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Historias

Cómo iniciar la conquista del mundo matando a 38 campesinos de Castellón

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El documental 'Experimento Stuka' explora un hecho histórico poco conocido: los nazis probaron su arma clave para la primera fase de la Segunda Guerra Mundial bombardeando en secreto cuatro pacíficos pueblos del Levante peninsular. Así fue el otro Guernica.

Ignacio Pato

08 Enero 2016 06:00

"Eso es que ha venido la guerra civil", pensaron muchos. "Están tirando sacos de trigo para ayudarnos", se figuraron otros.  

En mayo de 1938 la gran mayoría de los habitantes de cuatro pequeños pueblos de la comarca de El Maestrat castellonense no habían visto nunca un avión. Fue esa inocencia la que les hizo salir curiosos de sus casas a ver cómo aquellos pájaros de acero descargaban bombas de 500 kilos sobre sus cabezas. Murieron 38 personas durante tres días que la historia oficial ha ocultado durante décadas.

Pero, ¿por qué una zona alejada del frente de guerra fue bombardeada así?



1. LA PISTA ESTABA A LA VISTA

El documental Experimento Stuka, en fase de producción, está reviviendo esta historia y respondiendo a todos los interrogantes. Para empezar, la salida a la luz pública de este episodio. "Lo descubrió Óscar Vives, profesor de física teórica en la Universidad de Valencia. Ha trabajado incluso en el CERN suizo, pero se da la circunstancia de que es de Benassal, y que leyendo La Guerra Civil española del historiador Anthony Beevor, vio allí aparecer el nombre de su pueblo", nos dice Rafa Molés, uno de los directores del documental.

Siguiendo las anotaciones de Beevor, Vives viajó a Friburgo a buscar esos documentos en el archivo militar de la ciudad alemana. "Abrió una carpeta y vio un informe con 66 fotos donde se documentan concienzudamente los bombardeos de su pueblo y de tres localidades más", explica Molés.

Los otros tres pueblos, además de Benassal, eran Ares, Vilar de Canes y Albocàsser, todos en El Maestrat castellonense, no lejos de Teruel y Tarragona. Entre todos no sumaban más de 1.500 habitantes viviendo en relativa paz en zona republicana. El frente de la Guerra Civil estaba lejos de allí, afortunadamente.

Los habitantes de aquellas poblaciones nunca entendieron por qué pasó lo que pasó aquellos días. Ahora, 75 años más tarde, saben que fueron víctimas de un experimento militar nazi



2. BOMBAS DE TRIGO

Molés y su equipo han entrevistado a una veintena de supervivientes de aquellos pueblos, testigos directos de los bombardeos, y todos coinciden en algo: cuando escucharon aviones en el cielo, muchos vecinos salieron de sus casas a verlos.

"Es más, casi todos vieron caer las bombas. Eran bombas de dos metros que pesaban 500 kilos", relata Molés. "Una señora nos ha contado que ella, mientras la veía caer, pensaba que era una bala de paja. Otro hombre pensaba que podría ser un hombre que se había caído del avión".

Otros pensaban que podían ser sacos de trigo. Muchos pensaban que podían estar lanzándoles comida para ayudarles. Aquellos trabajadores del campo no podían imaginar que durante tres mañanas de mayo de 1938 iban a ser bombardeados por la Alemania nazi.

Bombardeados realizados en secreto. Ni siquiera Franco lo sabía.



3. A POLONIA POR EL MAESTRAT

Aquella primavera se había producido un hecho determinante en la guerra civil: el ejército franquista había llegado hasta la desembocadura del Ebro para dividir la parte republicana en dos, aislando a Catalunya. Franco estaba a punto de ganar la sangrienta guerra que provocó su golpe de estado.

El territorio franquista incluía ahora La Sénia, una pequeña localidad tarraconense cuyo aeródromo militar pasó a ser base de operaciones de la Legión Cóndor, la fuerza militar nazi que ayudaba a los golpistas.

A La Sénia llegaron tres aviones Junker 87A, conocidos como Stuka. A espaldas del mando franquista -que había ordenado el fin de los bombardeos sobre civiles para evitar otro Gernika que le generase antipatías internacionales-, los Stuka bombardearon aquellos pueblos castellonenses durante tres mañanas.

"Eligieron esas localidades porque eran las primeras tras la línea republicana, estaban cerca de La Sénia y no tenían defensa antiaérea alguna. Salían por la mañana y les daba tiempo a volver a la base para almorzar", expone Molés.

38 muertos y varios días después, oficiales nazis acudieron a la zona y se fotografiaron en los cráteres para calibrar el alcance de las bombas. Hitler quería saber si los Stuka podían soportar el peso de bombas de 500 kilos, más pesadas que las habituales. El III Reich acababa de probar con éxito su arma clave para la ofensiva mundial que Hitler estaba preparando y que daría lugar a la Segunda Guerra Mundial.



4. STUKAS, LOS DRONES NAZIS

El Stuka caía en picado sobre un objetivo concreto, lanzaba una única bomba y lo destruía con una precisión nunca vista hasta entonces. Alemania decidió fabricarlo en masa y posteriormente usarlo para su invasión de Polonia.

Molés lo conecta directamente con los drones militares. "Los Stuka eran los drones de entonces. Como en las guerras de hoy, los pilotos tampoco sabían dónde tiraban las bombas. Al ejecutor le decían ‘en esa flecha’ y allí caía la bomba".

"De hecho, algunos pilotos perdían el conocimiento cuando el stuka picaba hacia el suelo y los aviones tenían un mecanismo para levantar el vuelo al arrojar la bomba. Ese no mirar a la víctima está vivo hoy en lugares como Siria, en los drones", concluye Molés.

Cuanto menos se sepa sobre la víctima, mejor. Al fin y al cabo, matar a una persona no es fácil. Cuando no tiraban bombas, los pilotos alemanes vivían una especie de vacaciones pagadas en el Mediterráneo, frecuentaban la playa de Peñíscola, hacían fiestas de disfraces y devoraban cerveza Beck's traída desde su país.



5. AHORA ME ENTENDÉIS

Para las víctimas ha habido décadas de silencio. Cuatro pueblos pequeños del interior donde los habitantes asumieron que ‘en la guerra pasan estas cosas’. Donde nadie habló nunca de ello. Donde nadie pensó que aquello pudiera haber sido otro Guernika.

Pero que nadie se equivoque. Experimento Stuka no trata sobre el pasado. Remueve vidas golpeadas. La semana que viene rodarán la historia de un hombre de Barcelona que en aquel momento era el mediano de tres hermanos. Como Barcelona iba a caer en manos franquistas, su familia lo mandó a Benassal porque era zona segura.

"Este niño siempre pensó que sus padres no lo querían porque lo mandaron a un sitio que para él fue el infierno. Nadie se explicaba por qué se ha pasado la vida diciendo que su familia le había enviado a que le mataran", explica Molés.

Hace unos días su sobrina llamó al equipo del documental y contó que ahora este hombre, llorando a sus 91 años, decía: "Ahora me entendéis".


Ahora me entendéis


***

Si desconocías el experimento Stuka, quizá te interese leer la escalofriante entrevista en la que el periodista Carlos Hernández de Miguel nos contó que la orden de enviar a 9.328 españoles a los campos de concentración nazis fue del dictador Franco. Puedes hacerlo aquí.

 

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