar a los puestos de mando. Su vida ya era mucho mejor de lo que podría haber imaginado en Covington, pero lo mejor todavía estaba por llegar.

Estuvo en el ejército y se metió en la bolsa, pero conocer a Kevin Spacey le cambió la vida

Un día de 1997, un vendedor de antigüedades amigo suyo le invitó a una comida. Entre los invitados, estaba Kevin Spacey. Este estaba a punto de marcharse a Londres a actuar en una producción teatral y necesitaba un asistente para 3 meses. Cuando, medio en broma, le ofreció el trabajo a Brunetti, este le respondió muy en serio: “que te jodan. Tengo dos asistentes a mi alrededor. No voy a ser tu asistente”.

Pero, tal y como explica a Vanity Fair, unos días más tarde, se quedó mirando fijamente a su supervisor, un hombre de mediana edad que iba al trabajo en tren cada día desde Nueva Jersey. “Solo recuerdo pensar que no quería ser ese hombre cuando tuviera 40 años”. Llamó a Spacey y le preguntó si el puesto todavía estaba disponible.

tv american beauty

Al lado de Spacey pudo sumergirse en todo lo que rodea la producción cinematográfica. La primera película en la que participó fue American Beauty, que acabaría ganando cinco Oscars. Brunetti fue el acompañante de Spacey el día de la ceremonia.

Tras trabajar en dos películas más, Brunetti se cansó de ser asistente. Pero cuando le dijo a Spacey que quería marcharse, este le ofreció un trabajo en Trigger Street, la pequeña productora que tenía en Los Angeles. Al poco tiempo, el jefe del estudio se marchó y Spacey hizo director a Brunetti.

La falta de comunicación entre ambos hizo que las primeras películas que produjeron juntos fueran perfectamente olvidables. Básicamente, el problema es que ninguno de los dos se atrevía a descartar proyectos creyendo que eran apuestas personales del otro. Para solucionarlo, Spacey le dio plenos poderes a Brunetti.

Convenció a Eduardo Saverin de que le contara todos los secretos sobre Mark Zuckerberg llevándoselo de fiesta a Las Vegas

Su primer proyecto en solitario fue 21, una película basada en la historia real de seis estudiantes del MIT que aprendieron un sistema para contar cartas y desplomaron varios casinos de Las Vegas jugando al blackjack. La película fue un éxito relativo, pero permitió que Brunetti entrase en contacto con Bob Mezrich, autor del libro en el que se basó la película.

Poco antes del estreno de 21, Mezrich le contó la idea de su próximo libro: la historia de la creación de Facebook. Brunetti no creía que esa historia diera para una buena película. Hasta que Mezrich le habló de Eduardo Saverin, uno de los cuatro fundadores de la red social, y a quién Mark Zuckerberg había tratado de echar de la empresa.

El único inconveniente es que Saverin no parecía demasiado dispuesto a hablar. El plan de Brunetti consistió en darle a probar a Saverin el estilo de vida hollywoodiense. Le rodeó de chicas, alcohol y cumplidos. Se lo llevó a las mejores fiestas. La primera vez que les fotografiaron juntos le presentó como “el co-fundador de Facebook”. A Saverin, todo aquello le gustaba, pero seguía siendo reticiente a hablar.

Brunetti tenía un as en la manga. Se llevó a Saverin al estreno de 21 a Las Vegas, y en la fiesta posterior en el Planet Hollywood sacó a su caballo ganador: Kevin Spacey.

“Ese fue el golpe definitivo. Así es como usé a Kevin. Le utilizo como una flecha. Si necesito algo de alguien, les disparo a Kevin... Acabamos de fiesta juntos –yo, Kevin, Ben y Eduardo-. Y ahí fue cuando Eduardo empezó a hablar y a darnos lo que Ben necesitaba”, recordaba a Vanity Fair.

Tras aquello, Sony se puso en contacto con Brunetti: querían volver a escuchar la propuesta de la película sobre Facebook. Cuando les devolvió la llamada, estaba completamente borracho. Pero Sony decidió comprar el proyecto al momento.

Por su condición de bocazas, sus maneras extravagantes, su falta de escrúpulos y su talante implacable, es inevitable encontrar paralelismos entre Brunetti y Ari Gold, el volcánico agente de la serie Entourage —aunque, de hecho, el personaje de Gold está basado en Ari Emmanuel—.

Más allá de su carácter, lo que le ha llevado a la cima es su intuición para huir de las decisiones convencionales

Como en el caso de Gold, su éxito no solo debe achacarse a su explosivo carácter, sino a su intuición para oler el éxito.

En 2011, uno de los proyectos en los que trabajaba Brunetti era la adaptación americana de la serie británica House Of Cards. David Fincher iba a ser el director, y Kevin Spacey la protagonizaría, además de co-producirla. Era un proyecto ambicioso. Por ello, cuando llegó una oferta de Netflix –por entonces, todavía conocido principalmente como un servicio de alquiler de DVDs– ni Spacey ni Fincher lo entendieron demasiado.

Pero Brunetti ya había experimentado con el streaming cuando había convertido Triggerstreet.com en un punto de encuentro para que guionistas y directores pudieran compartir y comentar su trabajo online. Sabía que el futuro se encaminaba hacia eso. Convenció a sus socios de que Netflix era la mejor opción. Y el resto es historia.

Vulture.com house of cards kevin spacey frank underwood

En el plano cinematográfico, también está remando a la contra. En los últimos años, las películas de mediano presupuesto se han convertido en las menos deseables por parte de los grandes estudios. Pero él está demostrando que pueden prosperar. 50 Sombras de Grey costó 36 millones de euros y recaudó 486 (a pesar de sus escasos méritos artísticos), La Red Social y Capitán Phillips también fueron extremadamente rentables y lograron sendas nominaciones al Oscar a la mejor película.

La combinación de nominaciones, grandes beneficios y buenas críticas es cada vez más rara. Pero es esencial para la supervivencia de la noción de artesanía en la meca del cine. Fueron las películas de presupuesto ajustado, poco convencionales y sin vocación de taquillazos lo que hicieron a Hollywood realmente interesante, pero cada escasean más.

“Suena un poco raro que lo diga yo, teniendo en cuenta que he hecho 50 Sombras, pero es una mierda que todo tengan que ser franquicias y estas películas enormes y locas. No es que haya nada malo en ellas, pero eso es todo lo que intentan buscar los estudios, una y otra vez. Creo que se está canibalizando un poco, y realmente empiezas a alejarte del placer de hacer cine, de la artesanía y de contar historias”, decía hace un año a The Hollywood Reporter.

Es un outsider que puede salvar a Hollywood de su canibalización

Brunetti es, ante todo, un outsider. Un padre soltero que trasladó su oficina de West Hollywood al Downtown para “filtrar todas las reuniones de mierda”. Un tipo que se creó su propio camino hasta lo más alto de Hollywood desde la nada. Alguien demasiado convencido de lo que hace como para preocuparse que una palabra fuera de tono pueda ofender a alguien.

El pasado mes de enero, Brunetti y Spacey anunciaron que habían llegado a un acuerdo para encargarse de la gestión de Relativity Studios. Fue una decisión que cogió a muchos desprevenido, ya que Relativity es un estudio moribundo, que el pasado verano se declaró en bancarrota.

¿Por qué querrían dos de los productores más bien valorados de Hollywood con Ryan Kavanaugh, un tipo con la reputación por los suelos tras hundir su estudio, ser arrestado dos veces por conducir ebrio y violar la condicional? A grandes rasgos, porque ya han demostrado que el camino al éxito siempre pasa por tomar decisiones poco convencionales.

Al fin y al cabo, ya les llamaron locos cuando llevaron House Of Cards a Netflix.

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