Historias

Descubre el pequeño pueblo japonés en el que está enterrado Jesucristo (va en serio)

Hay un lugar en Japón que guarda una tumba y unos documentos que pretenden probar que Jesús murió a la edad de 106 años, posiblemente la falsificación más loca de la historia

Si la figura de Jesucristo es real, si pertenece a un personaje histórico y no a un mito, entonces ese hombre que se hizo llamar Jesús y que predicó en las tierras cercanas al mar de Galilea y en Jerusalén a principios del siglo I de nuestra era, durante el mandato del emperador Tiberio, parece seguro que en algún momento de su vida visitó Asia. Los Evangelios no explican toda la vida de Jesús: desde el momento en que parte de su casa en Nazareth hasta que reaparece a orillas del río Jordán para dejarse ungir por Juan el Bautista, hay años de silencio en los que se le pierde la pista. ¿Dónde estuvo Jesús? Diversos estudios serios apuntan que sus enseñanzas tomaban elementos de diferentes culturas y religiones, y que es más que probable que el Jesús histórico, el profeta, hubiera vivido un tiempo en la India. Pero esto es lo más lejos a lo que se atreve a sugerir la arqueología que llegó el Jesús histórico.

Para la pseudociencia, en cambio, sus pasos le llevaron a tierras aún más lejanas. A Japón, exactamente. Porque resulta que en Japón existe una tumba de Jesucristo que se puede visitar como reclamo turístico de la pequeña localidad de Shingo, en la prefectura de Aomori, y que parte de un curioso engaño recogido en uno de los capítulos más extraños del gran libro de la conspiranoia y la pseudohistoria: los documentos de Takenouchi, un texto apócrifo que afirma que Jesús no fue crucificado en Jerusalén, sino su hermano pequeño, llamado Isuriki (la pregunta sería: ¿qué hacían los romanos sentenciando a muerte a un japonés con nombre de personaje de Doraemon?). Los documentos de Takenouchi explican que el verdadero Jesús escapó de la cárcel gracias a una llave facilitada por su madre, María, y que nadie notó la fuga porque Isuriki aceptó estar en su lugar y elegir la muerte. Jesús huyó a Japón, donde vivió larga vida -hasta el año 106 de nuestra era- y tuvo tres hijos que, probablemente, ahora sean directivos en Sony. Y esa tumba existe y se puede visitar.

Esto no hay quien se lo crea, pero los documentos de Takenouchi son verdaderos, como el Libro de Urantia -objetos reales que sólo contienen mentiras-. Fueron escritos en una fecha imprecisa y descubiertos en 1936; el original se destruyó durante la Segunda Guerra Mundial. Lo que ha sobrevivido es una segunda versión apócrifa redactada por Wado Kosaka, un ‘cosmoarqueólogo’ al estilo Iker Jiménez que reescribió los Documentos de Takenouchi para atestiguar que la tumba de Jesús en Shingo es auténtica. Lo más gracioso del tema es que al lado de la tumba, hay otra más pequeña en la que se dice que está enterrada una de las orejas de Isukiri, lo que convierte este lugar en el más divertido y absurdo de todos los centros de peregrinaje para los perseguidores de reliquias.

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