Historias

Querido YouTube, que vaya a cumplir 30 no significa que quiera comprar pañales

Cuando pasar una noche intentando ver vídeos chorras en YouTube se convierte en un recordatorio de que debería estar pariendo

Son las once de un sábado por la noche. Podría estar en cualquier garito esforzándome por pillar cacho, no obstante, estoy sola en casa comiendo palomitas a dos manos.

Abro YouTube y escribo en el buscador “vídeos divertidos para perder el tiempo”. Vale, lo último no lo incluyo porque es inherente al concepto pero funciona y acabo en uno que me promete reírme con gatos que parecen bailar al ritmo de la música.

Sin embargo, un anuncio me lo impide... Un anuncio que veo por enésima vez esta semana. Es de un predictor.

Dos amigas sentadas a la mesa en una cocina muy blanca hablan. Una de ellas anuncia que está embarazada y la otra le contesta emocionada que cree que va a llorar. Seguro que vosotros también lo habéis visto. Si no en YouTube, en la tele.

La verdad es que yo misma he vivido una situación muy parecida. Estaba en la cocina cenando cuando mi compañera de piso de aquel momento llegó y se puso a llorar porque tenía un retraso. Después pasamos la noche en vela esperando a que el supermercado más cercano abriera para comprar uno de esos test de embarazo.

O sea que no voy a negarlo. Me hierve un poco la sangre cada vez que tengo que tragarme este anuncio edulcorado que me recuerda el miedo a un embarazo no deseado que sobrevuela mis encuentros sexuales. Pero no me resulta ofensivo solo el hecho de que Clearblue intente venderme sus productos exclusivamente desde una perspectiva que no se corresponde con la situación dramática a la que se enfrentan muchas de sus clientas. Que también...

Lo peor es que soy consciente de que la publicidad segmentada que aplica YouTube me está considerando el público objetivo de este anuncio solo por el hecho de ser mujer. Obviamente, soy yo la que tendría que orinar sobre el palito de marras si sospechara que podría estar en estado. Sin embargo, no puedo evitar preguntarme por qué se me vende como un producto destinando exclusivamente al público femenino algo que trastoca la vida de dos personas del sexo opuesto.

Al menos, cada vez que interrumpe un programa de televisión, la empresa no puede controlar a quién le está llegando realmente el mensaje por mucho que la composición esté diseñada al milímetro para apelar a la mujer. Pero aquí...

Cierro la página y la vuelvo a abrir para no tener que tragármelo. Lo intento ahora con un vídeo en el que están bañando a un conejo muy mono en una bañera.

Pero, ¡un momento!, La mujer del anuncio anterior ya debe de haber parido y corre ahora con su bebé por casa jugando al escondite. No, no es que me haya equivocado de vídeo, es un spot de pañales.

No sabría decir cuándo empezó exactamente este bombardeo insoportable. Yo me di cuenta a los 27 años. Los anuncios de potitos, papillas y cualquier producto relacionado con la crianza empezaron a aparecer en mi pantalla de forma recurrente. No había vueltas atrás. Google me había metido en el saco de la población en edad reproductiva y estaba decidido a ejercer despiadadamente su parte de presión social.

Porque sí, se supone que internet es el medio en el que la publicidad consigue llegar de forma más precisa a un consumidor potencialmente interesado en sus productos. Al menos, sobre el papel, porque a mí cada día que pasa mostrándome culitos de bebé secos me demuestra conocerme menos.

Sobre todo porque creo que no soporto al 95% de la población infantil y llevo una vida sentimental menos estable que la de Taylor Swift. Solo mi teléfono móvil sabe el número de veces al mes que me descargo y me borro Tinder... Además, ¿no es prueba suficiente para YouTube de que no soy una adulta demasiado valida el hecho de saltar de canal de youtuber en canal de youtuber a altas horas de la madrugada?

Uno podría pensar que no es para tanto, que es el chaparrón que toca aguantar cuando tus amigos empiezan a casarse y a tener hijos. Sin embargo, cuando abro Facebook y me dispongo a sondear a los hombres de mi entorno para ver cómo se sienten ellos al respecto, descubro que efectivamente no saben de lo que les estoy hablando.

Joan, que tiene mi edad y esa noche se encuentra en mi misma situación, me dice que lo único que le ha salido a él son anuncios de coches y patatas con sabor picante.

En cierto modo, ya lo sospechaba, pero me sigue sorprendiendo confirmarlo. Los hombres de mi edad no se están sientiendo acosados por YouTube para tener hijos porque, tal y como uno de ellos me dice, no recuerdan haber tenido que enfrentarse nunca al “ anuncio de ningún producto estrictamente femenino”.

Porque eso es precisamente lo que la publicidad segmentada en internet está consiguiendo, perpetuar de forma más invisible que nunca la vieja idea de que la maternidad y la crianza de los hijos es cosa de mujeres.

Esa noche a Joan solo le han salido anuncios de coches y patatas fritas

Abro conversación ahora a algunas amigas que me encuentro conectadas. Necesito saber si ellas también se sienten tan agredidas como yo y tratar de entender por qué me molestan más aquellos anuncios relacionados con la maternidad que los de rímel y champú.

Laura, como yo, tiene 28 años. Está pensando mudarse con su novio y ambos tienen claro que no quieren ser padres. Cuando le cuento lo que me pasa siente cierto alivio por descubrir que no es la única a la que le molesta.

Piensa que esos anuncios aparentemente inocentes la están bombardeando todos los días con la idea de que tiene que ser madre. Aunque no solo los más obvios sino que también forman parte de ese mensaje los productos de belleza y limpieza que le aparecen a ella y no a su pareja.

Laura tiene la sensación de que, hasta los 25, la han estado acosando con anuncios que le han dicho que tiene que ser guapa y que ahora le están diciendo que, además de guapa, tiene que ser madre.

Opina, además, que nunca le parecerá bien el bombardeo publicitario de la maternidad mientras no haya también anuncios sobre paternidad dirigidos a hombres.

Aunque yo no tengo del todo claro si el problema es únicamente de la segmentación sexista o de que tengamos que aguantar que la industria nos presione indiscriminadamente con la idea de reproducirnos sea cual sea nuestro sexo, gustos e intereses.

Hablo ahora con Clara. Ella es un par de años menor que yo pero ya es madre de un bebé precioso, y muy buscado. A pesar de haber sido mamá y de usar diariamente los productos que YouTube le intenta meter con calzador, detesta especialmente ese tipo de anuncios. Siente que la publicidad segmentada la está reduciendo a un único rol cuando ella es muchas cosas más que madre.

La publicidad segmentada en internet está perpetuandode forma más invisible que nunca la idea de que la maternidad y el cuidado de los hijos es cosa de mujeres

De hecho, la segmentación es tan brutal que su bebé ni siquiera ha aprendido aún a decir "mamá" y "papá" en castellano y ya se ve obligada a tragarse anuncios de academias de inglés para niños. Ella la maternidad ya la tiene en casa así que confiesa que, en esos momentos de relax, preferiría ver un anuncio de champú que le prometiera dejarle buen olor en el pelo.

Berta es una de las personas más inteligentes que conozco. Tiene 32 años, pareja, trabajo estable y también es víctima de la segmentación.

Su novio no quiere tener hijos pero a ella no le importaría. Aunque tampoco es algo que quiera plantearse porque se lo digan los demás. Para ella, la publicidad es solo una rama más de la presión que ejerce el entorno sobre el tema de la maternidad y cree que le afecta más de lo que, en realidad, es consciente.

Al fin y al cabo, esa publicidad le está vendiendo mucho más que un producto. Le está vendiendo un rol.

Aunque Berta sí que piensa que, aunque a los hombres no les salgan anuncios de potitos, a ellos la presión también les está llegando de otra forma. Por ejemplo, en forma de coche con familias dentro y monovolúmenes.

Sé que ella ha leído a los grandes nombres de la literatura feminista y está versada en el tema así que le pregunto qué cree que podemos hacer al respecto. Porque algo habrá que hacer, ¿no?

"Nada. La publicidad no tiene valores, va a lo primario y la obligación de procrear es primaria. No podemos hacer nada más que reírnos y hacer humor al respecto".

Me despido pero me quedo pensando. Entonces cierro YouTube y tecleo en Google:

"descargar adblock".

Desde luego, mirar hacia otro lado (o no mirar directamente) no es que sea una solución propiamente dicha, pero no me hago responsable de mis actos como vuelva a aparecer en mi pantalla la carita del predictor riéndose de mí.

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