Historias

Ensambló iPhones durante años y, antes de suicidarse, escribió estos poemas

Esta es la historia de Xu Lizhi, un joven de 24 años que se ha convertido en símbolo de la nueva generación precaria en China

“Un tornillo cayó al suelo/ en su negra noche de horas extra./ Cayó vertical y tintineante/ pero no atrajo la atención de nadie,/ igual que aquella última vez/ en una noche como ésta/ en la que alguien se lanzó al vacío”. 

Este es uno de los poemas que Xu Lizhi, de 24 años, escribió antes de lanzarse al vacío desde la ventana de su dormitorio el pasado 30 de septiembre. Con tan sólo 20 años, Lizhi salió de su pueblo, en la provincia sureña de Cantón, para hacer lo mismo que millones de sus compatriotas: probar suerte en alguna de las ciudades industriales más pujantes de China.

En 2011 llegó a Shenzen, donde se encuentra la fábrica de la famosa multinacional Foxconn. Esta empresa taiwanesa, una especie de "El Dorado" para miles de ciudadanos pobres de China, se encarga de ensamblar los productos tecnológicos de más éxito en el mundo, como el Iphone o las consolas Xbox, Playstation y Wii. Es la compañía con más trabajadores del país, unos 800.000, que manufacturan los dispositivos de Apple, HP, Dell, Motorolla, Nintendo, Nokia y Sony.

Lizhi formaba parte de la nueva generación de obreros explotados de China: jóvenes que han recibido una educación y han crecido en condiciones menos duras que sus padres y abuelos. Para ellos, que viven el ascenso de su país a los primeros puestos de la economía mundial, la línea de montaje resulta incluso más dura y alienante. Quizá porque tuvieron oportunidad de imaginar una vida mejor. “Soy como un muerto que abre lentamente la tapa del ataúd/ la juventud se detuvo en las máquinas /murió antes de tiempo”, escribió Lizhi tras una jornada de trabajo.

Fueron los amigos de Lizhi quienes recopilaron sus textos, los tradujeron al inglés y los publicaron en internet como quien lanza cenizas al viento

Un año antes de que Xu Lizhi llegara a Shenzen, en 2010, medios de comunicación de todo el mundo informaron sobre la ola de suicidios de empleados de Foxconn. La empresa reaccionó contratando servicios psicológicos para sus empleados, mejorando levemente las condiciones e instalando rejas en las ventanas. Aquellas muertes supusieron el desvelo ante la realidad laboral de China, conocida como “la fábrica del mundo”, y una de las primeras grandes polémicas sobre la responsabilidad corporativa de las empresas occidentales que deslocalizan su producción para ahorrar costes.

En la historia de Lizhi, sin embargo, hay más que explotación laboral. Su generación es la pieza que faltaba para encajar el rompecabezas del “comunismo de mercado” que practica el gigante asiático. Estos jóvenes no solamente son mano de obra barata para la industria tecnológica, también son su target. Se cierra así el círculo vicioso del consumismo vinculado a la precariedad laboral: hay que dejarse la piel para poseer los objetos que tienen todos, los que aseguran la felicidad de no quedarse atrás. Iphonechina (2014), un documental de Christian von Borries, abunda de forma descarnada en esta cuestión. 

Lizhi intentó dejar el trabajo. Preguntó en todas las bibliotecas y librerías de Shenzen. También trató de salir de la cadena de montaje: quiso ser supervisor, incluso gestionar la librería y la publicación interna de Foxconn, en la que había conseguido publicar alguno de sus versos. A principios de año se decidió a abandonar la fábrica y reunirse con su novia, con la que se escribía, en una ciudad del este. Pero tras varias conversaciones, la relación se rompió.

Un día antes de saltar al vacío, Lizhi se había reincorporado a su puesto. Durante la noche, escribió un poema titulado “En mi lecho de muerte”: "Quiero tocar el cielo, sentir ese azul tan ligero/ pero no puedo hacerlo, así que dejaré este mundo./ Todos los que han oído de mí/ no se sorprenderán de mi marcha". 

Fueron los amigos y compañeros de Lizhi quienes recopilaron sus textos, los tradujeron al inglés y los publicaron en internet como quien lanza cenizas al viento. Para muchos migrantes y obreros jóvenes, las palabras de Lizhi se han convertido en un símbolo: fue él quien devolvió la voz a una generación silenciosa y mecanizada, sepultada por las cifras y los informes de las ONG's. El suyo fue el grito de todos.

Xu Lizhi es la voz de una nueva generación de trabajadores chinos: jóvenes que, además de ser mano de obra barata, son el target de los propios productos en los que se dejan la vida.

[Vía La Tortuga]

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