Historias

Hablemos en falsete: 11 cosas que decirle a un amigo cuando no te guste su novela, su expo o su película

Guía básica para escaquearse de los amigos artistas

Si alguna vez dejo esto de escribir y de hacer vídeos, si algún día dejo de dedicarme al rollete cultural, lo que más echaré de menos son las piruetas verbales de algunos colegas de profesión para defender películas y libros espantosos, las acrobacias dialécticas imposibles de amigos y conocidos intentando defender obras nefastas de otros colegas. Son hilarantes. En un mundo tan endogámico como el sector cultural español, donde es básico no enemistarse con nadie ni criticar en público (en privado es otra cosa, claro) las obras de otros compañeros de profesión, hay auténticos equilibristas en el arte de atravesar la cuerda floja que se extiende repentinamente ante ti cuando alguien, a bote pronto, te suelta la temida pregunta: “¿QUÉ TE PARECE MI LIBRO? ¿LO HAS LEIDO YA?” o “¿VISTE LA PELICULA? ¿QUÉ TAL?” Y es que todo el mundo sabe que, tarde o temprano, hasta el artista más inútil, hasta el escritor más obtuso, el ilustrador más torpe, o el director de cine más negado, pueden encontrarse en una posición de privilegio superior a la tuya. Por lo tanto, conviene estar a buenas con todo el mundo y mantenerse neutral respecto a las obras fallidas de otros colegas, no pasarse de entusiasta (para no hacer el ridículo frente a los demás, lo cual también resultaría a la larga perjudicial), pero nunca, bajo ningún concepto, mostrarse excesivamente critico, incluso cuando la película, el libro o la exposición en cuestión sean una puta mierda. Aunque no lo parezca, esto requiere de una cierta habilidad, es más, yo diría que es todo un arte. Y este es un país de toreros, de artistas en el arte de esquivar marrones, de opinar sin mojarse, un arte que a veces requiere más talento y mano diestra que la ocupación creativa a la que pretendamos dedicarnos. No es fácil quedar bien con todo el mundo. Y mucho menos ahora.

En los últimos años, gracias a Internet y a la democratización de lo creativo, me he tenido que enfrentar a cientos de novelas repugnantes, miles de relatos incomprensibles, millones de cortos demenciales o carentes de ideas, y cientos de películas absurdas que parecen realizadas por monos alcohólicos y/o catatónicos. Y es que aunque insistamos en que el arte sea democrático, el talento es elitista, y sigue siendo exclusivo de unos pocos, por mucho que pretendamos vivir inmersos en esta insoportable explosión de producción excesiva creativa y múltiple. Pero lo peor no ha sido enfrentarse al asfixiante proceso de ver y leer todo este arte nefasto, lo verdaderamente difícil ha sido emitir luego un juicio ante los autores de semejantes obras sin quedar mal y saliendo más o menos airoso. No obstante, a base de hacerlo, creo haber desarrollado una buena técnica a la hora de fintar al artista emitiendo juicios que no significan nada, un conjunto de formulas a las que yo denomino HABLAR EN FALSETE (parecido a cantar en falsete, es decir, opinar con voz aguda, definirse con argumentos suaves, ser un Bee Gees de la opinión, algo amable y ligero).

Eso es lo que propongo hoy: Once formulas útiles y prácticas para no quedar mal con tus colegas artistas. Una guía eficaz para moverse entre el mamoneo del mundo creativo. Ahora que vivimos rodeados de gente que hace cosas y produce algún tipo de obra artística o producto cultural, resulta útil tener a mano formulas eficaces para salir del entuerto, en caso de que la obra en cuestión, como suele pasar, resulte ser TERRIBLE. Memorizadlas, o llevadlas apuntadas en el móvil, pero no salgáis nunca de casa sin ellas. Especialmente, si vais a la presentación de un libro, al estreno de la película de un amigo o a la inauguración de una exposición de arte. Vuestro ascenso social y profesional podría depender del buen uso que hagáis de estas formulas, que son las siguientes:

1: Cuando alguien me pregunta qué me ha parecido su libro y no sé qué responder siempre le digo: "Mira, yo creo que deberías ver otra vez El último mohicano."No tiene sentido, pero al menos sirve para ganar tiempo hasta que el autor del libro vea de nuevo la película, compruebe que no existe ninguna relación con su libro y al volver a encontrarse contigo te inquiera tratando de lograr una explicación. Para entonces ya habrán pasado tres meses, tiempo mas que suficiente para que ni tú ni él os acordéis del asunto.

2: Si en la inauguración de una exposición, el artista o el comisario de la muestra te pillan desprevenido y no sabes qué opinar en ese preciso instante, simplemente di: “Un momento, ahora vengo. Me he dejado el boxset con todos los CDs de Pascal Comelade en el coche. Vuelvo enseguida.” ¡Parece mentira, pero funciona! Dejas tan descolocado a la gente, que nadie dirá nada, ni se enfadarán contigo. Hay demasiados elementos intrigantes en esa excusa como para que no sea cierta. Obviamente, todo el mundo sabe que no tienes coche, y que aunque lo tuvieras nadie lleva CDs en 2014, y mucho menos un cofre de CDs con la discografía completa de Pascal Comelade, por lo que nunca más podrás volver a esa galería de arte ni a hablar con el autor de esa muestra, pero nada de eso tiene porque ser necesariamente malo.

3: Algo más clásico, aquí planteo una solución más sencilla. Cuando te pidan tu opinión sobre tal o cual película, limítate a decir: “No es mi estilo, pero está muy bien. Te reconozco en cada plano.”Estas frases son un clásico, son como la pizza margarita de las replicas inocuas, nunca fallan. Puede que dejes a tu interlocutor un tanto frío. Pero en todo caso, funciona. Otro éxito garantizado.

4: Vamos con el reverso de la formula anterior, algo más drástico, yo la llamo la fórmula LEAVING LAS VEGAS. Irrumpe con fuerza, totalmente bebido, en la presentación de tu amigo, y di: “¡CHAPEAU!” Luego bésate las puntas de los dedos, como si fueras un ratón cocinero de los que salen en Ratatouille. Dejarás tan descolocado a los asistentes que nadie se atreverá a preguntarte nada más sobre la presentación, ni sobre ninguna otra cosa en lo que quede de tarde/noche.

5: Estudia a Maquiavelo, la vida bohemia es una guerra más. Al ser preguntado sobre un film terrible destaca con fuerza una única cosa, obviando el conjunto. Hasta la peor película tiene algo bueno, aunque sea un gag puntual, o una frase ingeniosa que surgió producto de la casualidad. Escoge el elemento menos vergonzoso de la obra y céntrate obsesivamente en él, no permitas que la conversación se despegue ni un milímetro de ese pequeño momento afortunado, producto del azar. Por ejemplo: “Me gusta mucho esa escena en tu película… Es un bonito homenaje a... Era hilarante, además, sensacional, de verdad,” … Blablabla, es una formula ganadora, siempre funciona, hablar hasta la extenuación de un único elemento dentro de un conjunto horripilante, es como destacar la fugaz aparición de un pez dorado en mitad de un naufragio. La belleza está ahí, pese al horror innegable que nos rodea. Y por algún motivo nadie se da cuenta nunca de que es una forma muy sutil de indicar que la película en conjunto te ha parecido espantosa. Compruébalo: tu amigo director de cine, narcisista por naturaleza, quedará contento, y tú también, al haber sorteado un mal trago que llevabas meses temiendo y esperando con angustia.

6: Otra formula demoledora, que nunca falla. Simula que tu vida es una mierda, al ser preguntado por la obra de teatro infame que presentó un amigo hace unos meses, arrástrate por el suelo y di: “Tengo que volver a ver tu obra de teatro. La vi demasiado cansado porque ahora trabajo en el puerto de Barcelona, descargando cajas de barcos, buques de carga. Me levanto a las cuatro de la madrugada, a veces antes…” Explica una historia personal terrible, describe tu vida como si fuera un relato propio de la gran depresión, llega al neorrealismo fingido si hace falta: “Tuve que salir varias veces de la sala porque me sangraban las manos, de descargar cajas durante horas, ya sabes… Eso por no hablar de que me han cortado la luz, y no podía parar de pensar en que al llegar a casa iba a estar oscuras.”

7: Si vas a la inauguración de una exposición de pintura y no sabes qué decir de las obras expuestas, simplemente di: “Es dinámica. Y coherente.” Lo bueno de esta formula es que sirve también para videoarte, escultura, ilustración, etc. De hecho, ahora que lo pienso, sirve para todas las artes. Todo es dinámico. Y todo es coherente con la obra anterior del autor, hasta cuando no lo es. Por lo que saldrás del paso indemne y además quedarás como alguien sofisticado que se mueve con una fluidez sibilina por dentro del vivero de serpientes venenosas que es el mundo del arte contemporáneo en España.

8: Recurre al absurdo si es necesario, pero nunca, jamás expreses una opinión sincera. Por ejemplo, ante un escritor pésimo, di: “Tu obra me recuerda mucho a Brokeback Mountain. No a la película, sino a la idea de partirse la espalda en el campo.”A continuación clava la mirada en tu interlocutor mientras señalas hacia la puerta más cercana. Y añade, subiendo la voz: “¡¡QUE ENTREN LOS PAYASOS!!” Por supuesto, no entrará nadie y mucho menos payasos, pero no importa. Exhibe tu fanatismo, lo que sea, menos poner las cartas encima de la mesa y admitir que te horroriza lo que escribe tu amigo. Ante la duda, es mejor parecer un loco, que una persona sincera.

9: Autoadiéstrate para sangrar por la nariz a voluntad. Te costará unos meses de trabajo duro en la soledad de tu apartamento, pero vale la pena. De esta forma, tendrás a tu disposición una huida a punto en cualquier momento y en cualquier lugar. Al ser preguntado por tal o cual cuadro o instalación de video, empieza a sangrar y discúlpate apresuradamente, ve al cuarto de baño, interrumpe en seco la hemorragia y huye por el ventanuco del vater sin mirar atrás. Corre, perrucho, corre.

10: Ten un hijo, es tal vez la formula más radical, pero también la más exitosa de todas las expuestas hasta ahora, es la gran excusa, la excusa de oro, es la madre nodriza de las excusas. La que absorbe a todas las demás, y calla todas las bocas. Mucha gente conoce esta formula. O si no, ¿por qué crees que tantos artistas y gente del mundo bohemio tienen hijos? Es para poder abandonar el circulo vicioso (en todos los sentidos) de exposiciones, presentaciones, y tener que mentir constantemente sobre lo ves y lees. Tener un hijo te provee de la libertad de reservarte la opinión al menos uno o dos años, obtener un respiro hasta que el niño camina y puede llegar por su propio pie a la FNAC, y eso es algo nada desdeñable. La única parte mala de esta excusa es que tus amigos artistas empezaran a bombardearte con sus putos libros ilustrados para niños, sus obras de teatro infantiles, sus listas de Spotify para bebés, etc, etc. Pero bueno, siempre puedes decir que no pudiste asistir a esto o aquello porque estabas en la unidad de Urgencias de pediatría de la mutua. Cuando sea mayor, tu hijo lo entenderá.

11: Por último: Si todo lo anterior falla, haz lo que hace todo el mundo, exagera de forma desmedida en Twitter y Facebook tu opinión sobre la obra de tu colega artista, o escritor, emociónate con su película hasta alcanzar el llanto, bombardea a emails y whatsapps al autor de la novela como si fueras un acosador online, no dejes ni la mas mínima duda pública de que todo lo que hacen tus amigos es una absoluta maravilla, simula síndrome de Stendhal respecto a films deplorables, derrúmbate psicológicamente cada vez que veas a tu colega dramaturgo como si todavía estuvieras en shock tras ver su comedieta, haz lo que sea con tal de preservar tu lugar en el mundillo cultural. En definitiva: Haz lo que sea con tal de no trabajar, por mucho que eso paradójicamente requiera muchísimo más esfuerzo y desgaste emocional. Por no hablar de la perdida de dignidad, una cuestión secundaria dentro de la profesión creativa y cultural.

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