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Historias

¡Alerta! Estos compañeros de piso de mierda quieren compartir en tu zona

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Por mucho que las anécdotas resultantes parezcan divertidas, compartir piso es un drama. El libro 'El compañero de piso de mierda' nos lo recuerda

María Yuste

02 Marzo 2016 11:23

"Cuando algo le perturba, nuestro Compañero de piso de Mierda no se comunica con palabras: se limita a dejar en la mesa de la cocina el paquete de galletas atravesado por todos los cuchillos de la casa".

*

"Después de que mi amiga Lorena y yo pasáramos horas charlando en su habitación compartida, su Compañera de piso de Mierda sale de repente del armario, donde se había metido a reflexionar".

*

"Mi Compañero de piso de Mierda no encuentra vasos. Primero se bebe un chupito en la huevera, luego coge el azucarero, vacía todo el azúcar en un plato y lo usa a modo de copa".

 

Hay un Compañero de piso de Mierda por cada piso compartido


Las historias de compañeros de piso de mierda nunca vienen solas. Son como esa expresión de la lengua española que dice que si le das una patada a una piedra, salen veinte. O, si preferís una metáfora inspirada en la base de la alimentación de este tipo de inquilinos, son como las patatas Pringles que, cuando haces “pop”, ya no hay stop.

Las historias de compañeros de piso de mierda llaman a otras historias de compañeros de piso de mierda porque existe una ley fundamental que regula toda relación de convivencia entre extraños bajo un mismo techo:

1. HAY UN COMPAÑERO DE MIERDA POR CADA CASA COMPARTIDA

No puede existir una vivienda de este tipo sin él o ella. La regla es tan inamovible como las leyes de la física.

El Compañero de Mierda (de ahora en adelante CDM) no puede ser eliminado ni destruido, como mucho, sustituido. Además, su presencia es como un virus que se esparce por toda la casa, infectando y aumentando los niveles de "mierdosidad" del resto.




El CDM ha preparado sangría


Pero aún hay otro dato más perturbador dispuesto a estropearte el día:

Si eres de los que, en alguna ocasión, ha pronunciado algo parecido a: “Yo he tenido suerte, en mi casa no hay ningún CDM” es muy probable que sea porque eres tú mismo. Lamentamos que tengas que enterarte de esta forma pero el CDM tiene menos consciencia de sí mismo que un gato peleándose con su propio reflejo un espejo.

¿O acaso crees que provocarían este tipo de situaciones si lo supieran?


Si no detectas ningún CDM en tu piso, entonces es que eres tú



*

?"En mi ausencia, la CDM enciende una vela cerca de la pared, se le olvida y se va a dormir. Al volver a casa, unas horas después, descubro que la llama ha dejado una mancha negra de dos metros de altura. En vez de dar una capa de pintura a la pared, la CDM dibuja sobre la mancha de hollín unos muñequitos bailones".?

*

"Recién llegada a mi nueva casa conozco a mis dos compañeras. Son muy agradables y simpáticas, pero cuando les pregunto cómo suelen organizarse para la limpieza, me responden: 'No te preocupes, el baño no lo limpiamos nunca porque qué más da, ¡somos todo chicas!'

*

?"Ayer volví a casa y encontré a mi CDM completamente colocado y en cueros, sentado en su cama. Cuando le pregunté qué estaba haciendo, me respondió: “Sal del baño, estoy intentando cagar" .





El CDM descongela pollo

Justamente, este mes, Errata Naturae publica El compañero de piso de mierda. Una guía de supervivencia para ayudar a todas esas víctimas que tienen (o tendrán) que lidiar con erasmus borrachos y gente que parece normal hasta que los ves metiendo un plato de plástico en el horno.

Porque en la supervivencia es muy importante conocer tanto el entorno como al oponente, el libro está escrito de forma colectiva y desde la experiencia. Todo gracias a Il coinquilino di merda, una página italiana de Facebook que, desde hace años, recopila testimonios anónimos de compañeros de piso desesperados.

Una página creada para concienciar de este drama silenciado.




La cena de la CDM

Vale, sabemos que te estás desorinando pero la cosa es seria. Según los últimos datos del Consejo de la Juventud de España, el 84% de los menores de 30 emancipados compartimos piso, ya sea con parejas o con otros compañeros. Debido a nuestra situación precaria, no nos queda otra y, ni los pisos que podemos permitirnos tienen nada que ver con el decorado de Friends, ni la gente que vive en ellos se parece a Jennifer Aniston y Matthew Perry.

El 84% de los menores de 30 emancipados comparte piso en España

Más bien estamos hablando de los PXXR GVNG y un piso viejo, en el que hay ya tanta mierda acumulada que, por mucho que limpies, no se va. La única solución posible sería quemarlo y construirlo de nuevo así que, tarde o temprano, te adaptas y aprendes a convivir con la suciedad.

La parte buena es que tu sistema inmune saldrá reforzado de la experiencia. O eso me dijo una vez un estudiante de medicina con el que compartí una casa de baldosas moteadas que, originariamente, eran blancas...


Las zapatillas del CDM tras un diluvio


2. ¡AYUDA! ¿CÓMO PUEDO SABER SI ESTOY INFECTADO?

¿Invitas a tus compañeros de piso a cenar con su propia comida?

¿Llevas un año usando la misma toalla que huele a zoológico?

¿Haces fotos de la nevera para cerciorarte que nadie toca tus cosas?

¿Prefieres pegar notitas pasivoagresivas en el frigorífico o comunicarte por redes sociales a hablar?

El CDM te invita a comer con tu propia comida

¿Recuerdas a tus compañeros que te deben la friolera de 10 céntimos de la última compra común?

¿Limpias el váter con el estropajo de los platos?

¿Le pones tu nombre a los rollos de papel higiénico?

Si has contestado que sí a alguna de estas preguntas es muy probable que seas algún tipo de CDM.



"¿Nunca has bebido birra en la ducha?", pregunta asombrado el CDM.

Según el libro, se han llegado a tipificar más de 10 perfiles diferentes de CDM. Estos son algunos de los más comunes:

1) El porrero, yonkarra, borrachuzo: Ideal para quienes no tengan una buena vida social y quieran conocer a todo tipo de personas —incluyendo vagabundos y prostitutas— los días de semana a las cuatro de la mañana.

2) La tiquismiquis: Perfecta para pisos en los que no se limpia porque ella lo hace tanto que se enfadará contigo incluso si limpias más de lo que estipula tu turno. También lavará los platos con agua caliente mientras te duchas.

La CDM guarrilla viene con un compañero extra: sus extensiones

3) La guarrilla: Habla mal de ti sin darse cuenta de que estás en casa y tienes que lidiar con su extensiones del pelo secándose en los radiadores de toda la casa.

4) El niño de mamá: Tuppers de comida cocinada por su madre para todos. Eso sí, hay que mantenerlo lejos de los fogones (razón abajo).



5) El friki: Tiene un ordenador de escritorio para jugar a videojuegos y un portátil descargando películas y series todo el día, mientras que a los demás os va la línea a pedales.

6 ) El desequilibrado: Nadie sabe qué hace, si estudia o trabaja. Nadie sabe cómo paga el alquiler o la comida. Además, parece que planea matarte.

7) El viejoven: De edad incierta pero con calvicie incipiente. Guarda en la agenda telefónica números de familiares y amigos con nombres femeninos para fingir que liga mucho.


PASTA, INGENIO Y PAPEL HIGIÉNICO


Ya seas tú, o sean los demás, hay tres elementos que son clave para sobrevivir en todo piso compartido.

El primero, ya sabemos, es ese alimento de gran aporte calórico y pocos nutrientes que nos salva de morir de inanición. Porque, si de bebés dependíamos de la leche materna para crecer, cuando nos destetamos lo hacemos de la pasta.

Sin embargo, para el CDM, hasta poner un cazo de agua a hervir y esperar a que el espagueti se ablande es una odisea.



Si nunca antes has compartido, tal vez pienses que la limpieza suele ser la mayor fuente de disputas con los CDMS, pero te equivocas. El tema verdaderamente peliagudo es siempre el papel higiénico. Ese objeto íntimo que, quieras o no, te ves obligado a compartir y a correr juntos con los gastos.

Principalmente, os pelearéis porque el CDM lo usa para lo que no debe.



Y luego nunca lo repone.



Pero, no te enfades con él por haberte dejado sin papel solo para evitarse limpiar los fogones. El ingenio y, sobre todo el humor, son esenciales a la hora de no volverse loco cuando se vive en la inmundicia.





Al fin y al cabo, es de la misma mugre de donde nace la vida.




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