Historias

Si decides cuándo, cómo y con quién te diviertes, eres una flapper

Las Flappers comprendieron que toda diversión es política

Ponte algo más corto. Deshazte del pelo largo. No te olvides de la cocaína ni del carnet de conducir. Esta noche hay magreo…

Esta podría ser la rutina de una chica corriente este próximo viernes. Toda chica debe poder decidir cómo divertirse, y las pioneras en comprender esto recibieron un nombre hace cien años: flappers. Ellas supieron que la conquista de sus vidas comenzaba de fiesta.

1. Maquillarse para tomar el poder

Estamos en 1920 en Estados Unidos. El coche, el teléfono, el cine y el jazz han sustituido a las deprimentes noticias de la I Guerra Mundial. Gracias a la lucha de las sufragistas, las mujeres pueden votar por primera vez.

Decenas de chicas de la ciudad toman entonces una decisión: ponerse guapas y pasárselo bien como a ellas les apetezca. La prensa iba a conocer a estas jóvenes como flappers, una palabra que evoca el aleteo de un pájaro cuando comienza a volar.

La rebeldía de una flapper comienza por la cabeza. Ellas no dudan en decir adiós a las largas melenas, símbolo de la mujer "femenina y respetable". El pelo "a lo chico" es mucho más práctico por la noche y además favorece bastante.

La cara de una flapper es espejo de un alma rebelde. El maquillaje abundante está asociado a las clases bajas y a las prostitutas, con lo cual basta una primera acción para demostrar transgresión social: empolvarse la cara como si lo fueran a prohibir. Además, los polvos de talco palidecen el rostro, centrando así la atención en los labios, convenientemente pintados de rojo.

Por supuesto, hay que ponerse todas las joyas y adornos que una pueda. Y, sobre una faja que sustituye al incómodo corsé, no puede faltar un vestido fino, escotado y vaporoso que deje al descubierto las rodillas al bailar.

2. Nariz empolvada, bailoteo y magreo

Y ahora, a bailar. A bailar, beber, ponerse, ligar y a lo que surja, porque una flapper sabe divertirse. El lugar de ocio preferido por las flappers son los speakeasy, que no son otra cosa que los locales que venden alcohol clandestinamente durante la Ley Seca. Como mujer rebelde que es, la flapper girl lo es todo fuera de casa, en público.

Una flapper llega al club conduciendo su propio coche, y además a gran velocidad. Dentro de la fiesta, estas chicas no renuncian ni al tabaco ni al alcohol, hasta el momento tradicionalmente masculinos. Tampoco se empolvan la nariz solo con cosméticos: muchas de ellas consumen habitualmente cocaína.

Por supuesto, suena la música. Atrás quedan los aburridos bailes de salón. El charlestón, el shimmy o el bunny hug son los meneos favoritos del momento y todos van de mover caderas, brazos y piernas frenéticamente. Adiós a las mujeres estáticas.

Una flapper que se precie tampoco puede faltar a una fiesta de petting. Gracias a esta moda se empieza a denominar así al juego de abrazos, besos, magreo y exploración sexual que finaliza (justo) antes de llegar al coito.

Las chicas flapper frecuentan las petting parties porque se dan en cuenta que, en grupo y rodeadas de otras amigas, los límites están claros si alguien quiere sobrepasarse.

3. Precursoras del emoji

Las flappers tienen su propia jerga. Dos de ellas pueden hablar sin que una persona ajena a su mundo se entere de nada. Casi todo su vocabulario, por supuesto, hace alusión a sus fiestas y al modo en que etiquetan a ese actor secundario que es el hombre.

En su número de julio de 1922, la revista Flapper publica un diccionario de expresiones. Algunas son grandiosas. Divorciarse es "librarse del piloto". Una "cara-ensanchada" es una mujer que trata de aparentar ser más joven de lo que es. Cuando alguien le hace demasiadas preguntas a una chica, esta puede sentirse "edisoneada". La porra de la policía es un "cascanueces".

Llevar una "escayola de mostaza" es tener un pretendiente muy pesado. Un "Johnnie Walker" es un tío que no tiene dinero para pagar un taxi. La típica sujetavelas es denominada como "apagafuegos". Quien llega a tiempo a una cita, casi huyendo de su casa, puede ser considerada una "Houdini". El anillo de compromiso son "las esposas".

Si esto no eran pre-emojis, se parecían mucho.

4. Creativa y magnética, así nace una It Girl

Las flappers, finalmente, introducen un cambio radical en la moda, el arte y la cultura popular. La aristocracia pierde lo único que le quedaba y deja de ser modelo de imagen y conducta. Ahora el ritmo lo marcan las mujeres creativas y talentosas.

Olive Thomas es una de las musas flapper. En 1920 ha protagonizado la película The flapper. Su historia es triste: morirá con solo 25 años al beberse accidentalmente el cloruro de mercurio que usa como medicamento su sifilítico marido.

La popularización del término It Girl se lo debemos también a una flapper: Clara Bow. Todas las chicas quieren parecerse a ella: natural, enérgica y seductora. Su magnetismo queda para la historia en la película It (1927), donde demuestra que ella tiene eso.

La profunda mirada de ojos negros de Louise Brooks también lleva la huella flapper. Violada a los 9 años y bebedora desde los 14, Brooks acabará odiando Hollywood y asegurando haber tenido un lío de una noche con Greta Garbo.

También es flapper Zelda Sayre, escritora esquizofrénica y compañera de Francis Scott Fitzgerald  . Shigeru Miyamoto bautizará décadas después su videojuego The Legend Of Zelda con su nombre como homenaje.

Sí: la historia de las flappers se cuenta en presente. Nadie ni nada —ni siquiera el crack de la bolsa del 29 y su consecuente puritanismo— ha podido acabar nunca con ellas.

Están vivas en cada chica, en cada mujer, que decide cuándo, cómo y con quién se divierte.

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