Historias

Héroes vintage: Roger Whittaker, el hombre que silbaba como un ruiseñor

Es probable que no le conozcas, pero tiempo atrás fue una celebridad que ha editado decenas de discos y aún amasa fans en diversos países. ¿Su mérito? Silbar como nadie

La fama es volátil y etérea, y no se puede conservar toda la vida. Es lo que dice esa frase popular: lo difícil no es llegar, sino mantenerse. E incluso se podría añadir un corolario: no sólo se trata de mantenerse, sino de ser recordado a todas horas por la gran mayoría incluso cuando no has conocido el fracaso. A fin de cuentas, hay gente que alcanza grandes cotas de popularidad en un momento de su vida profesional y, aunque nunca les falte el trabajo, acaban sepultados en la memoria colectiva. Y eso es lo que ocurre con un artista del que probablemente no hayáis oído hablar, pero que ha publicado decenas de álbumes, sigue protagonizando giras por Europa —en Alemania suele vender todo el papel—, ha cosechado éxitos superventas y fue considerado en los años 70 como el mejor silbador del mundo. Hoy, como otros fenómenos de la naturaleza tipo Uri Geller, Roger Whittaker está vagamente olvidado.

Nació en Kenia en 1936 (tiene, por tanto, 78 años), aunque su nacionalidad es británica —en aquella época Kenia era un territorio colonizado por el imperio—. Y sigue en activo. Conserva buena parte de su voz original, un timbre de barítono flexible que originalmente le sirvió para cantar canciones folk. Pero lo que le distinguía del resto de cantantes era, no lo que podía hacer con sus cuerdas vocales, sino lo que era capaz de sacar con su lengua. Whittaker, en definitiva, era un silbador extraordinario, conseguía un timbre en el silbido que imitaba una textura irreal, casi electrónica, y con esa técnica sonora (o habría que decir canora, como se dice de los pájaros), enamoró a infinidad de públicos. Whittaker fue un músico superventas que ha editado decenas de discos en Estados Unidos y en Europa —sus giras se producen sobre todo en el norte de Gran Bretaña, Estados Unidos y Alemania—y que incluso consiguió un número 1 en USA con su tema más popular, “The Last Farewell”, en 1975.

¿Por qué hemos olvidado a Roger Whittaker? Por la misma razón por la que hemos olvidado (aunque no del todo) a Benito Pérez Galdós, Charles Berlitz o Joselito, El Pequeño Ruiseñor: la fama no es eterna. Aunque para eso está la memoria individual —conectada en el cerebro colectivo de YouTube, por ejemplo—: para de vez en cuando rescatar y reactivar el de gente que en tiempos fue grande y que merecería seguir estando en el candelero.

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